¿Cuáles son las creencias limitadoras del coaching personal?

Transforma Tus Creencias: Clave del Bienestar

24/09/2020

Valoración: 4.71 (7833 votos)

Nuestras creencias son el filtro a través del cual percibimos el mundo. Son la lente que colorea cada experiencia, cada recuerdo, cada expectativa. Influyen en nuestra percepción, modifican nuestra memoria, pueden destruir nuestra esperanza, afectan directamente nuestra energía y alteran nuestros estados de ánimo. Están íntimamente relacionadas con nuestro comportamiento, tanto con nosotros mismos como con los demás. De forma muy simple, una creencia es lo que consideramos verdad para nosotros. Y esa verdad personal nos hace observar la vida desde ese prisma, con esas gafas, lo que nos lleva a percibir o a descartar aquello que no está de acuerdo con nuestra propia verdad. Las creencias actúan como un potente filtro, dejando pasar solo lo que está en consonancia con lo que pensamos.

¿Cuáles son las creencias limitadoras del coaching personal?
En el caso del coaching personal, hablamos de creencias limitadoras, dado que impiden nuestro crecimiento y desarrollo en ciertos ámbitos. Las relacionadas con lo negativo, por ejemplo, “no vale la pena realizar el esfuerzo”. Las que tienes que ver con nuestra capacidad “no puedo” .

A menudo, las creencias nos hacen olvidar lo que no nos interesa o lo que desafía nuestra visión establecida. Las creencias nos limitan profundamente cuando pensamos que no somos capaces de algo, desmotivándonos a la hora de ponernos en marcha. Incluso pueden condicionar nuestra salud, afectando directamente nuestro sistema inmunológico y nuestra capacidad de recuperación. Comprender cómo operan es el primer paso para retomar el control de nuestra narrativa interna y, por ende, de nuestra vida.

Índice de Contenido

Identificando Tus Creencias Limitantes

Una de las formas más efectivas de darnos cuenta de qué creencias tenemos es intentar escuchar nuestros pensamientos, ese constante diálogo interno. ¿Cómo nos hablamos a nosotros mismos? ¿Qué nos estamos diciendo? Frecuentemente, nos encontraremos diciéndonos cosas como “eres tonto/a, ¿cómo has podido hacer eso?”, “no debería haber dicho eso…”, “todos mis compañeros son unos inútiles y no se dan cuenta de lo que valgo…”, “no aguanto más… tendría que marcharme”. Estos pensamientos tienen algo en común: se basan en creencias acerca de nosotros mismos y de los demás por las que creemos que no somos lo suficientemente buenos o que no podemos hacer nada para cambiar nuestra situación. En suma, son creencias limitadoras que nos hacen sentir en inferioridad de condiciones frente a las demandas de nuestro entorno.

Lo crucial es tomar nota de las creencias que subyacen a nuestras actitudes y comportamientos. Además de escuchar el diálogo interno, puedes imaginar tus sueños y luego escuchar esa vocecita interna que te dice que no lo vas a conseguir. Si te explicas a ti mismo por qué no lo vas a lograr, te darás cuenta de las creencias limitadoras que se ocultan bajo la superficie. Estas son las que te impiden avanzar y alcanzar tu máximo potencial.

¿Por Qué Nos Aferramos a Ellas? Las Ventajas Ocultas

Paradójicamente, las creencias limitadoras ofrecen ciertas “ventajas” que explican por qué las mantenemos a lo largo del tiempo. Son mecanismos de defensa o de comodidad que, aunque nos restan poder, nos ofrecen una falsa sensación de seguridad:

  • Ventajas para el Ego: Si confirmamos nuestra creencia (porque solo percibimos lo que está de acuerdo con lo que ya creemos), nos reforzamos en lo que pensamos y esto nos hace sentirnos valiosos, incluso si la creencia es irracional. Por ejemplo, ante una dificultad, alguien podría pensar: “Soy un hombre fuerte, puedo manejar la situación”, mientras la creencia subyacente es que “los hombres fuertes no pueden llorar”. El ego se protege al mantener esa imagen.
  • Sensación de Seguridad: Mantener nuestras creencias nos da un falso sentido de seguridad. A menudo, operamos bajo el principio de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. El cambio, incluso para mejor, implica incertidumbre, y el cerebro prefiere la predictibilidad.
  • Menos Responsabilidad, Menos Trabajo: Si crees que eres tímido, es más fácil seguir con ese comportamiento que intentar cambiarlo. Te convences diciéndote “yo soy así”. Esto evita el esfuerzo y la incomodidad que implica el proceso de transformación y el riesgo de fracaso.
  • Predicciones Certeras (Profecías Autocumplidas): Normalmente, filtramos nuestra realidad en función de nuestras creencias y experiencias pasadas. Esto nos lleva a actuar de determinada manera, lo que a su vez refuerza nuestras creencias iniciales. Distorsionamos la evidencia para que encaje con nuestra realidad preestablecida, creando un ciclo vicioso.

