16/12/2017
A cuarenta años de aquellos días que marcaron a fuego la historia argentina, la Guerra de Malvinas sigue siendo una herida abierta y un objeto de profundo estudio. El conflicto, que estalló oficialmente el 2 de abril de 1982, no fue un evento súbito, sino la culminación de meses de intrigas políticas, luchas de poder internas en la cúpula militar y una planificación estratégica que buscaba consolidar a una dictadura desgastada. La Junta Militar, integrada por el almirante Jorge Anaya, el teniente general Leopoldo F. Galtieri y el brigadier general Omar Rubens Graffigna (luego reemplazado por Basilio Arturo Lami Dozo), se embarcó en una aventura bélica cuyas consecuencias serían devastadoras para la Argentina.
- El Golpe Blanco y la Ascensión de Galtieri
- La Intransigencia de Lami Dozo y el Compromiso de Galtieri
- Malvinas: Un Plan Naval en Gestación
- El Nuevo Gabinete y las Expectativas Internacionales
- La Decisión Secreta: El 5 de Enero de 1982
- Detalles de la Planificación Militar
- Reflexiones sobre la Decisión
El Golpe Blanco y la Ascensión de Galtieri
El jueves 10 de diciembre de 1981, el almirante Jorge Anaya, en un movimiento que sería calificado como un “golpe blanco”, anunció la drástica decisión de la Junta de remover al presidente de facto Roberto Eduardo Viola. El ultimátum fue claro y contundente: “Se han agotado los procedimientos y los tiempos para el tratamiento de la actual situación institucional”. Viola, quien no había cumplido un año en el poder, se negó a renunciar, lo que llevó a su relevo formal por “razones de Estado” al día siguiente. La noticia sacudió el panorama político, aunque la prensa de la época ya olfateaba el descontento militar con la gestión de Viola.
A las 17 horas del 11 de diciembre, el general Héctor Eduardo Iglesias, en nombre de la Junta Militar, informó que el teniente general Leopoldo F. Galtieri asumiría la presidencia de la Nación el martes 22 de diciembre, reteniendo además su cargo de comandante en Jefe del Ejército. Esta decisión no solo concentraba un poder inusitado en una sola figura, sino que también rompía con años de discusiones internas sobre la distribución de roles en el Órgano Supremo del Estado, la Junta Militar. Los medios, como La Prensa, a través de columnas firmadas por figuras como Álvaro Alsogaray, clamaban por un cambio de política económica y una apertura política que desembocara en la constitución de un congreso. La sociedad, por su parte, observaba con creciente escepticismo el devenir de los acontecimientos.
La Intransigencia de Lami Dozo y el Compromiso de Galtieri
Un detalle crucial y poco difundido de aquellos días es la casi no integración del brigadier Basilio Arturo Lami Dozo a la Junta Militar. La decisión de Galtieri de retener la comandancia en jefe del Ejército, además de asumir la presidencia, generó una fuerte fricción. Lami Dozo, con su característica franqueza, le manifestó al brigadier general Graffigna: “Así no asumo”. Este planteo no era menor; implicaba el rechazo a un modelo de concentración de poder que desdibujaba el papel colegiado de la Junta.
Fue en esas horas de tensión que Graffigna intercedió, logrando que Lami Dozo participara en una reunión de la Junta. Allí, Galtieri se vio obligado a comprometerse a pasar a retiro en un tiempo “prudencial”, estimado para fines de 1982. Este acuerdo fue fundamental para la cohesión interna de la cúpula militar, aunque el compromiso de Galtieri, como la historia demostraría, sería efímero. La integración de Lami Dozo a la Junta, por lo tanto, no fue automática, sino el resultado de una negociación que dejó en evidencia las ambiciones de poder de Galtieri desde el inicio de su mandato.
Mientras la cúpula militar reacomodaba sus piezas, en el interior de las fuerzas armadas, particularmente en la Armada, la idea de recuperar las Malvinas no era nueva. De hecho, existía un plan detallado y permanentemente actualizado. El almirante Jorge Isaac Anaya, el mismo que había orquestado la caída de Viola, veía en Malvinas el “elemento que aglutine a la sociedad” y consolidara al régimen. Su visión era clara y su determinación inquebrantable.
El 18 de diciembre de 1981, el contralmirante (R) Luis Pedro Sánchez Moreno, embajador argentino en Perú y compañero de promoción de Anaya, se reunió con él en el Edificio Libertad. Anaya, sin rodeos, interrumpió la conversación sobre la situación peruana para soltar la bomba: “El proceso se ha deteriorado mucho y tenemos que buscar un elemento que aglutine a la sociedad. Ese elemento es Malvinas.” Sánchez Moreno, conociendo la idiosincrasia británica, advirtió a Anaya: “Margaret Thatcher no se va a dejar llevar por delante por un gobierno militar. Los ingleses son como los ‘bull dog’, cuando muerden a la presa no la sueltan…”. La respuesta de Anaya fue un frío “es todo Sánchez Moreno”, dando por terminada la reunión. Las advertencias sobre la tenacidad británica fueron desoídas, en un claro indicio de la determinación argentina.
