05/12/2024
La mañana del Viernes Santo, una noticia sacudió el panorama cultural y social español: Fernando Sánchez Dragó, el prolífico escritor, polemista y figura controvertida, había fallecido en su residencia de Castilfrío de la Sierra, en la provincia de Soria. Su partida, apenas minutos después de haber compartido su último pensamiento en redes sociales, marcó el final de una vida intensa, ligada indisolublemente a la tierra soriana que consideraba su refugio y fuente de inspiración. Su muerte no dejó indiferente a nadie, reflejando la polarización que su figura siempre generó.

Desde su papel como hijo adoptivo de la capital hasta su arraigo como vecino pródigo de Castilfrío de la Sierra, la relación de Sánchez Dragó con Soria fue compleja y multifacética. Fue el lugar donde pasó parte de su infancia y adolescencia, un vínculo que lo impulsó a regresar una y otra vez, convirtiendo la provincia no solo en el marco de muchas de sus obras, sino en el espacio físico donde cobraban vida. La quietud de Castilfrío era su santuario, un lugar donde, irónicamente, una placa de cerámica en su casa advertía a los curiosos: “Visita no acordada, visita no deseada”. Este letrero, quizás, encapsulaba su deseo de privacidad en un mundo que siempre lo tuvo bajo el escrutinio público.
El Adiós en Castilfrío de la Sierra
El deceso de Fernando Sánchez Dragó en su hogar de Castilfrío de la Sierra, un pequeño municipio en las Tierras Altas sorianas, ocurrió mientras preparaba su discurso de aceptación del prestigioso Premio Castilla y León de las Letras. Este galardón, que debía recibir ese mismo mes, se convirtió en la última de sus muchas polémicas, al ser concedido por una consejería de la Junta de Castilla y León dirigida por Vox, partido del que Dragó se había erigido en una suerte de consejero intelectual. Su último tuit, publicado poco antes de su fallecimiento, fue un reflejo de su constante interacción con una red social que, para muchos, parecía diseñada a su medida, permitiéndole expresar sin filtros sus pensamientos y opiniones.
Castilfrío, más que un simple lugar de residencia, era para Dragó un ancla. Allí, en medio de la tranquilidad de la sierra, buscaba la concentración para escribir y la paz para reflexionar. La noticia de su muerte en este paraje tan significativo para él, y la decisión de que fuera enterrado allí, a las 18:00 horas del martes siguiente, subraya la profundidad de su conexión con la provincia. No era solo un lugar donde vivir, era el lugar donde ser él mismo, lejos del bullicio de la vida pública que tanto dominó.
Soria: Su Refugio, Su Inspiración
La provincia de Soria no fue un mero telón de fondo en la vida de Fernando Sánchez Dragó; fue un elemento fundamental para entender su obra y su propia existencia. Desde su infancia y adolescencia, Soria se grabó en su memoria y corazón, convirtiéndose en el destino al que siempre quiso volver. Era su retiro, un lugar de introspección y creatividad. No solo sirvió como inspiración y marco para muchas de sus narrativas, sino que también fue el espacio físico donde materializaba sus ideas, donde sus libros tomaban forma.
Su vinculación con Castilfrío de la Sierra era especialmente profunda. Tomás Cabezón, diputado nacional y concejal en el municipio, lo describió como una “persona sencilla” más allá del autor de renombre y el polemista. Dragó “apostó” por el pueblo, implicándose activamente en mejoras locales, como los arreglos en el tejado de la iglesia, para los cuales movilizó sus contactos eclesiásticos. Siempre tenía proyectos en mente para el municipio, demostrando un compromiso genuino con la comunidad que lo acogió. Esta faceta menos conocida, la del vecino involucrado, contrasta con la imagen pública de figura excéntrica y controvertida, revelando una personalidad con múltiples capas.
