¿Por qué Pizarro viajó a la corte del emperador Carlos?

Pizarro ante el Emperador: La Semilla de un Imperio

19/10/2021

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Tras dos expediciones fallidas, plagadas de penurias, hambre y enfrentamientos, Francisco Pizarro se encontró en una encrucijada. La visión de un imperio rico en el sur, el mítico “Birú” o “Pirú”, era una promesa tentadora, pero los recursos locales y el apoyo del gobernador de Panamá, Pedro de los Ríos, eran insuficientes. Para transformar un sueño recurrente en una realidad tangible, Pizarro necesitaba algo más que determinación y unos pocos hombres leales: requería la legitimidad y el respaldo de la máxima autoridad de España, el propio emperador Carlos V. Este viaje a la corte española no fue un simple trámite administrativo, sino un punto de inflexión decisivo que sentaría las bases para la eventual conquista del Imperio Inca, pero también, paradójicamente, sembraría las semillas de futuras y sangrientas discordias entre los propios conquistadores.

¿Por qué Pizarro viajó a la corte del emperador Carlos?
El problema era que el gobernador no quería saber nada de un nuevo viaje, y por ello Pizarro viajó hasta la Corte del emperador Carlos para que le diera permiso. Fue en este viaje donde Pizarro se encontró con Hernán Cortés, quien también andaba por ahí reclamando sus derechos.

La historia de la conquista del Perú, un vasto territorio que albergaba el impresionante Imperio Inca, es una epopeya de ambición, resistencia y dramáticos giros del destino. Sin embargo, antes de que los estruendos de la batalla resonaran en los Andes, hubo un momento crucial en la vieja Europa: la formalización de la empresa por parte de la Corona. Pizarro, un hombre de orígenes humildes pero con una ambición desmedida, comprendió que solo con la bendición real podría aspirar a la gloria y la riqueza que tanto anhelaba.

Índice de Contenido

La Desesperación en Panamá y la Necesidad de la Corona

Las dos primeras expediciones de Pizarro, iniciadas en 1524, fueron un calvario. La primera, a bordo del bergantín Santiago con apenas 80 hombres, fue un desastre. La selva inhóspita, los enfrentamientos con nativos hostiles y la escasez de provisiones dejaron a Pizarro herido y a su socio, Diego de Almagro, ciego de un ojo. A pesar de los reveses, la Compañía de Levante, formada por Pizarro, Almagro y el clérigo Hernando de Luque, no se rindió.

La segunda expedición, en 1526, fue aún más reveladora y, al mismo tiempo, más dramática. Aunque el piloto Bartolomé Ruiz de la Estrada logró un contacto prometedor con nativos que exhibían riquezas, la expedición se vio diezmada por el hambre, las enfermedades y los peligros de la fauna local. La famosa “Porfía de Atacames” puso de manifiesto las tensiones internas, con Almagro y Pizarro al borde de desenvainar sus espadas. El episodio de los “Trece de la Fama” en la Isla del Gallo, donde Pizarro trazó una línea en la arena y solo un puñado de hombres valientes decidió quedarse, es un testimonio de la extrema dificultad y la férrea determinación de aquellos que creían en la promesa de un gran imperio al sur.

Finalmente, la expedición llegó a Tumbes, la primera ciudad incaica avistada, confirmando la existencia de una civilización avanzada y rica. Sin embargo, al regresar a Panamá, el nuevo gobernador, Pedro de los Ríos, sucesor de Pedrarias Dávila, estaba harto de los constantes fracasos y del alto costo humano de las expediciones de Pizarro. Un marinero había logrado enviar un mensaje oculto en un ovillo, detallando las calamidades del viaje, lo que llevó al gobernador a negarse rotundamente a autorizar cualquier nueva empresa hacia el sur. Pizarro se encontraba en un callejón sin salida: sin el apoyo del gobernador, su sueño de conquista se desvanecía. Solo quedaba una opción, arriesgada y costosa: apelar directamente a la Corona española.

El Largo Viaje a la Corte Imperial y el Encuentro con la Leyenda

En mayo de 1528, tras haber confirmado la existencia de un vasto imperio al sur, Francisco Pizarro, un hombre ya en la cincuentena, se embarcó en el largo y peligroso viaje de regreso a España. Su misión era de vital importancia: obtener de la Corona el permiso, los títulos y el apoyo financiero y militar necesarios para emprender la conquista del Perú. Era una apuesta arriesgada; muchos habían intentado tales empresas sin éxito, y la corte de Carlos V estaba lejos de ser un lugar donde las súplicas fueran escuchadas fácilmente.