En el fondo, todas las creencias limitadoras tienen que ver con el concepto que tenemos de nosotros mismos y se resumen en dos componentes importantes:

  1. No soy lo suficientemente bueno.
  2. No puedo: soy víctima de mis características personales o de las circunstancias.

El Impacto Profundo de la Limitación

Esta sensación de incapacidad, de impotencia, de falta de recursos conduce indudablemente al miedo y a la inseguridad. Nos llevan también a culpar a los demás, pero al hacerlo, también les estamos cediendo nuestro poder. Al ceder el poder, tenemos la sensación de falta de control sobre nuestra propia vida. Pero en realidad, lo que son es el camino más fácil. Si no nos creemos capaces, no tenemos que elegir un camino diferente, no tenemos que arriesgarnos a buscar soluciones, no tenemos que ver qué de nosotros necesita ser cambiado.

Las crisis, las sensaciones de malestar y los problemas son en sí mismos regalos, oportunidades para que nos demos cuenta de que tenemos que cambiar algo de nosotros mismos y nuestra relación con los demás para ser más felices. Si interpretamos nuestras dificultades como oportunidades para encontrar otras vías, si cuando tenemos un problema nos ponemos a buscar soluciones, tendremos una sensación de poder y agencia. Mientras que si nos damos por derrotados antes de ponernos en marcha, tendremos una sensación de víctimas de nuestras circunstancias y entraremos en el miedo de no tener lo necesario para afrontar nuestra vida.

Categorizando las Creencias Limitantes

Las creencias se van haciendo un lugar dentro de ti a medida que creces. Tu familia, amigos y la sociedad en su conjunto se encargan de alimentarlas, y se ocupan de verlas crecer y afianzarse en tu persona. Luego, con el tiempo, te toca descubrir cuáles te resultan limitantes y cuáles potenciadoras. En el proceso de life coaching, se trabaja en profundidad las creencias porque aquello que crees define cada una de tus conductas, emociones y pensamientos. Y para crear creencias potenciadoras, hay que aprender a hacer el mismo camino, pero a la inversa: analizar los pensamientos, entender cómo intervienen en las emociones, y por último, reconocerlas en las conductas para poder modificarlas.

Existen 3 grupos principales de creencias limitantes, que nos ayudan a entender su raíz:

Grupo de CreenciaDescripciónEjemplo Típico
DesesperanzaLo que se desea no es alcanzable, sin importar nuestras capacidades.“Es esto inalcanzable para mí.”
ImpotenciaLo que se desea es alcanzable, pero no somos capaces de lograrlo.“Me encantaría hacerlo, pero no tengo la capacidad.”
Ausencia de MéritoNo merecemos lo que deseamos debido a algo que somos o hemos (o no hemos) hecho.“No me merezco que me pase nada bueno.”

Ordenar las creencias limitantes según el grupo al que corresponden puede ayudarnos en su transformación porque nos da una pista de su raíz y nos permite abordarlas de manera más estratégica.