El 22 de diciembre, el mismo día que Galtieri juró como presidente, Anaya le entregó a su jefe de Estado Mayor, vicealmirante Alberto Gabriel Vigo, una orden manuscrita con tres puntos clave sobre Malvinas, Super Etendard y P-3. Esta fue la primera orden directa para el conflicto armado, pidiendo un plan actualizado para la recuperación, el envío de personal para reconocimiento, y un plan detallado para la ocupación y defensa de Stanley. La Armada, a través del vicealmirante Juan José Lombardo, fue instruida para elaborar el plan “Secreto” Nº 326/81, evidenciando que la iniciativa militar sobre Malvinas nacía, principalmente, del seno naval.
El Nuevo Gabinete y las Expectativas Internacionales
Con Galtieri en la presidencia, se formó un nuevo gabinete. Nicanor Costa Méndez asumió en la Cancillería, Roberto Alemann en Economía, y el general Alfredo Saint Jean en Interior, entre otros. Costa Méndez, en particular, veía su regreso como una reivindicación personal. Su “condición” para aceptar el cargo, según revelaría luego, era “entrar, tocar e irse” de las Malvinas, una frase que encapsulaba la efímera visión de la operación. Las usinas militares y civiles trabajaban a destajo para imponer a sus hombres en el nuevo gabinete, buscando una política exterior que reflejara la “firmeza” de las Fuerzas Armadas, especialmente en lo que respecta a Malvinas y el conflicto del Beagle con Chile.
La prensa internacional, como O Globo y Jornal do Brasil, ya hablaba del “agotamiento del régimen discrecional” y del “fracaso total y absoluto” del Proceso. Sin embargo, el nuevo gobierno, con Galtieri al frente, intentaba proyectar una imagen de renovación. Se buscaba un mayor acercamiento con Estados Unidos, y se especulaba con el retiro de Argentina del Movimiento de Países No Alineados. La visita de importantes senadores estadounidenses a principios de enero de 1982 fue un intento de mostrar una apertura, aunque las conversaciones seguían gravitando sobre Malvinas y Beagle.
La Decisión Secreta: El 5 de Enero de 1982
El punto de inflexión se dio el martes 5 de enero de 1982. Los tres comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas se reunieron en el edificio “Libertador”, sede del Ejército. Oficialmente, la agenda incluía la recomposición de gobernadores, nombramientos de embajadores y planes de austeridad. Sin embargo, lo más trascendental de aquella reunión fue la discusión sobre la cuestión Malvinas en el contexto de la política exterior. Se concluyó que debía adoptarse una política “agresiva”. Tras largos argumentos sobre la importancia de las islas y el desasosiego argentino por años de negociaciones infructuosas, se decidió encargar un estudio de Estado Mayor “abreviado” con la participación de un representante de cada fuerza armada. El objetivo era claro: “no solamente había que obtener una reestructuración de las negociaciones con GRAN BRETAÑA con miras a la nueva ronda de negociaciones, sino que se deberían comenzar los estudios para analizar la factibilidad y conveniencia de una ocupación de las islas.”
Es en este contexto que se produce la conversación clave que responde a la pregunta central de este artículo. Antes del inicio formal de la reunión, en un pasillo del tercer piso del edificio “Libertador”, el jefe del Ejército, Leopoldo Galtieri, le habló al brigadier general Basilio Lami Dozo. Galtieri, que a veces lo llamaba “Negro” a Lami Dozo, le dijo: “‘Negro’ quiero hablar con vos sobre Malvinas. La cosa no anda bien”. Esta frase, dicha de forma casual, pero cargada de significado, confirmaba que la decisión de avanzar militarmente en Malvinas ya estaba tomada o, al menos, era una opción muy seria y prioritaria para el Ejército, impulsada por la Armada.
Detalles de la Planificación Militar
La reunión del 5 de enero sentó las bases para la acción militar. El 12 de enero, la Junta Militar, nuevamente reunida en el edificio Libertador, formalizó la planificación. Lo que no se reveló a la prensa fue que “se trató la planificación militar de Malvinas como acción alternativa en caso de fracasar la solución negociada con Gran Bretaña y teniendo siempre el propósito de lograr el objetivo político a través de un acuerdo.” Por una resolución no incorporada al Acta de la Junta Militar, se designó a un comité secreto para analizar el empleo del poder militar: el General de División García (Ejército), el Brigadier Mayor Plessl (Fuerza Aérea) y el Vicealmirante Lombardo (Armada). El trabajo sería secreto y manuscrito, y se realizaría en distintos lugares de reunión, lo que subraya la confidencialidad y la importancia estratégica que se le daba a la operación.
Esta planificación conjunta, aunque con la Armada como principal impulsora inicial, marcó el inicio de la cuenta regresiva. La convicción de que la vía diplomática estaba agotada o que no produciría los resultados deseados llevó a la Junta a considerar la fuerza como el único camino. La percepción de una Argentina exhausta y un gobierno militar desgastado, como lo señalaban los observadores internos y externos, hizo que la aventura de Malvinas se presentara como una última oportunidad para el régimen de facto de recuperar el apoyo popular y la legitimidad.