Durante su estancia en España, Pizarro tuvo un encuentro que pudo haber sido decisivo para su estrategia. En la corte imperial, se encontró con Hernán Cortés, el legendario conquistador del Imperio Azteca, quien también se hallaba en la península reclamando y defendiendo sus propios derechos y recompensas tras la titánica conquista de Nueva España. Este encuentro entre los dos más grandes conquistadores de América debió ser de un valor incalculable para Pizarro. Cortés, con su vasta experiencia en la caída de un gran imperio indígena, pudo haberle ofrecido valiosos consejos sobre cómo negociar con la Corona, la importancia de la legitimidad real, la diplomacia con los nativos, y quizás, la audaz táctica de capturar al líder indígena para desorganizar al enemigo, una estrategia que Pizarro emplearía de forma maestra en Cajamarca.

El conocimiento compartido por Cortés, forjado en la experiencia directa de subyugar una civilización compleja, sin duda proporcionó a Pizarro una perspectiva única y una ventaja estratégica antes de regresar al Nuevo Mundo. Este encuentro, aunque breve, pudo haber sido una lección magistral que preparó a Pizarro para los desafíos que le esperaban.

La Capitulación de Toledo: Un Contrato de Conquista y Disputa

El 26 de julio de 1529, en la ciudad de Toledo, se firmó el documento que cambiaría para siempre el destino de Pizarro y del Imperio Inca: la Capitulación de Toledo. Este acuerdo no era un simple permiso, sino un contrato formal entre la Corona española, representada por la Reina Isabel de Portugal (regente en ausencia de Carlos V, quien se encontraba en Flandes), y Francisco Pizarro. En esencia, la Corona otorgaba a Pizarro el derecho y la obligación de conquistar y poblar las tierras del Perú, a cambio de una serie de títulos, privilegios y, por supuesto, una parte sustancial de las riquezas obtenidas, el conocido “Quinto Real”.

Los términos de la Capitulación fueron abrumadoramente ventajosos para Pizarro, reflejando su rol central en la empresa y su habilidad para negociar:

  • Se le nombró Gobernador, Capitán General, Adelantado y Alguacil Mayor de la provincia de Nueva Castilla (el nombre otorgado a la región del Perú), con un sueldo de 700.000 maravedíes anuales y la potestad de nombrar a sus propios oficiales.
  • Se le concedió el derecho a construir fortalezas y a repartir tierras y encomiendas entre sus hombres.
  • Se otorgó el título de Hidalgo a los famosos “Trece de la Fama”, reconociendo su lealtad y perseverancia en la Isla del Gallo, lo que les brindaba un estatus social elevado en la España de la época.

Sin embargo, los beneficios para sus socios, Diego de Almagro y Hernando de Luque, fueron considerablemente menores y, lo que es peor, ambiguos, lo que se convertiría en una fuente de conflicto constante:

  • A Diego de Almagro se le concedió la gobernación de la fortaleza de Tumbes, el título de Adelantado y una futura gobernación “más al sur” de la de Pizarro, llamada Nueva Toledo, pero sin límites claros ni precisión geográfica. También se le asignó una compensación económica de 100.000 ducados.
  • A Hernando de Luque se le nombró Obispo de Tumbes y Protector General de los Indios, con una renta anual de mil ducados.

Esta disparidad en los acuerdos fue una herida profunda para Almagro, quien había invertido tanto o más que Pizarro y había sufrido las mismas penurias. Se sintió traicionado y menospreciado, viendo cómo Pizarro había asegurado para sí la mayor parte de la gloria y el poder, relegándolo a un segundo plano con promesas inciertas. La Capitulación de Toledo, si bien abrió las puertas a la conquista, también encendió la mecha de la rivalidad que más tarde desembocaría en sangrientas guerras civiles entre los conquistadores.

Comparación de los Beneficios de la Capitulación de Toledo

BeneficiarioTítulos y ConcesionesRelevancia y Poder Otorgado
Francisco PizarroGobernador, Capitán General, Adelantado y Alguacil Mayor de Nueva Castilla (Perú).Máxima autoridad militar y civil, control total del territorio y sus recursos.
Diego de AlmagroGobernador de Tumbes, Adelantado. Futura gobernación de Nueva Toledo (límites ambiguos).Autoridad limitada y subordinada a Pizarro; base para futuras disputas territoriales.
Hernando de LuqueObispo de Tumbes, Protector General de los Indios.Poder espiritual y moral, sin control militar o territorial directo.
Los Trece de la FamaTítulo de Hidalgos.Reconocimiento social y estatus, pero sin poder político o militar significativo.

