18/02/2020
¿Sueñas con cruzar la meta con una energía inagotable, superando tus propias marcas? El entrenamiento en altura ha sido durante décadas una herramienta secreta de los atletas de élite, una estrategia que promete transformar la capacidad pulmonar y la resistencia. Pero, ¿es realmente para todos? ¿Y cómo se aplica correctamente para maximizar sus beneficios sin caer en errores? En este artículo, desentrañaremos los misterios del entrenamiento en altitud, de la mano de la vasta experiencia de Toni Peña, un maratoniano de élite español cuya trayectoria incluye preparaciones en lugares emblemáticos como Kenia y Bolivia. Prepárate para descubrir cómo tu cuerpo se adapta a la escasez de oxígeno y, lo más importante, el momento ideal para competir después de esta experiencia transformadora.

- ¿Qué es el Entrenamiento en Altura? La Hipoxia como Clave
- Adaptación y Planificación: Cómo Entrenar en la Cima
- ¿Cuánto Tiempo es Necesario para Cosechar los Frutos?
- El Momento Crucial: ¿Cuándo Competir Después de la Altura?
- Compitiendo en Altura sin Haber Entrenado Allí: ¿Qué Esperar?
- ¿Se Puede Simular la Altura? Cámaras Hiperbáricas y Más Allá
- Live High, Train Low (LHTL): La Estrategia en Debate
- Preguntas Frecuentes sobre el Entrenamiento en Altura
¿Qué es el Entrenamiento en Altura? La Hipoxia como Clave
El corazón del entrenamiento en altura reside en un concepto fisiológico fundamental: la hipoxia. Esto no es más que la exposición de nuestro organismo a una menor disponibilidad de oxígeno en el aire, una condición natural que se presenta a medida que ascendemos sobre el nivel del mar. Cuando Toni Peña se preparaba para sus maratones en lugares como Eldoret (2095 msnm) o Bolivia, lo que buscaba era precisamente forzar a su cuerpo a funcionar con menos oxígeno.
A medida que la altitud aumenta, el aire se vuelve menos denso y, crucialmente, contiene una menor concentración de moléculas de oxígeno. Además, la temperatura desciende y la radiación solar se intensifica. El cuerpo humano, una máquina asombrosa de adaptación, responde a esta escasez de oxígeno de varias maneras. Primero, nuestra frecuencia respiratoria se incrementa; necesitamos respirar más veces para intentar captar la misma cantidad de oxígeno. Segundo, y aquí radica uno de los beneficios más buscados por los atletas, se produce un aumento en la producción de glóbulos rojos. Estas células sanguíneas son las encargadas de transportar el oxígeno desde los pulmones hasta los músculos y tejidos. Al tener más glóbulos rojos, el cuerpo mejora su capacidad de llevar oxígeno a las células, compensando así la menor disponibilidad en el aire.
Entrenar bajo estas condiciones de hipoxia fuerza al organismo a ser más eficiente en el uso y transporte del oxígeno, lo que se traduce en una mejora significativa de la capacidad atlética, especialmente la resistencia aeróbica. Sin embargo, es vital entender que estos cambios fisiológicos no son instantáneos. Requieren tiempo. La experiencia nos dice que son necesarios al menos unos 10 días de exposición continua a la altitud para que estas adaptaciones comiencen a manifestarse de manera significativa.
Adaptación y Planificación: Cómo Entrenar en la Cima
La llegada a la altitud puede ser un shock para el cuerpo, incluso para atletas experimentados. Toni Peña comparte sus primeras sensaciones: “Recuerdo que los primeros días que pasaba en zonas de mayor altitud me sentía muy fatigado. Entrenara o no ya notaba que el ritmo de la respiración cambiaba.” Esta fatiga inicial, la sensación de piernas pesadas, el esfuerzo extra para cualquier actividad e incluso la alteración del sueño, son respuestas normales del cuerpo mientras intenta aclimatarse.
Por ello, la planificación del entrenamiento en altura debe ser meticulosa y gradual. Toni recomienda una fase de adaptación inicial: “Desde el último entrenamiento fuerte que hacía antes de iniciar viaje, pasaba como 5 días rodando muy suave, haciendo distancias inferiores a 10/12 kms.” Esta aproximación conservadora permite al cuerpo iniciar el proceso de aclimatación sin sobrecargarse. A partir del sexto día, se puede introducir una doble sesión, incorporando rodajes o sesiones de preparación física con ritmos sensiblemente más altos. Alrededor de la semana de estadía, Toni ya se sentía capaz de entrenar a su ritmo normal, o incluso con mayor intensidad, aprovechando que el objetivo era dar el 100% en el entrenamiento.
