17/09/2017
La historia militar, a menudo, nos presenta figuras y roles complejos que, aunque operan en contextos geográficos y temporales distintos, comparten la particularidad de nacer en momentos de profunda convulsión social y política. En este artículo, exploraremos dos de estas figuras, aparentemente dispares pero unidas por el apelativo de 'rojo' y por su intrínseca conexión con ejércitos populares: los Comisarios Políticos del Ejército Rojo y el General Vicente Rojo Lluch, el célebre estratega de la República Española. Ambos, a su manera, encarnan la intersección entre la ideología, la estrategia militar y la lealtad en tiempos de guerra.

Los Comisarios Políticos del Ejército Rojo: Guardianes de la Ideología
La figura del comisario político, también conocido como politruk, es un oficial militar con una misión singular: supervisar la fidelidad de una unidad militar al régimen gobernante. Su aparición no es exclusiva de la Unión Soviética; de hecho, sus raíces se hunden en la Revolución Francesa. Durante el dominio jacobino de la Convención Nacional en 1793, se instituyó la figura del “Representante en misión”, un delegado del Comité de Salvación Pública encargado de vigilar la adhesión a los principios revolucionarios dentro de los ejércitos. Esta fue la primera experiencia de lo que, tras la Revolución Rusa, se conocería como comisario político.
La denominación “comisario político” (военный комиссар, voennyi kommissar) se convirtió en sinónimo de los agentes políticos del Ejército Rojo. Su función era clara: controlar la labor militar de los oficiales y asegurar la debida formación revolucionaria de las tropas. Aunque popularmente asociados al período soviético, es crucial señalar que la institución fue establecida inicialmente por el Gobierno Provisional en 1917. Sin embargo, fue después de la Revolución de Octubre, y por insistencia de León Trotski, que el comisariado político fue adoptado por el recién formado Ejército Rojo. Esta decisión se tomó por una razón pragmática: la milicia soviética aún dependía de la experiencia de centenares de oficiales no bolcheviques (mencheviques, eseristas o incluso aristócratas) para mantener su operatividad. La figura del comisario garantizaba la lealtad ideológica en un ejército en formación y, a menudo, con cuadros de mando de dudosa filiación política.
Distinción entre Comisarios Militares y Políticos
Es fundamental no confundir dos tipos de “comisarios militares” que, aunque comparten el nombre, tenían funciones muy distintas. El primer tipo, el “voenkom” (военком), era un representante territorial de las autoridades militares, responsable del reclutamiento de jóvenes y de la organización del servicio militar obligatorio. No era un oficial político en el sentido ideológico. El segundo tipo, el que nos ocupa, es el oficial político, cuya posición, en el caso de un comisario propiamente dicho, era equivalente a la del comandante de una unidad militar y, lo más importante, tenía el poder de revocar sus órdenes. Esto subraya la primacía de la lealtad ideológica sobre la autoridad militar pura.
El grado de comisario militar se introdujo en todas las unidades, desde compañía a división, incluyendo la Marina. Para unidades superiores, se establecieron los “Soviets Militares Revolucionarios” (RVS), compuestos por el comandante y dos trabajadores políticos. A estos últimos se les denominaba “miembros del RVS” más que comisarios políticos, aunque formaban parte de la misma estructura de control ideológico. En 1919, el título de “politruk” (политрук, “líder político”) se asignó específicamente a los comisarios militares a nivel de compañía.

Evolución y Abolición del Comisariado Político
La institución de los comisarios políticos no fue estática. A partir de 1925, comenzó a desaparecer gradualmente, siendo reemplazada por el “edinonachalie” (единоначалие), un sistema de mando único. Bajo este modelo, el comandante militar de carrera se afiliaba al PCUS y asumía también el rol de oficial político, o bien se creaba el grado de “pompolit” (помполит), un “asistente del comandante para tareas políticas” que, a diferencia del comisario, estaba subordinado al comandante militar profesional y no tenía autoridad sobre él. En 1924, los RVS fueron renombrados como Consejos Militares, y en 1934, el comisariado fue abolido por completo.