El Retorno y las Semillas de la Discordia

Pizarro regresó a Panamá en 1530 con los nuevos títulos y el respaldo imperial. La noticia de la Capitulación de Toledo, y especialmente sus términos desiguales, provocó la cólera de Diego de Almagro. Se sintió profundamente agraviado y traicionado, considerando que la empresa había sido un esfuerzo conjunto y que él había sido relegado a un papel secundario con compensaciones insuficientes y ambiguas. La amistad entre los dos viejos compañeros, forjada en la adversidad, comenzó a resquebrajarse.

Pizarro, consciente del resentimiento de su socio, tuvo que emplear toda su astucia y diplomacia para calmar los ánimos. Les prometió a Almagro y a Luque que, una vez que el Perú fuera conquistado, habría riquezas y poder suficientes para todos, y que compensaría cualquier desigualdad. Esta promesa, aunque temporalmente apaciguó la situación, no eliminó la desconfianza subyacente. La semilla de la discordia ya estaba firmemente plantada.

Un factor adicional que complicaría las relaciones fue la llegada de los hermanos de Pizarro (Hernando, Gonzalo y Juan) desde España. Jóvenes, ambiciosos y a menudo arrogantes, estos hermanos generarían fricciones constantes, especialmente Hernando, cuya personalidad chocaba directamente con la de Almagro. Su presencia acentuaría la sensación de Almagro de ser un extraño en una empresa que él había ayudado a financiar y mantener desde el principio.

Así, con la legitimidad de la Corona y las nuevas tensiones internas, se preparó la tercera y definitiva expedición al Perú. Lo que Pizarro había logrado en la corte era monumental, pero el precio a pagar por esa ventaja, en términos de lealtades y futuras vidas, sería aún más alto.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cuál era el objetivo principal de Pizarro al viajar a la corte de Carlos V?
El objetivo principal de Pizarro era obtener el permiso y el respaldo oficial de la Corona española para llevar a cabo la conquista de las tierras del sur (Perú). El gobernador local en Panamá se había negado a autorizar una tercera expedición debido a los altos costos y fracasos previos, por lo que Pizarro necesitaba la legitimidad y los recursos que solo la monarquía podía otorgar.
¿Qué fue la Capitulación de Toledo y por qué es importante?
La Capitulación de Toledo fue un documento legal firmado en 1529 entre la Corona española y Francisco Pizarro. Es crucial porque formalizó la empresa de conquista del Perú, otorgando a Pizarro títulos de gran poder como Gobernador y Capitán General de Nueva Castilla. Sin embargo, sus términos desiguales para los socios de Pizarro, especialmente Diego de Almagro, sembraron la discordia que eventualmente conduciría a las guerras civiles entre los conquistadores.
¿Pizarro se encontró con Hernán Cortés durante este viaje?
Sí, el texto indica que Francisco Pizarro se encontró con Hernán Cortés en la corte del emperador Carlos V. Cortés, el célebre conquistador de México, también se encontraba en España reclamando sus propios derechos. Este encuentro pudo haber sido una oportunidad invaluable para Pizarro de obtener consejos estratégicos de un conquistador experimentado en la subyugación de grandes imperios indígenas.
¿Cómo afectó la Capitulación de Toledo la relación entre Pizarro y Almagro?
La Capitulación de Toledo afectó gravemente la relación entre Pizarro y Almagro. Almagro se sintió profundamente agraviado y traicionado porque Pizarro obtuvo los títulos más importantes y la mayor parte del poder sobre el territorio a conquistar, mientras que él recibió concesiones menores y una gobernación con límites ambiguos. Esta desigualdad fue una fuente constante de resentimiento y rivalidad que, con el tiempo, degeneró en una sangrienta guerra civil.
¿Quiénes fueron los “Trece de la Fama” y qué reconocimiento recibieron?
Los “Trece de la Fama” fueron los trece hombres que, en un momento de extrema dificultad y desmotivación en la Isla del Gallo durante la segunda expedición, decidieron cruzar la línea que Pizarro trazó en la arena, comprometiéndose a seguir con la empresa de la conquista a pesar de las adversidades. En la Capitulación de Toledo, la Corona les concedió el título de Hidalgos en reconocimiento a su lealtad y valentía.

El viaje de Francisco Pizarro a la corte del emperador Carlos V fue, sin duda, un hito fundamental en la historia de la conquista del Perú. Transformó una aventura privada, plagada de penurias y fracasos, en una empresa con el respaldo imperial. La Capitulación de Toledo no solo proveyó la legitimidad y los recursos necesarios para la tercera y definitiva expedición, sino que también, de manera paradójica, sentó las bases para el conflicto interno que consumiría a los propios conquistadores. Este crucial paso en la península ibérica no solo selló el destino del Imperio Inca, sino que también forjó las complejas y a menudo trágicas relaciones que definirían los primeros años del Virreinato.

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