La nutrición y la hidratación también juegan un papel crucial. Es común experimentar una disminución del apetito en altura, pero paradójicamente, el metabolismo se acelera y el cuerpo quema más calorías debido a la menor temperatura y al esfuerzo extra por la hipoxia. Es imperativo aumentar la ingesta calórica, especialmente de carbohidratos, para asegurar que el cuerpo tenga suficiente energía y no recurra a las reservas musculares. “Mi dieta se basaba en un 75-80% en hidratos de carbono en forma de arroz y/o pasta y de vez en cuando proteína. Sí que cuidaba bastante la hidratación que suponía un factor determinante,” explica Toni. La ingesta de líquidos debe ser constante y abundante.
¿Cuánto Tiempo es Necesario para Cosechar los Frutos?
La duración de la estancia en altitud es un factor determinante para la efectividad del entrenamiento. Como los cambios fisiológicos requieren tiempo para producirse y consolidarse, una estancia demasiado corta podría anular los beneficios. Toni Peña es enfático al respecto: “Nunca estuve menos de un mes en una de estas estancias para entrenar en altura.” Ya fuera en destinos lejanos como Kenia o Bolivia, donde pasaba un mes, o en lugares más cercanos como Font Romeu o en España, donde solía extender su estancia más allá del mes.
En ocasiones, Toni combinaba el entrenamiento en altitud con sesiones a menor altitud, bajando a lugares cercanos para realizar tiradas o series largas, lo que reducía el desgaste general. Esta estrategia sugiere la idea de 'vivir alto, entrenar bajo', que exploraremos más adelante.
La clave es dar tiempo suficiente al cuerpo para que no solo se adapte inicialmente, sino que también desarrolle y fije las adaptaciones fisiológicas, como el aumento de los eritrocitos. Un periodo de al menos 21 días (tres semanas) es generalmente considerado el mínimo viable para que el cuerpo realice cambios significativos y el desplazamiento a la altitud tenga un propósito real. Menos tiempo podría resultar en que el cuerpo no complete las adaptaciones necesarias, haciendo que el esfuerzo y la inversión de tiempo y dinero no rindan los frutos esperados.
El Momento Crucial: ¿Cuándo Competir Después de la Altura?
Esta es una de las preguntas más debatidas en el mundo del atletismo de resistencia. Los cambios fisiológicos inducidos por el entrenamiento en altura, aunque beneficiosos, son temporales. Si bien vivir permanentemente en altitud genera adaptaciones duraderas, una estancia temporal solo produce modificaciones reversibles.
Existen diversas teorías y experiencias sobre el momento óptimo para competir después de descender de la altitud. Toni Peña, con su experiencia de élite, aplicaba una de dos estrategias principales:
- Competir Inmediatamente Después de Bajar: Esto significa competir dentro de los primeros días (24-72 horas) después de descender de la altitud. La idea es aprovechar el pico de las adaptaciones fisiológicas (mayor cantidad de glóbulos rojos, mejor eficiencia en el transporte de oxígeno) antes de que el cuerpo comience a desadaptarse a las condiciones de menor altitud. Es un intento de 'golpear' la competición mientras el cuerpo aún está en su estado adaptado a la hipoxia.
- Competir Después de Dos Semanas: La segunda opción de Toni era esperar aproximadamente dos semanas después de descender. Esta estrategia permite al cuerpo reajustarse completamente a las condiciones del nivel del mar. Durante estas dos semanas, el cuerpo puede consolidar algunas de las mejoras obtenidas en altura, al tiempo que se recupera de la intensidad del entrenamiento en hipoxia y se reacostumbra a la mayor disponibilidad de oxígeno, lo que puede permitir realizar entrenamientos de mayor calidad y recuperar la sensación de 'ligereza' en las piernas.