El Hombre Detrás del Polemista y Sus Visiones
La complejidad de Fernando Sánchez Dragó radicaba en la coexistencia de múltiples facetas en una misma persona. Para muchos sorianos, su figura generaba sentimientos encontrados: desde quienes recordaban con gozo sus anécdotas más transgresoras ligadas a las fiestas de San Juan, hasta quienes sentían un profundo rechazo por sus confesiones más polémicas, como la de haber tenido sexo con menores. Sin embargo, en las distancias cortas, como señala Tomás Cabezón, Dragó era un hombre diferente. “Era sencillo y hablaba de lo que podemos hablar cualquiera”, con un “verbo” prodigioso y una “cultura que desprendía”. Esta dualidad es clave para entender el impacto que tuvo en Soria y en España.
Entre sus muchos proyectos para Castilfrío, uno destacaba por su ambición y singularidad: la idea de instalar su inmensa biblioteca en el municipio. Dragó quería legar sus libros al pueblo, que estos estuvieran en un “centro cultural con forma de pirámide”. Este proyecto, que reflejaba su pasión por el conocimiento y su deseo de dejar un legado duradero en su amada Soria, es solo un ejemplo de su visión y su compromiso con la localidad. La biblioteca, descrita por quienes la conocieron como “increíblemente inmensa”, era un reflejo de su vasto saber y su dedicación a la literatura.
Soria Capital y la Pasión Sanjuanera
La relación de Fernando Sánchez Dragó con Soria no se limitaba a la tranquilidad de Castilfrío; también se extendía al vibrante corazón de la capital. Era una figura habitual en los establecimientos más castizos de Soria, ya fueran librerías, tascas o mesones, siempre en compañía de una única acompañante, generalmente de género femenino y de corta edad, un detalle que no pasaba desapercibido. Su otro gran fetiche con la ciudad del Duero eran, sin duda, las Fiestas de San Juan, una celebración que vivía con intensidad y que, a menudo, era escenario de sus anécdotas más sonadas.
Durante décadas, Dragó fue un asiduo de los Sanjuanes, y no era difícil encontrarlo en algún ‘sarao’ durante esos cinco días de festividad. En un gesto que generó considerable revuelo, y coincidiendo con la suspensión de las fiestas durante la pandemia de Covid, Dragó compartió en redes sociales su anécdota más sexual relacionada con un Jueves la Saca, añadiendo otra capa a su ya controvertida imagen pública. Sus comentarios sobre la capital no siempre fueron bien recibidos; hace menos de un año, criticaba las vestimentas de los sorianos en el Collado y las “bullipolleces gastronómicas” que, según él, llevaban a los chefs a ganar estrellas Michelin. Su lamento de que “las nietas de las madres que amé tanto van en semicueros por la calle” evidenciaba su nostalgia por una Soria que, en su imaginario, se anclaba en un pasado idealizado, una “Soria medieval” que anhelaba y que, afortunadamente para muchos, ya no existía.
Un Legado Literario Complejo
Fernando Sánchez Dragó fue un autor prolífico y reconocido, ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Literatura (1979 y 2000), con más de 40 obras publicadas. Sin embargo, su faceta literaria, especialmente en sus últimos años, a menudo quedó eclipsada por su figura pública y sus polémicas. César Millán, crítico literario y librero soriano, quien reconocía no “congeniar muy bien” con el autor, destacó la “fuerza increíble” de una de sus obras cumbre, Gargoris y Habidis, historia mágica de España. Este título, según Millán, reunía todas las historias de mitos y leyendas del país, siendo una pieza fundamental en su bibliografía.