Sin embargo, la historia de los comisarios políticos no terminó ahí. El 10 de mayo de 1937, en plena Gran Purga de Stalin, la institución fue restaurada, junto con los “Consejos Militares”. Esta restauración estuvo directamente ligada a las purgas dentro de las fuerzas armadas, buscando asegurar la lealtad y erradicar cualquier disidencia. Los comisarios estuvieron en vigor durante la Guerra de Invierno, pero en agosto de 1940, la institución fue nuevamente abolida, y el sistema de “edinonachalie” fue restablecido para los niveles inferiores a la Armada.
La última reaparición de los comisarios políticos se dio en julio de 1941, tras las devastadoras derrotas sufridas por el Ejército Rojo al inicio de la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial). Fue una medida desesperada para frenar la invasión alemana mediante el fortalecimiento ideológico de las tropas. No obstante, su función no resultó eficiente, y su situación era precaria: cuando eran capturados por el enemigo, los comisarios eran ejecutados sumariamente. Por estas razones, fueron abolidos por última vez en 1943.
Cronología de los Comisarios Políticos
| Año | Evento | Descripción |
|---|---|---|
| 1793 | Revolución Francesa | Aparecen los “Representantes en misión”, precursores de los comisarios políticos. |
| 1917 | Gobierno Provisional | Institución inicial de los comisarios políticos en Rusia. |
| Octubre 1917 | Revolución de Octubre | Adoptados por el Ejército Rojo, por insistencia de Trotski. |
| 1919 | Título “Politruk” | Se asigna a los comisarios a nivel de compañía. |
| 1925 | Desaparición gradual | Sustituidos por el “edinonachalie” (mando único). |
| 1934 | Abolición | El comisariado es completamente abolido. |
| Mayo 1937 | Restauración | Restablecidos durante la Gran Purga de Stalin. |
| Agosto 1940 | Segunda Abolición | La institución es nuevamente abolida antes de la invasión alemana. |
| Julio 1941 | Tercera Restauración | Restablecidos tras las derrotas iniciales en la Gran Guerra Patria. |
| 1943 | Abolición Final | Abolidos definitivamente por ineficiencia y riesgo de ejecución. |
Preguntas Frecuentes sobre los Comisarios Políticos
- ¿Por qué eran necesarios los comisarios políticos? Eran esenciales para asegurar la lealtad ideológica de las unidades militares y sus oficiales, especialmente cuando estos no eran de filiación bolchevique, garantizando que las fuerzas armadas sirvieran fielmente al régimen.
- ¿Qué poder tenían los comisarios? Un comisario político tenía una autoridad equivalente a la del comandante de la unidad y, en ocasiones, podía incluso revocar sus órdenes, lo que los convertía en figuras de enorme influencia y control.
- ¿Fueron efectivos en su rol? Su efectividad varió. Al principio, ayudaron a consolidar la lealtad en un ejército naciente. Sin embargo, su presencia a menudo generaba una doble cadena de mando que podía ralentizar la toma de decisiones. Al final de su existencia, durante la Segunda Guerra Mundial, se consideró que no eran eficientes y su rol se volvió peligroso para ellos mismos.
El General Vicente Rojo Lluch: El Cerebro Estratégico de la República
Mientras los comisarios políticos operaban en la Rusia soviética, a miles de kilómetros, en España, otro “rojo” de gran relevancia dejaba su huella en la Guerra Civil: el General Vicente Rojo Lluch. Nacido en 1894 en la Higuera, Valencia, Rojo fue un militar de carrera con una brillante trayectoria. Graduado como subteniente en 1914, con el número dos de su promoción en la Academia de Infantería de Toledo, se destacó por su dedicación a la formación y su intelecto militar. Su preocupación por la juventud lo llevó a ser Comisario General de Instrucción de los Exploradores de España entre 1931 y 1933.