Ejemplos Comunes de Creencias Limitantes

Más allá de los grupos, existen creencias muy extendidas en diferentes áreas de nuestra vida:

  • Generales: “No sirvo para…”, “Es imposible para mí…”, “No me corresponde…”, “No puedo…”, “No debo…”, “Soy incapaz…”, “No me lo merezco…”. Esta última, “No me lo merezco”, puede ser una creencia núcleo que alimenta muchas otras.
  • Dinero: “Si no te esfuerzas vas a ser pobre”, “Pobre pero honrado”, “Sin sacrificio no hay plata”, “Si tiene plata, ¡algo habrá hecho!”, “Los ricos son malos”, “El dinero es sucio”, “El dinero trae problemas”, “Ser rico es pecado”, “El dinero arruina a las personas”.
  • Vínculos/Relaciones: “Si me quiere, es porque algo me quiere sacar”, “Nadie me va a querer”, “Los amigos son por interés”, “El amor es para sufrir”, “Mejor estar solo/a…”, “Estar enamorado/a es estar enfermo/a”, “Nunca voy a conseguir pareja”, “Nunca voy a poder formar una familia”, “Las relaciones traen problemas”.
  • Propósito/Sentido de Vida: “La vida no tiene sentido”, “Si no estuviera a nadie le importaría”, “La vida es mucho para mí”, “La vida no me merece”, “No soy suficiente para esta vida”, “No sirvo para esta vida”, “No encajo en esta vida”, “Voy a contramano de la vida”, “La vida no me necesita”.

El Ciclo del Pensamiento y su Transformación

Los pensamientos son energía, y en general no tenemos registro de todo lo que pensamos, lo cual es muy sano porque de otro modo enloqueceríamos. Sin embargo, esto no quita que podemos ir transformando los pensamientos negativos a medida que lo necesitemos. Un pensamiento es la punta de un ciclo que se repite. Y se repite porque se aprendió en algún momento. Además, como se hizo hábito, el cuerpo ya está acostumbrado y suele, por esta razón, buscar estar en estados emocionales que sabe manejar, por más que no sean gratos.

Por ejemplo: si tu pensamiento negativo es “soy un fracaso”, tu cuerpo se alimenta de este pensamiento que genera cierta emoción (frustración, tristeza) y que te hace actuar de determinada manera (evitar desafíos, rendirte fácilmente). Entonces, tu identidad comienza a establecerse como “un fracaso”. Es obvio que no te gusta, aunque es claro que se repite porque es lo que sabes manejar. La buena noticia es que esta dinámica puede romperse.

Cómo Transformar una Creencia Limitante en Potenciadora: Un Camino de 12 Desafíos

La verdad de nuestra creencia se funda en nuestro mundo interno, más allá de lo que nos esté mostrando el exterior. Por lo tanto, el trabajo es sí o sí de adentro hacia afuera. La mejor parte de este trabajo es que se puede lograr. Si quieres, puedes transformar tus creencias limitantes en potenciadoras. Eso sí, no es magia, ni sucede de la noche a la mañana. Implica que pongas manos a la acción, decisión, perseverancia y muchas pero muchas ganas de experimentar cosas nuevas, porque hacerle espacio a una creencia potenciadora no es más que hacerle espacio a un hábito nuevo.

Un hábito nuevo implica crear nuevos pensamientos, que van a evocar nuevas emociones y, por ende, van a provocar conductas diferentes hasta crear nuevos hábitos. Todo esto implica poner en marcha una mentalidad de crecimiento y amabilidad para contigo mismo/a, porque cuanto más amoroso sea el contexto de ese nuevo conocimiento, más significativo va a ser ese aprendizaje.

A continuación, te presentamos un camino práctico de 12 desafíos para iniciar tu transformación:

Desafío 1: ¿Chequeamos los pensamientos?

El primer desafío consiste en que puedas listar tus pensamientos (ideas o juicios) negativos. Estos son esos susurros internos que te dicen “no puedo…”, “a nadie le importo…”, “la vida no tiene sentido…”. Escríbelos sin juzgarte, simplemente obsérvalos. Reconocerlos es el primer y crucial paso para tomar conciencia de su existencia y poder empezar a trabajar con ellos. Sé honesto contigo mismo en este ejercicio.

Desafío 2: ¿Cuál es el ciclo?

Una vez que tienes tu lista de pensamientos negativos, el desafío de hoy consiste en que puedas jerarquizarlos, del más poderoso al menos poderoso. Luego, ubícalos en una situación específica. Por ejemplo: “Cada vez que tengo que hablar con mi jefe aparecen estos pensamientos: ‘no me escucha’, ‘piensa que soy una inútil’, etc.” Esto te ayudará a ver en qué contextos específicos tus creencias limitantes se activan y cómo afectan tus interacciones.

Desafío 3: ¿Cuándo lo aprendiste?