Reflexiones sobre la Decisión
La decisión de ir a la guerra fue un cúmulo de factores: el agotamiento del Proceso de Reorganización Nacional, la necesidad de un evento que unificara a la sociedad, las ambiciones personales de poder dentro de la Junta y una visión errónea de la reacción británica. La falta de un plan político robusto y la subestimación de la respuesta internacional se combinarían para llevar a Argentina a una de sus mayores tragedias contemporáneas.
La frase de Galtieri a Lami Dozo en el pasillo, aparentemente informal, es un testimonio de cómo las decisiones de gran calado, que afectarían a millones, se cocinaban en la intimidad de los círculos de poder, lejos del escrutinio público y con una alarmante celeridad. La “cosa no anda bien” en Malvinas se transformaría en el preludio de una guerra que nadie, excepto quizás la cúpula militar, imaginó en su real dimensión.
Preguntas Frecuentes sobre la Antesala de la Guerra de Malvinas
¿Por qué la Junta Militar decidió ir a la guerra?
La principal motivación fue la necesidad de la dictadura de consolidar su poder y legitimidad frente a una sociedad cada vez más descontenta y un régimen desgastado. Se buscaba un “acontecimiento de carácter nacional” que unificara al país y desviara la atención de la grave crisis económica y política. La recuperación de la soberanía sobre las Malvinas fue vista como el catalizador perfecto para este propósito.
¿Cuál fue el papel de cada miembro de la Junta en la decisión?
El almirante Jorge Anaya fue el principal impulsor de la acción militar, con un plan naval preexistente y una clara convicción de que Malvinas sería el elemento aglutinador. El teniente general Leopoldo F. Galtieri, como presidente de facto y comandante del Ejército, adoptó la iniciativa y la llevó adelante, aunque el Ejército no tenía un plan previo tan desarrollado como la Armada. El brigadier general Basilio Arturo Lami Dozo, aunque inicialmente reticente a la estructura de poder de Galtieri, terminó aceptando la decisión y participando en la planificación.
¿Hubo advertencias sobre las consecuencias de la guerra?
Sí, hubo advertencias. El contralmirante (R) Luis Pedro Sánchez Moreno, embajador en Perú, advirtió directamente a Anaya sobre la tenacidad británica y la personalidad de Margaret Thatcher, comparando a los ingleses con “bull dogs” que no sueltan a su presa. Estas advertencias, sin embargo, fueron desoídas por la cúpula militar, que subestimó la capacidad de respuesta y la determinación del Reino Unido.
¿Cuándo se tomó la decisión definitiva de la acción militar?
La decisión formal de encargar estudios para una posible ocupación de las islas, en caso de fracasar la vía diplomática, se tomó el 5 de enero de 1982 en una reunión de los tres comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la planificación naval ya estaba en marcha desde días antes, impulsada por Anaya. El 12 de enero se designó un comité secreto para desarrollar la planificación militar detallada.
¿Qué se esperaba lograr con la toma de las Malvinas?
Más allá de la recuperación de la soberanía, la Junta Militar esperaba que la acción en Malvinas generara un fuerte respaldo popular, consolidara al gobierno de facto y le diera una nueva legitimidad. Se creía que el impacto internacional sería manejable y que Gran Bretaña no respondería con una fuerza militar significativa, una grave equivocación de cálculo político y estratégico.
Tabla Comparativa: Visiones y Roles en la Junta Militar
| Miembro de la Junta | Fuerza | Rol Principal | Visión sobre Malvinas | Posición Inicial |
|---|---|---|---|---|
| Leopoldo F. Galtieri | Ejército | Presidente de facto y Comandante en Jefe del Ejército | Inicialmente no tenía un plan militar detallado. Adoptó la iniciativa naval para consolidar el régimen. | Asume la presidencia reteniendo el comando del Ejército, lo que genera fricción. |
| Jorge I. Anaya | Armada | Comandante en Jefe de la Armada | Principal impulsor y planificador de la acción militar. Veía en Malvinas el elemento aglutinador para la sociedad. | Determinante en la remoción de Viola y en la urgencia de la operación Malvinas. |
| Basilio A. Lami Dozo | Fuerza Aérea | Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea | Participó en la planificación una vez integrada la Junta, aceptando la dirección de la operación. | Inicialmente se opone a integrar la Junta si Galtieri retiene el comando del Ejército, exigiendo un compromiso de retiro. |
La historia de la Guerra de Malvinas es, en gran medida, la historia de las decisiones y las omisiones de esta Junta Militar. Los días previos al 2 de abril de 1982 fueron un entramado de ambiciones, cálculos erróneos y un secreto a voces que, para cuando la sociedad argentina se enteró de su verdadera dimensión, ya era demasiado tarde para revertir el curso de los acontecimientos. La aventura bélica, concebida como una solución a problemas internos, se transformó en una tragedia que dejó una profunda cicatriz en la memoria colectiva argentina.
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