En 1932, ingresó en la Escuela Superior de Guerra para realizar el curso de Estado Mayor, ascendiendo a Comandante en 1936. Cuando estalló la Guerra Civil, a diferencia de muchos otros militares profesionales, Rojo se mantuvo firmemente leal a la República. Esta lealtad inquebrantable y su excepcional preparación lo catapultaron rápidamente a puestos de máxima responsabilidad. En octubre de 1936, fue ascendido a jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, desde donde orquestó la crucial defensa de Madrid, una de las batallas más emblemáticas del conflicto.

Acciones Militares y Brillantez Estratégica
La fama de Rojo como organizador y estratega no hizo más que crecer. Su trabajo se centró en la reorganización y profesionalización de las milicias republicanas, transformándolas en un ejército más disciplinado capaz de enfrentar el avance franquista. Su rol fue decisivo en la defensa de Madrid bajo las órdenes del General José Miaja. Aunque Miaja ostentaba el generalato, Rojo era el verdadero cerebro estratégico detrás de la exitosa resistencia de la capital. Ascendido a coronel en marzo de 1937 y a general en octubre del mismo año, se convirtió en jefe del Estado Mayor Central del Ejército republicano, siendo condecorado con la prestigiosa Placa Laureada de Madrid.
Desde esta posición, Vicente Rojo proyectó y dirigió algunas de las operaciones más importantes de la guerra, buscando aliviar la presión franquista mediante ofensivas de distracción en frentes secundarios. Entre sus acciones más destacadas se encuentran:
- Batalla del Jarama: Participación clave en la defensa de Madrid.
- Batalla de Guadalajara: Una victoria republicana significativa.
- Ofensiva de Brunete (1937): Un intento de aliviar la presión sobre Madrid, aunque con resultados mixtos.
- Ofensiva de Belchite (1937): Otra ofensiva para desviar fuerzas enemigas.
- Batalla de Teruel (1937-1938): Una de las batallas más duras y simbólicas, donde las tropas republicanas lograron una victoria inicial en condiciones extremas.
- Batalla del Ebro (1938): La última gran ofensiva republicana, un esfuerzo desesperado y titánico que, a pesar de la resistencia heroica, marcó el principio del fin para la República.
Su estrategia y capacidad de planificación eran admirables, pero chocaron con la cruda realidad de la inferioridad material de sus tropas, el agotamiento moral de la población civil y la desesperanza causada por la falta de apoyo de las democracias europeas. Tras la derrota en el Ebro, su prestigio se vio minado por algunos sectores, pero Negrín lo ascendió a Teniente General, demostrando la confianza que aún se le tenía.
El Análisis de la Derrota: "¡Alerta los Pueblos!"
Una de las contribuciones más significativas de Vicente Rojo, y que lo distingue como un intelectual militar, es su profundo análisis de las causas de la victoria franquista, plasmado en su obra “¡Alerta los pueblos!”, publicada en 1939. Para Rojo, la victoria de Franco no se debió únicamente a sus méritos, sino, en gran medida, a los errores del bando republicano. Su tesis central fue:
“Podemos sintetizar que Franco ha vencido por su superioridad; una superioridad lograda, tanto o más que por su acción directa, por nuestros errores.”
Rojo desglosó las causas de la derrota en varios planos:
- Terreno Militar:
- Superioridad de Franco: Reconoció que Franco había sabido utilizar sus conocimientos en el arte de la guerra.
- Errores Republicanos en la Oficialidad: Criticó el alejamiento de los oficiales de carrera, considerados “fascistas en potencia”, en favor de líderes sindicales o milicianos, ideológicamente afines pero sin la preparación militar necesaria. Rojo lamentaba: “si triunfamos nosotros, tal y como ahora somos, el arte de la guerra, según lo conocemos, y como nos lo enseñaron, vendrá al suelo”.