Ayer trabajaste sobre tus pensamientos negativos y te tocó ubicarlos en una situación en particular. El desafío de hoy consiste en que puedas rastrear en tu historia cuándo fue que aprendiste ese pensamiento, en qué momento empezaste a creer que era cierto. Puede ser una frase de un familiar, una experiencia de la infancia, un fracaso significativo. Tómate el tiempo que sea necesario para encontrar ese momento, ya que comprender el origen puede despojar a la creencia de parte de su poder.

Desafío 4: ¿Tiene estas palabras?

El desafío de hoy consiste en que analices tu pensamiento negativo desde su estructura. Vamos a comenzar por las palabras que lo conforman. Chequea si tiene: negación (NO), generalización (todos, siempre, nunca), omisiones (así, esto) y preposiciones como “PERO”. Marca estas palabras, porque sobre ellas trabajaremos en los próximos desafíos. Estas palabras son como anclas que refuerzan la limitación.

¿Cómo superar tus creencias limitantes?
Empezar a reconocerlas es un gran paso para transformarlas y que dejen de ser una limitación. En la próxima sección te voy a compartir 3 prácticas concretas para que puedas empezar a superar tus creencias limitantes. “Nuestras creencias sobre lo que somos y lo que podemos ser, pueden determinar, precisamente, lo que podemos ser“-Anthony Robbins

Desafío 5: ¡Transformamos los “no”!

El desafío de hoy consiste en que puedas transformar el “NO” en una posibilidad. Para esto, debes pensar la creencia limitante en afirmativo. Por ejemplo: “No puedo comer de más” la vamos a transformar a “Como lo que me hace bien”. El trabajo sobre el modo en el que se emplea la palabra “no” es clave en la construcción de creencias, porque el cerebro no la registra como tal. En el caso del ejemplo, se queda con “puedo comer de más”, interpretando erróneamente. Practica afirmaciones positivas y presentes.

Desafío 6: ¡Sin “PERO”!

La palabra “pero” anula todo lo anterior. Por ejemplo: “Sé que no son todos iguales pero siempre caigo”. Aquí, “Sé que no son todos iguales” se anula, y queda “siempre caigo”. Por eso, hay que anular los “pero” y revisar cómo estamos construyendo lo que pensamos. Podría ser: “Cada uno es diferente y voy a darme el tiempo de conocerlos”. Al eliminar el “pero”, te permites integrar ambas partes de la frase sin anular la primera, abriendo nuevas posibilidades.

Desafío 7: ¡Atrás los “nada” y los “nunca”!

Somos lo que pensamos. Y darnos cuenta de cómo organizamos los pensamientos es la clave para poder cambiarlos. “Nada” no tiene ningún valor para nuestra mente, como tampoco “nunca”. Por ejemplo: “Nada me hace daño”. Parece un pensamiento positivo, pero en realidad, para el cerebro, queda “me hace daño”. ¿Qué es “nada”? Las opiniones de mi papá. Entonces, la frase podría ser: “Acepto las opiniones de mi papá y me doy el permiso de pensar diferente sin que esté en riesgo nuestra relación (vínculo, amor, etc.)”. Sé específico y reemplaza las generalizaciones.

Desafío 8: ¡“Todo” es igual a cero!

Venimos trabajando la idea de que somos lo que pensamos. Y darnos cuenta de cómo organizamos nuestros pensamientos es la clave para poder cambiarlos. En el caso de la palabra “TODO”, no tiene ningún valor para nuestra mente. Por ejemplo: “Todo va a cambiar”. Parece un pensamiento positivo, pero queda “va a cambiar”. Aunque no sabemos si para bien o para mal, ni cuándo. Termina convirtiéndose en una creencia limitante porque no es clara para entrar en acción. Siguiendo con el ejemplo: ¿Qué es “todo”? Mi situación laboral. Entonces, podría ser: “Me permito intentar acciones diferentes para lograr un ingreso de $XXXX” (cuanto más concreto, mejor). La especificidad es poder.

Desafío 9: ¡Cuánto más amor, mejor!

El desafío de hoy consiste en que cultives la amabilidad para contigo mismo/a, porque transformar las creencias implica aprender cosas nuevas. Y cuanto más amoroso sea el contexto, más significativo va a ser tu aprendizaje. Trátate con la misma compasión y paciencia que tratarías a un amigo que está aprendiendo algo nuevo. La autoexigencia excesiva puede sabotear el proceso.