A continuación, una tabla comparativa de las estrategias de competición:
| Estrategia de Competición | Ventajas | Desventajas |
|---|---|---|
| Inmediatamente (0-3 días) | Aprovecha el pico de adaptaciones fisiológicas (más glóbulos rojos). | Riesgo de fatiga residual por la adaptación a la altitud. |
| Después de 2 Semanas | Permite al cuerpo reajustarse y recuperar la sensación normal. | Las adaptaciones (ej. aumento de glóbulos rojos) pueden empezar a disminuir. |
La elección entre una u otra estrategia a menudo depende de la respuesta individual del atleta, la duración de la estancia en altura y la naturaleza de la competición. Es crucial escuchar al cuerpo y, si es posible, probar ambas aproximaciones en entrenamientos de menor importancia para ver cuál funciona mejor.
Compitiendo en Altura sin Haber Entrenado Allí: ¿Qué Esperar?
Si tu objetivo es competir en un lugar con mayor altitud de la que estás acostumbrado a vivir y entrenar (ej. un maratón en una ciudad a 1500 msnm, viviendo a nivel del mar), es muy probable que notes los efectos del cambio. La magnitud de estos efectos dependerá de la diferencia de altitud y de la capacidad individual de adaptación.
Toni Peña, viviendo en Mallorca (nivel del mar), notaba el cambio al competir en Madrid (aproximadamente 667 msnm): “Las primeras veces que íbamos a competir a la península, en particular a Madrid, se notaba el cambio de altura.”
Los síntomas más comunes incluyen una sensación de falta de aire o dificultad en la respiración, que puede traducirse en una pesadez en las piernas, una falta de brío o la impresión de llevar un peso adicional. Esto, lamentablemente, suele ir acompañado de una bajada en el rendimiento y resultados por debajo de lo esperado. Para corredores populares, que no se juegan su carrera profesional, la recomendación es simplemente ser consciente de que probablemente no lograrán su mejor marca personal y que la carrera requerirá un mayor esfuerzo y desgaste. Si se tiene la oportunidad de pasar algunos días previos en la altitud de la competición, aunque sea sin un entrenamiento específico de hipoxia, puede ayudar a una ligera aclimatación.
¿Se Puede Simular la Altura? Cámaras Hiperbáricas y Más Allá
El entrenamiento en altura, si bien es una herramienta poderosa para corredores de élite, puede ser logísticamente complejo y costoso para un corredor amateur. Sin embargo, existen métodos para simular estas condiciones de hipoxia sin necesidad de viajar a las montañas. Las más conocidas son las cámaras hipobáricas o hipóxicas, donde se reduce artificialmente la concentración de oxígeno para emular las condiciones de altitud elevada.
Estas cámaras se hicieron muy populares en la época de Toni Peña. Él mismo las consideraba, pero optó por los desplazamientos reales: “Lo cierto es que además de caras eran muy incómodas.” Si bien la tecnología ha avanzado, siguen siendo una opción con una inversión considerable.
La idea detrás de estas cámaras es provocar los mismos cambios fisiológicos que ocurren en la altitud natural, mejorando así el rendimiento. Para un corredor popular que deba afrontar una competición en altitud, si tiene la posibilidad de acceder a estas cámaras o a un centro de entrenamiento en hipoxia simulada, podría ser beneficioso. Sin embargo, para la mayoría, la conciencia de que el rendimiento podría verse afectado y la aceptación de un mayor esfuerzo son las claves.
Live High, Train Low (LHTL): La Estrategia en Debate
Una de las teorías más intrigantes en el entrenamiento en altura es la estrategia 'Live High, Train Low' (LHTL), que se traduce como 'Vive Alto, Entrena Bajo'. La lógica es simple: vivir en altitud permite al cuerpo adaptarse a la hipoxia, aumentando la capacidad de transporte de oxígeno (por ejemplo, con más glóbulos rojos). Sin embargo, entrenar a alta intensidad en altitud es difícil debido a la falta de oxígeno, lo que puede llevar a entrenamientos de menor calidad. La solución propuesta por LHTL es pasar la mayor parte del tiempo (especialmente durmiendo) en altitud, y descender a una altitud más baja cada día para realizar los entrenamientos de alta intensidad. Esto permitiría al atleta beneficiarse de las adaptaciones fisiológicas de la altura mientras mantiene la calidad e intensidad del entrenamiento.