- Escasez de Medios Materiales: Una penuria constante de armamento y suministros. “Nunca se ha adquirido más de la cuarta parte de lo que se pedía y era indispensable, y muchas veces, como en la ocasión de Cataluña, ha llegado tarde.” Aunque la República recibió apoyo soviético, la balanza se inclinó decisivamente a favor de los sublevados, especialmente en la segunda mitad de la contienda, debido también al bloqueo naval.
- Defectuosa Dirección Técnica: “Todos, incluso los elementos profesionales, no estábamos preparados para los cargos que la realidad nos obligaba a desempeñar.” La improvisación fue un enemigo constante.
- Dirección Suprema y Política:
- Falta de un Jefe Único: A diferencia del bando nacional, que consolidó el mando en Franco, la República adoleció de una “cabeza visible” o un “jefe militar” con plenitud de derechos y responsabilidades. “Nuestra política no quiso que el jefe militar existiera con plenitud de derechos y responsabilidades… En la batalla, que es la pugna de dos voluntades, ha faltado una.”
- Indefinición Política: La República no se fijó un fin político claro, con líderes más preocupados por “menudencias personales y partidistas” que por los “grandes problemas nacionales”. El gobierno republicano era una “simple concurrencia, sin unidad, de tendencias políticas diversas”.
- Errores Diplomáticos: La incapacidad de la República para asegurar aliados firmes o para convencer a Europa del peligro del fascismo español. “La guerra estaba internacionalmente perdida por nuestros errores y por la indiferencia de los países afines, mucho antes de que hubiera terminado realmente.”
- Orden Social:
- Superioridad Moral y Apoyo Internacional de Franco: Rojo argumentó que Franco logró una superioridad moral tanto en el exterior como en el interior, asegurando el apoyo de potencias internacionales y manejando hábilmente la propaganda y los factores sentimentales.
La profesionalización del Ejército de la República se debió fundamentalmente a Rojo, y sus maniobras contribuyeron a prolongar la vida de la República. Su análisis, aunque doloroso, fue un ejercicio de honestidad intelectual, una búsqueda de la verdad más allá de justificaciones. Alberto de Frutos, experto en la Guerra Civil, afirma que “como intelectual y teórico, estaba mejor preparado que Franco.”
El Exilio y el Regreso Amargo
Tras la caída de Cataluña en enero de 1939, Rojo se exilió en Francia. Aunque se le instó a regresar a España para asumir la máxima responsabilidad militar en la zona central republicana, él, convencido de la inutilidad de continuar una resistencia que solo acarrearía más derramamiento de sangre, se negó. Esta decisión, compartida por el presidente Manuel Azaña, es un punto de debate histórico.
Su periplo lo llevó a Argentina, donde vivió entre 1939 y 1943. En Buenos Aires, se dedicó al periodismo, escribiendo centenares de artículos sobre la Segunda Guerra Mundial para el diario Crítica. También publicó “¡Alerta los pueblos!”, su análisis sobre la Guerra Civil, y la revista Pensamiento Español. Posteriormente, en 1943, se trasladó a Bolivia, donde fue profesor de Historia Militar y Arte de la Guerra en la Escuela de Estado Mayor del ejército boliviano, un destino inusual pero que le permitió seguir ejerciendo su vocación.
La enfermedad, un enfisema pulmonar, y la nostalgia lo impulsaron a regresar a España en 1957. Franco aceptó su retorno, pero no sin condiciones. Fue sometido a un juicio militar en diciembre de 1957 y condenado a “reclusión perpetua” por “auxilio a la rebelión”, una acusación paradójica para quien siempre fue leal al gobierno legítimo. Aunque la pena de reclusión fue indultada en 1958, las condenas accesorias de “interdicción civil e inhabilitación absoluta” lo dejaron en una condición de “muerto civil”, vigilado y sin poder trabajar. A pesar de todo, Rojo dedicó sus últimos años a la escritura, trabajando en una extensa “Historia de la guerra de España” y un volumen de anécdotas, aunque gran parte de su obra quedó inédita hasta hace poco. Falleció en Madrid el 15 de junio de 1966.