Desafío 10: ¡En positivo!

El desafío de hoy consiste en que pongas a prueba lo que aprendiste hasta ahora en la transformación de una creencia limitante en una creencia potenciadora. Por ejemplo: “No puedo comer” sería una creencia limitante. En positivo/afirmativo: se transformaría en “Como saludable”. Practica con varias de tus creencias identificadas. La clave es la formulación clara, positiva y orientada a la acción.

Desafío 11: ¡Hacela tuya!

El desafío de hoy consiste en que hagas tuya la nueva creencia. Ayer trabajaste sobre una nueva creencia. Siempre que se crea una creencia nueva, resulta extraña al principio, como un zapato nuevo. Por eso, hay que trabajar para incorporarla. Para esto, vale que, siguiendo el ejemplo de ayer, pienses sobre lo que hace una persona que “come saludable”. ¿Cómo se comporta? ¿Qué decisiones toma? ¿Qué siente? Visualiza y actúa como si ya tuvieras esa creencia.

Desafío 12: ¡Vuélvete tu mejor amiga/o!

El desafío de hoy consiste en que te prometas que siempre vas a darte una nueva oportunidad. Como aprendiste durante este reto, poner en acción creencias nuevas y potenciadoras implica que aprendas cosas nuevas, y que por eso no siempre te va a salir perfecto a la primera. Por eso, es importante que te vuelvas tu mejor amiga/o y siempre te des una nueva oportunidad para seguir intentándolo. La resiliencia y la autocompasión son fundamentales en este viaje de autodescubrimiento y crecimiento.

Preguntas Frecuentes sobre Creencias y Transformación

¿Qué es exactamente una creencia?

Una creencia es una idea o convicción que una persona considera verdadera, independientemente de si es objetivamente comprobable o no. Es una interpretación de la realidad que influye en nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. Son las gafas a través de las cuales vemos el mundo.

¿Por qué son tan poderosas las creencias?

Las creencias son poderosas porque actúan como filtros de nuestra percepción. Deciden qué información procesamos y cómo la interpretamos, lo que a su vez moldea nuestra memoria, nuestras expectativas y nuestra identidad. Una creencia arraigada puede determinar nuestras decisiones y acciones, incluso si son inconscientes, y crear profecías autocumplidas.

¿Se pueden eliminar por completo las creencias limitantes?

Más que “eliminarlas” por completo, el objetivo es transformarlas o superarlas creando creencias potenciadoras que sean más fuertes y útiles. Las creencias antiguas pueden seguir existiendo en un segundo plano, pero al fortalecer las nuevas creencias, las limitantes pierden su influencia y ya no dictan tu comportamiento o tus emociones. Es un proceso de reprogramación mental y emocional.

¿Cuánto tiempo se tarda en cambiar una creencia?

El tiempo necesario varía enormemente de persona a persona y de la creencia en cuestión. Creencias muy arraigadas desde la infancia pueden requerir más tiempo y esfuerzo. Sin embargo, con técnicas de psicología energética, coaching o terapia, y una práctica constante de los desafíos propuestos, se pueden ver cambios significativos en semanas o meses. La clave es la persistencia y la conciencia.

¿Es necesario buscar ayuda profesional para trabajar mis creencias?

Si bien los desafíos propuestos son una excelente guía para iniciar el proceso de forma autónoma, el acompañamiento de un psicoterapeuta o un coach profesional puede acelerar y profundizar la transformación. Un experto puede ayudarte a identificar creencias más complejas, a liberar emociones asociadas y a aplicar técnicas más avanzadas, como la verificación muscular en psicología energética, que permiten un cambio más rápido y efectivo. Es especialmente útil si las creencias limitantes están causando un malestar significativo o impidiendo el funcionamiento diario.

Como bien reza el Maitri Upanishad: “Nuestros pensamientos son nuestro mundo, lo que piensas es en lo que te conviertes, ese es el eterno misterio”. La capacidad de cambiar nuestras creencias es la capacidad de reescribir nuestro destino, de construir una vida más plena y feliz. Es un viaje de autoconocimiento y empoderamiento que vale la pena emprender.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Transforma Tus Creencias: Clave del Bienestar puedes visitar la categoría Entrenamiento.

Subir