¿Qué hicieron los comandos rusos al llegar a la isla?

La Batalla de Stalingrado: El Giro Decisivo

02/04/2023

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En los anales de la historia militar, pocas confrontaciones resuenan con la brutalidad, la escala y la trascendencia de la Batalla de Stalingrado. Un infierno helado de 174 días, desde el 23 de agosto de 1942 hasta el 2 de febrero de 1943, que se libró en las ruinas de una ciudad que llevaba el nombre del jerarca soviético, Iósif Stalin. Fue aquí, en las orillas del río Volga, donde se decidió el destino de la Segunda Guerra Mundial en Europa, un choque titánico que dejó un rastro de destrucción y muerte sin precedentes, cambiando para siempre el curso de la historia y marcando el inicio del largo y sangriento camino del Ejército Rojo hacia Berlín.

¿Qué hicieron los comandos rusos al llegar a la isla?
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El Capricho del Führer: Por Qué Stalingrado

Adolf Hitler, imbuido de una personalidad psicótica y caprichosa, se obsesionó con la toma de Stalingrado. Para él, la ciudad no era solo un objetivo militar, sino un símbolo potentísimo: era el nombre de su archienemigo, Stalin. Conquistarla sería un golpe psicológico devastador para la Unión Soviética. En junio de 1941, tras romper el pacto de no agresión y lanzar la Operación Barbarroja, los objetivos iniciales de Hitler eran Moscú y los pozos de petróleo del Cáucaso, vitales para alimentar su maquinaria de guerra. En el camino hacia el Cáucaso, Stalingrado se interponía.

Más allá de su valor simbólico, la ciudad poseía una importancia estratégica innegable. Funcionaba como un centro neurálgico industrial, albergando fábricas militares de renombre como Octubre Rojo y Barricady, productoras de cañones y tractores. Era un nudo ferroviario crucial que unía Moscú con el Mar Negro y el Cáucaso, y su puerto fluvial sobre el Volga la convertía en un vital punto de distribución comercial y de suministros. El Führer estaba convencido de que la caída de Stalingrado desmoronaría la resistencia soviética.

La Wehrmacht, acostumbrada a la "blitzkrieg" o guerra relámpago que le había permitido conquistar gran parte de Europa con facilidad, se topó en Rusia con una realidad diferente: su vasta extensión. Las tropas alemanas avanzaban a una velocidad que superaba con creces la capacidad de su logística para abastecerlas de combustible y provisiones. A su paso, encontraban tierra arrasada por orden de Stalin y pozos de agua intencionalmente contaminados. Los preparativos para la defensa de Stalingrado comenzaron el 19 de julio de 1942, con una orden diabólica pero efectiva: los civiles tenían prohibido abandonar la ciudad, una medida que buscaba infundir un valor desesperado en las milicias soviéticas, conscientes de que sus familias serían víctimas si la ciudad caía.

La Ciudad Heroica: La Defensa Soviética

El 23 de agosto de 1942, el cielo de Stalingrado se oscureció con aviones Heinkel 111 y Junkers 88, que descargaron más de mil toneladas de bombas. Ese día, cinco mil personas perdieron la vida. Al cabo de una semana de bombardeos incesantes, los muertos ascendían a cuarenta mil y los edificios destruidos superaban los cuatro mil. Stalingrado estaba en ruinas, pero no vencida. Los alemanes, con sus tanques Panzer, avanzaban por los suburbios, mientras la Luftwaffe de Herman Göring reducía lo que quedaba de la ciudad a escombros. Sin embargo, entre esos escombros, el 62º Ejército soviético comenzó a armar posiciones defensivas, transformando cada ruina en un punto fijo de disparo. Esta se convertiría en una guerra urbana para la que los alemanes no estaban preparados.