Otra obra destacada fue La prueba del laberinto, con la que ganó el Premio Planeta en 1992, demostrando su calidad como escritor. Millán recordó cómo en estos viajes literarios hacia los orígenes, lo desconocido, lo espiritual y lo inquietante, la provincia de Soria siempre ocupaba un lugar preferente, siendo una constante en su narrativa. Aunque su forma de narrar era “muy particular”, el crítico observó que “se fue desvirtuando un poquito con sus obras de tintes autobiográficos” y, en sus últimos libros, como ‘Dios los cría’ o la biografía de Santiago Abascal, Dragó se inclinó hacia el lado más controvertido. “En los últimos años su trabajo se ha visto superado por lo polémico de su figura”, concluyó Millán, un sentimiento compartido por muchos que siguieron su trayectoria. Aun así, obras como ‘El Camino del Corazón’ y las ya mencionadas ‘La prueba del laberinto’ y ‘Gargoris y Habidis’ se mantuvieron como las más vendidas en librerías sorianas, demostrando la perdurabilidad de su legado literario.
Reacciones y el Impacto de su Ausencia
La muerte de Fernando Sánchez Dragó generó una cascada de reacciones en todo el espectro social, desde la política hasta la cultura y el mundo del espectáculo. Su fallecimiento y el lugar donde ocurrió, Castilfrío de la Sierra, se convirtieron rápidamente en tendencia en redes sociales, demostrando el impacto transversal de su figura. El alcalde de Soria, Carlos Martínez Mínguez, que se encontraba en una rueda de prensa al conocer la noticia, reiteró su respeto como escritor, aunque mantuvo su “discrepancia desde el punto de vista ideológico” con sus posturas más recientes, ofreciendo sus condolencias a familiares y allegados.
Desde la Junta de Castilla y León, el presidente se mostró “apenado”, definiéndolo como “un gran escritor y soriano de adopción”. Más cercanos ideológica y personalmente, el consejero de Cultura, Gonzalo Santonja, le dedicó un emotivo “Fernando, viejo amigo, hasta que Dios quiera”, mientras que el vicepresidente de la Junta, García Gallardo, exclamó: “Ruge desde el cielo, lobo feroz”. Santiago Abascal, líder de Vox, quien había compartido momentos con Dragó incluso jugando al futbolín en su casa de Castilfrío, lo describió como “uno de los escritores más brillantes de las últimas décadas”, resaltando su “legado de lucha por la libertad, de amor desacomplejado por su patria y por la literatura y de resistencia ante cualquier imposición ideológica”. Estas reacciones, diversas y a menudo contrastantes, reflejan la complejidad de una figura que, hasta el final, no dejó a nadie indiferente.
Preguntas Frecuentes
- ¿Dónde falleció Fernando Sánchez Dragó?
Falleció en su residencia de Castilfrío de la Sierra, un pequeño municipio en las Tierras Altas sorianas, provincia de Soria.
- ¿Qué premios literarios importantes recibió?
Fue galardonado dos veces con el Premio Nacional de Literatura (1979 y 2000) y ganó el Premio Planeta en 1992 con su obra 'La prueba del laberinto'.
- ¿Cuál era su relación con Soria?
Tenía un vínculo muy especial con Soria, donde pasó parte de su infancia y adolescencia. La consideraba su refugio, su inspiración y el lugar físico donde escribía. Tenía una profunda conexión con Castilfrío de la Sierra y también era un asiduo de las fiestas de San Juan en la capital.
- ¿Qué polémica reciente protagonizó antes de su muerte?
La última polémica giró en torno al Premio Castilla y León de las Letras, que le fue concedido por una consejería de la Junta dirigida por Vox, partido del que él se había erigido en consejero.
- ¿Fue enterrado en Soria?
Sí, fue enterrado en Castilfrío de la Sierra, el lugar que consideraba su refugio.
La vida de Fernando Sánchez Dragó, marcada por la literatura, la polémica y un amor incondicional por Soria, concluyó en el mismo lugar que tanto significó para él. Su legado, complejo y multifacético, seguirá siendo objeto de debate y estudio, pero su impacto en la cultura y en la provincia soriana permanecerá como un testimonio de una figura que, para bien o para mal, siempre estuvo en el centro de la conversación.
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