Inicialmente, estudios pioneros en la década de 1990 mostraron que el LHTL aumentaba el rendimiento aeróbico en atletas de resistencia. No obstante, estos estudios a menudo carecían de controles rigurosos, como el 'doble ciego' o el uso de placebos, lo que generaba dudas sobre la objetividad de los resultados, dado el gran impacto de la motivación y la percepción en el rendimiento deportivo.
Recientemente, esta efectividad ha sido objeto de un intenso debate científico. Carsten Lundby, de la Universidad de Zúrich, lideró un estudio doble ciego y controlado con placebo con ciclistas. Durante ocho semanas, los ciclistas pasaron 16 horas al día en cámaras hipóxicas. Diez habitaciones simulaban 3.000 metros de altitud, mientras que seis simulaban menos de 1.200 metros. Ni los atletas ni los científicos sabían qué altura simulaba cada habitación. Sorprendentemente, no se encontraron diferencias significativas ni en las mediciones sanguíneas (como la masa de hemoglobina) ni en el rendimiento sobre la bicicleta entre ambos grupos.
Un estudio posterior del Instituto Australiano del Deporte, con 37 nadadores de élite, también arrojó resultados similares. Divididos en tres grupos (LHTL, entrenamiento clásico en altura, y sin entrenamiento en altura), no se observaron diferencias en el rendimiento, incluso notando que los grupos que entrenaron en altitud nadaron ligeramente más lento hasta una semana después del campamento.
Los críticos de estos estudios argumentan que el estudio de Lundby era demasiado artificial, y que el estudio de los nadadores se centró en distancias cortas (100 y 200 metros) donde los beneficios de resistencia son más difíciles de percibir. A pesar de estas controversias y las dudas que aún persisten, es fundamental destacar que ninguno de estos estudios demostró que el entrenamiento en altura, ya sea clásico o LHTL, cause efectos negativos en el rendimiento. La ciencia sigue investigando para desentrañar completamente los mecanismos y la efectividad óptima de estas estrategias.
Preguntas Frecuentes sobre el Entrenamiento en Altura
¿Qué es la hipoxia en el contexto del entrenamiento?
Es la condición de baja disponibilidad de oxígeno en el aire, que ocurre naturalmente a altitudes elevadas. El entrenamiento en altura busca exponer el cuerpo a esta condición para provocar adaptaciones fisiológicas.
¿Cuánto tiempo tarda el cuerpo en aclimatarse a la altura?
Se necesitan al menos 10 días para que las adaptaciones fisiológicas iniciales comiencen a producirse. Para beneficios significativos y duraderos, se recomienda una estancia mínima de 21 días, y muchos atletas de élite optan por un mes o más.
¿Cuánto duran los beneficios del entrenamiento en altura una vez que se desciende?
Los cambios son temporales y reversibles. Pueden durar desde unos pocos días hasta un par de semanas, dependiendo del individuo y la duración de la estancia en altura. Por eso es crucial el timing de la competición.
¿El entrenamiento en altura es solo para atletas de élite?
Aunque es una herramienta muy utilizada por la élite, los corredores amateurs también pueden obtener beneficios en su resistencia y capacidad aeróbica. Sin embargo, requiere una planificación cuidadosa y un entendimiento de sus implicaciones.
¿Qué pasa si compito en altura sin haber entrenado allí?
Es probable que experimentes una sensación de falta de aire, pesadez en las piernas y una disminución en tu rendimiento habitual debido a la menor disponibilidad de oxígeno. Es importante ajustar las expectativas y no buscar una marca personal.
El entrenamiento en altura, una práctica avalada por la experiencia de grandes figuras como Toni Peña, ofrece un camino fascinante hacia la mejora del rendimiento atlético. Aunque exige una planificación meticulosa y una comprensión profunda de las respuestas del cuerpo a la hipoxia, los beneficios en términos de resistencia y eficiencia en el transporte de oxígeno son innegables. Desde la fase de adaptación inicial hasta la crucial decisión de cuándo competir tras el descenso, cada detalle cuenta. Y si bien la ciencia continúa afinando su comprensión sobre las estrategias más avanzadas como el 'Live High, Train Low', lo cierto es que la exposición a la altitud, ya sea natural o simulada, sigue siendo una valiosa herramienta para quienes buscan llevar su capacidad de resistencia al siguiente nivel. Escucha a tu cuerpo, planifica con inteligencia y prepárate para sentir la diferencia.
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