Ante el implacable avance alemán, el 28 de julio, Stalin firmó la Orden 227. Este documento histórico contenía la frase que se convertiría en un lema de la resistencia antifascista: ¡Ni un paso atrás! La orden prohibía cualquier retirada, autorizando a los comandantes a fusilar a todo soldado soviético que intentara retroceder. Además, se autorizó y fomentó la participación de mujeres en gran escala en el combate. Los regimientos de fusileros de la NKVD (policía del ministerio del interior soviético) se encargaron de organizar milicias ciudadanas y de asegurar que nadie escapara, requisando barcos para que solo se usaran para el ingreso de suministros. La ciudad quedó bajo el control estricto del partido comunista, y toda la población fue movilizada para el esfuerzo de guerra. Desde la fábrica de tractores, reconvertida para la guerra, salían tanques T-34 sin pintura pero cargados de municiones, directos al combate.

La Guerra de Ratas: Combate Urbano y Francotiradores

La batalla se transformó en una lucha desesperada, conocida como la "guerra de ratas", donde cada edificio, cada piso, cada escombro era disputado palmo a palmo. Las calles de Stalingrado, reducidas a montañas de cascotes y cadáveres, se convirtieron en un laberinto mortal para los alemanes. La imposibilidad de la llegada de provisiones por el Volga, bombardeado constantemente por los nazis, y el asedio de la ciudad, provocaron un hambre atroz entre los defensores. Pero, en secreto, el alto mando soviético preparaba una contraofensiva gigantesca.

En este escenario de caos y destrucción, el papel de los francotiradores se volvió crucial. El más famoso de ellos, Vasili Záitsev, inmortalizado en la cultura popular, se le atribuyen 224 oficiales nazis muertos por su precisión y su rifle, una pieza de museo hoy en día. Záitsev, como muchos otros, estaba impulsado por la brutalidad que presenciaba: "Vi cómo los alemanes sacaban a rastras a una mujer para violarla... Y otras veces, ves a chicas jóvenes o niños, colgados de los árboles del parque. ¿Te afecta? Te provoca un tremendo impacto. Por eso, cada soldado, incluido yo mismo, piensa únicamente en cómo obligarles a pagar más caro su vida, en cómo matar a más alemanes".

El general Alexandr Rodimtsev, de apenas 37 años, fue una figura clave en la defensa. Con el alias de "Pablito", había sido el asesor soviético en la Batalla de Guadalajara, donde los republicanos españoles hicieron huir a los expedicionarios de Mussolini. Su experiencia y determinación fueron fundamentales para contener el avance alemán en los momentos más críticos, cruzando el Volga en balsa con sus regimientos para reforzar las defensas más débiles.

El Invierno Ruso y la Operación Urano

Bajo el frío implacable del invierno inminente, los alemanes, desgastados por una guerra de guerrillas urbana y la falta de suministros, se encontraban en una situación crítica. "Hasta el último momento, la mayoría de los oficiales esperó la ayuda del exterior. La falta de víveres, de refuerzos y de proyectiles de artillería hizo que fuese físicamente imposible seguir luchando. Estábamos muertos de hambre y la mayoría sufríamos daños por congelación", admitiría un teniente alemán. El "General Invierno" comenzaba a trabajar para los defensores soviéticos.

Mientras tanto, el alto mando soviético, bajo la dirección de Gueorgui Zhúkov, quien llegó a Stalingrado el 29 de agosto y fue nombrado mano derecha de Stalin en la guerra, ultimaba los detalles de la gigantesca contraofensiva. El 19 de noviembre, junto con las primeras nevadas y el frío intenso, se lanzó la esperada Operación Urano. Con más de un millón de soldados, miles de cañones y tanques, y cientos de aviones, el plan de Zhúkov desde el norte y del coronel general Aleksander Vasilevski desde el sur, no solo buscaba recuperar Stalingrado, sino envolver y destruir al Sexto Ejército alemán de Von Paulus. Los alemanes no la vieron venir. Las orgullosas divisiones Panzer, que antes parecían invencibles, estaban agotadas, con poco combustible y compañías reducidas a unos sesenta hombres. Los sitiadores se convirtieron en los sitiados.