Preguntas Frecuentes sobre el General Vicente Rojo
- ¿Por qué fue tan importante Vicente Rojo para la República? Fue el principal estratega y jefe del Estado Mayor Central del Ejército republicano. Su brillantez táctica y organizativa fue clave para prolongar la resistencia republicana, especialmente en la defensa de Madrid y en la planificación de las principales ofensivas.
- ¿Qué atribuía Rojo a la victoria de Franco? Principalmente, la superioridad militar de Franco combinada con los graves errores republicanos en la dirección militar, la falta de una unidad política clara, la escasez de medios materiales y los fallos diplomáticos.
- ¿Por qué regresó a España sabiendo el riesgo? Aquejado de una enfermedad terminal y con un profundo deseo de morir en su patria, Rojo creía, erróneamente, que su lealtad profesional y su no afiliación partidista le eximirían de represalias, buscando una reconciliación que el régimen franquista no estaba dispuesto a ofrecer.
Comparativa: Comisarios y el General Rojo – Dos Caras de la Guerra
Aunque operaron en distintos teatros de guerra y bajo ideologías diferentes (comunismo soviético vs. republicanismo español), tanto los comisarios políticos como el General Vicente Rojo Lluch representan la complejidad de la guerra y la interacción entre poder político y militar. Los comisarios encarnaban el control ideológico, la vigilancia de la lealtad y la primacía del partido sobre el ejército. Su rol era asegurar la ortodoxia revolucionaria y la moral combativa a través de la propaganda y la supervisión directa. Eran un reflejo de la desconfianza del poder político hacia sus propios cuadros militares, especialmente en los inicios del Ejército Rojo.
Por otro lado, el General Rojo era la antítesis de esta figura en muchos aspectos. Era un militar profesional de impecable formación y una ética de servicio al Estado. Su lealtad no era a un partido, sino a la República como forma de gobierno legítima. Su preocupación principal era la eficacia militar y la estrategia, buscando la profesionalización y la mejor organización de sus tropas, incluso cuando la política intervenía o limitaba sus recursos. Mientras los comisarios imponían una doble cadena de mando y una supervisión ideológica, Rojo buscaba la unidad de acción y la aplicación de principios militares sólidos, lamentando la improvisación y la falta de dirección unificada en el bando republicano.
Ambos, sin embargo, fueron figuras cruciales para sus respectivos “ejércitos rojos”. Los comisarios para mantener la cohesión ideológica en el Ejército Rojo, y Rojo para dar una estructura y dirección estratégica al Ejército Popular de la República. Sus historias, aunque separadas por la geografía y el tiempo, nos recuerdan que en los conflictos armados, la victoria o la derrota no solo dependen de la fuerza bruta, sino también de la cohesión interna, la visión estratégica y la capacidad de adaptar la ideología a la cruda realidad del campo de batalla.
Conclusión
Los Comisarios Políticos del Ejército Rojo y el General Vicente Rojo Lluch son dos ejemplos paradigmáticos de cómo la política y la guerra se entrelazan. Los comisarios, con su rol de garantes ideológicos, ilustran la profunda desconfianza y el deseo de control absoluto de los regímenes totalitarios sobre sus fuerzas armadas. Su intermitente existencia en la historia soviética es un testimonio de la tensión constante entre la disciplina militar tradicional y la imposición de la ortodoxia partidista. Por su parte, el General Vicente Rojo encarna la figura del militar profesional que, desde una profunda lealtad a las instituciones democráticas, intentó aplicar la mejor ciencia estratégica en un conflicto asimétrico y brutal. Su legado no solo reside en sus acciones militares, sino también en su valiente y lúcido análisis de la derrota, una obra que sigue siendo fundamental para entender las complejidades de la Guerra Civil Española. Ambos, a su manera, fueron pilares de sus respectivos “ejércitos rojos”, dejando una huella indeleble en la historia militar y política de sus naciones.
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