¿Qué hicieron los prisioneros alemanes en Stalingrado?
Los prisioneros alemanes envueltos en abrigos, mantas o cualquier cosa que pudieran encontrar para protegerse del crudo clima, marchan por las calles nevadas de Stalingrado después de su derrota por las fuerzas soviéticas en febrero de 1943 (Corbis vía Getty Images)

El Caldero Infernal: Agonía del Sexto Ejército

En el cerco, que los alemanes denominaron "Der Kessel" (El Caldero), quedaron embolsados trescientos treinta mil soldados. Debilitados por el hambre y el frío extremo, se aferraban a la promesa de Herman Göring desde Berlín de enviar toneladas de alimentos y municiones en aviones de la Luftwaffe, una promesa que resultó ser un delirio. El 23 de noviembre, murió de inanición el primer soldado alemán. En vísperas de Navidad, unos 1200 alemanes murieron congelados en un solo día. La situación se tornó desesperante cuando la pista de aterrizaje quedó inutilizada, cortando cualquier esperanza de reabastecimiento. Miles de soldados caían enfermos de disentería, tifus y heridas sin curar.

La crueldad de la guerra también afectó a los civiles que no pudieron evacuar. Valentina Savelyeva, quien tenía cinco años durante la batalla, recordaría años después: "Cuando cierro los ojos puedo ver el Volga en llamas, por el petróleo derramado. Cavamos agujeros en la arcilla para vivir. No trincheras, sino agujeros. Como los conejos, como los animales. Todo estaba en llamas y oíamos rugir a los aviones... No había comida. Solo lodo, que pasó a ser ligeramente dulce. Comíamos barro y nada más que barro. Y bebíamos agua del Volga". El leve contenido de azúcar de la arcilla mantuvo a Valentina con vida, pero su hermanito menor murió de hambre.

Finalmente, en enero de 1943, la suerte alemana estaba echada. Cercados por los rusos, el hambre, el hielo y la derrota, los hombres de Von Paulus estaban empantanados. Tenían a los defensores de Stalingrado al frente y dos Ejércitos Rojos a la espalda. Paulus envió un mensaje personal a Hitler, solicitando "plena libertad de acción" ante la escasez de municiones y combustible. Hitler lo fulminó. No solo rechazó cualquier intento de rendición, sino que, el 30 de enero, nombró a Von Paulus mariscal del Reich, haciéndole saber que ningún mariscal alemán se había rendido jamás. La promoción venía acompañada de una tácita orden de suicidio. Pero el flamante mariscal, ante su plana mayor, declaró: "No tengo intenciones de dispararme por este cabo bohemio", refiriéndose a Hitler y a su grado militar durante la Primera Guerra Mundial. Prohibió también a sus oficiales suicidarse, "para seguir el destino de sus soldados".

La Rendición y el Legado: Un Nuevo Curso para la Guerra

La noche del 30 de enero, las tropas soviéticas entraron en el centro urbano de Stalingrado, llegando a la Plaza Roja, reducida a escombros. El 31 de enero de 1943, a las 5:45 de la mañana, el mariscal Von Paulus se rindió. Intentó disimular su decisión, afirmando haber sido tomado prisionero. Las tropas alemanas que aún resistían, bajo el mando del general Karl Streker, se rendirían el 2 de febrero, poniendo fin a la Batalla de Stalingrado.

El costo humano de esta batalla fue catastrófico. Además de los ochocientos mil muertos entre alemanes, italianos, húngaros, rumanos y croatas, todos aliados de los nazis, se rindieron con Von Paulus noventa y un mil prisioneros. De estos, solo seis mil regresarían a Alemania con los años. Konstantin Duvanov, un soldado soviético de veinte años, fue testigo de la rendición de Paulus. Recordaría, ya anciano, cómo un sargento soviético intentó dispararle al mariscal capturado, siendo detenido en el último segundo por un teniente.

¿Qué hicieron los prisioneros alemanes en Stalingrado?

Los prisioneros alemanes capturados en Stalingrado, un total de noventa y un mil hombres, fueron enviados en tren a campos de prisioneros en Siberia tras ayudar a limpiar la ciudad y recoger los muertos. Las condiciones de su cautiverio eran extremadamente duras, y la gran mayoría no sobrevivió. De los 91.000, solo unos 6.000 regresaron a Alemania con los años, lo que da una idea de las penurias y enfermedades que padecieron.

¿Qué papel tuvo el general Alexandr Rodimtsev en la Batalla de Guadalajara?

El general Alexandr Rodimtsev, quien luego se convertiría en una figura clave en la defensa de Stalingrado, fue el asesor soviético crucial en la Batalla de Guadalajara, en España. Bajo el alias de "Pablito", Rodimtsev contribuyó significativamente a la victoria de los republicanos españoles, que lograron hacer huir a los expedicionarios de Mussolini en 1937. Esta experiencia previa en combate urbano y la resistencia contra fuerzas superiores le serían de gran utilidad en el infierno de Stalingrado.

¿Cómo cambió la Batalla de Stalingrado el curso de la Segunda Guerra Mundial?

La Batalla de Stalingrado es considerada un punto de inflexión decisivo en la Segunda Guerra Mundial en Europa. La aniquilación del Sexto Ejército alemán y la captura de su comandante, Friedrich von Paulus, representaron una derrota estratégica y psicológica devastadora para la Alemania nazi. Tras esta victoria, el Ejército Rojo inició una serie de ofensivas que lo llevarían inexorablemente hacia el oeste, marcando el comienzo de la expulsión de las fuerzas del Eje de la Unión Soviética y su eventual avance hacia Berlín. Demostró que la Wehrmacht no era invencible y revitalizó la moral aliada, mientras que el Eje sufrió una pérdida de recursos humanos y materiales de la que nunca se recuperaría completamente.

¿Qué era la "Guerra de Ratas" en Stalingrado?

La "Guerra de Ratas" fue el término coloquial utilizado para describir el brutal y sangriento combate urbano que se libró en Stalingrado, especialmente después de que la ciudad quedara reducida a escombros. En lugar de grandes maniobras de tanques o infantería, la lucha se llevó a cabo casa por casa, edificio por edificio, piso por piso, e incluso habitación por habitación. Los soldados se arrastraban por túneles, alcantarillas y ruinas, utilizando bayonetas, cuchillos y granadas en enfrentamientos a corta distancia. Era una forma de combate para la que los alemanes no estaban preparados, y donde la ventaja la tenía el conocimiento del terreno y la ferocidad en la lucha cuerpo a cuerpo.

Tabla Comparativa: Stalingrado en Cifras

Aspecto ClaveFuerzas del Eje (Alemanes y Aliados)Fuerzas Soviéticas
Inicio del Asedio23 de agosto de 194223 de agosto de 1942
Fin de la Batalla2 de febrero de 1943 (Rendición)2 de febrero de 1943 (Victoria)
Duración174 días174 días
Muertes Militares EstimadasMás de 800.000Más de 1.200.000
Muertes Civiles EstimadasN/A (principalmente combatientes)Decenas de miles (40.000 solo en la primera semana de bombardeos)
Prisioneros (al final)91.000 (solo 6.000 regresaron)Cientos de miles (en las fases iniciales de la ofensiva alemana)
Comandante ClaveFriedrich von PaulusGueorgui Zhúkov, Vasili Chuikov
Lema Característico"Toma de la ciudad a cualquier costo"¡Ni un paso atrás!

Legado Histórico

Von Paulus sobrevivió a la guerra. Prisionero de los rusos, quienes lo liberaron recién en 1953, testificó en Núremberg contra Hitler y los nazis. Murió en Dresde, Alemania Oriental, el 1 de febrero de 1957, un día antes del decimocuarto aniversario de la rendición en Stalingrado. En 1961, después de que Nikita Jrushov culpara a Stalin de los males de la URSS y aboliera el culto a la personalidad, Stalingrado dejó de llamarse así y pasó a ser Volgogrado. Lo es aún. Sin embargo, a pedido de los veteranos de guerra y de los sobrevivientes de aquel sitio y aquella destrucción, el parlamento local aprobó que, solo para ocasiones puntuales y muy específicas, la ciudad recuperara su antiguo nombre por veinticuatro horas. Esto sucede cada 2 de febrero, cuando Volgogrado vuelve a lucir el nombre de la que fue llamada "ciudad heroica", un recordatorio perenne del sacrificio y la victoria en la batalla más sangrienta de la historia moderna.

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