15/01/2014
En el vibrante pero a veces opaco mundo del fútbol, las historias de superación y éxito suelen acaparar los titulares. Sin embargo, detrás de los focos, se esconden realidades complejas que merecen ser contadas. Este es el caso de Ana González, ex segunda entrenadora del Deportivo de La Coruña femenino, cuya valiente decisión de romper el silencio ha sacudido los cimientos de una institución y ha puesto de manifiesto la urgente necesidad de un entorno seguro y respetuoso en el deporte. Tras más de un año de lo sucedido, y con 28 años, Ana ha encontrado la fuerza para relatar el calvario personal y profesional que vivió bajo la dirección de Miguel Llorente en la temporada 2021/2022, una experiencia que la llevó al límite y la apartó del mundo que tanto amaba.

La situación en el Dépor Abanca no solo se limitaba a los resultados deportivos, sino que se extendía a un ambiente interno viciado por el control, la humillación y el acoso. A pesar de que las denuncias sobre el comportamiento de Llorente llegaron al club, este decidió restituirle, alegando no encontrar ninguna actuación “irregular ni sancionable”. Esta resolución oficial contrastaba drásticamente con la realidad vivida por Ana y las jugadoras, quienes padecieron las consecuencias de un liderazgo tóxico. La historia de Ana es un testimonio crudo sobre cómo el poder puede ser mal utilizado y cómo la falta de acción institucional puede perpetuar el daño.
- El Viaje de Ana: De Jugadora a Entrenadora
- El Inicio del Calvario: Actitudes que No Gustaban
- El Impacto Profundo: La Vida de Ana Cambia
- Un Ambiente Tenso: Las Jugadoras También Sufrieron
- El Punto de Quiebre y la Salida del Club
- La Resolución y el Después: Un Club que No Actuó
- Preguntas Frecuentes (FAQ)
El Viaje de Ana: De Jugadora a Entrenadora
Ana González inició su idilio con el fútbol a la temprana edad de ocho años, en un equipo femenino de su pueblo, Redondela. Desde sus inicios como jugadora hasta convertirse en portera, el fútbol se convirtió en una parte intrínseca de su vida. Su pasión la llevó a A Coruña para estudiar, donde compaginaba sus viajes a Vigo para jugar con su equipo, con el entrenamiento de un equipo local, el Orzán. En 2016, cuando el Dépor Abanca dio sus primeros pasos, Ana fue una de las elegidas para formar parte de aquel proyecto incipiente, marcando su entrada al fútbol profesional.
Sin embargo, la vida de una deportista de élite es efímera. A los 23 años, con el ascenso del Dépor a Primera División, Ana se encontró con la necesidad de tomar una decisión crucial. Demasiado mayor para tener ficha del equipo B y con el cuerpo resintiéndose por las lesiones, optó por un nuevo camino dentro del deporte: la formación. Un excompañero, entonces segundo entrenador del primer equipo, le ofreció la oportunidad de entrenar al equipo sénior del Orzán. Fue así como Ana, con su experiencia como jugadora, comenzó a forjar su carrera como entrenadora, siempre con la ilusión de volver a las grandes ligas.
Su regreso al Dépor Abanca fue inesperado. La destitución de Manu Sánchez y Pablo Pereiro abrió una puerta, y Ana recibió una oferta para ocupar un puesto en el cuerpo técnico, que finalmente se concretaría en el rol de segunda entrenadora. Su primera impresión de Miguel Llorente, el nuevo técnico, fue la de una persona profesional que llegaba a trabajar, sin indicios de lo que vendría después. Sin embargo, no tardaría en darse cuenta de que algo no encajaba, y esa percepción llegaría a través de las propias jugadoras.
El Inicio del Calvario: Actitudes que No Gustaban
La primera señal de alarma para Ana no fue dirigida hacia ella, sino hacia las jugadoras. Llorente mostraba actitudes que no le gustaban, comportamientos que, con el tiempo, se revelarían como un patrón de abuso de poder y control. Entre los ejemplos más flagrantes, Ana recuerda:
- Comentarios despectivos y discriminatorios: Llorente hacía referencia de forma despectiva a la discapacidad auditiva de una jugadora, Eva, diciendo que “era sorda” y “muy mimada” cuando no le entendía.
- Críticas sobre el físico y la vida privada: Se metía con el peso de las jugadoras, llegando a decirles directamente: “Estáis comiendo muchas veces fuera, que lo veo en redes sociales”.
- Violación de la intimidad y acoso: El técnico hacía capturas de pantalla de las redes sociales de las jugadoras y las enviaba al chat del cuerpo técnico con comentarios inapropiados y sexistas sobre sus cuerpos o sus parejas. “Qué tetas más grandes tiene”, “yo le daba”, son solo algunos de los ejemplos que Ana relata. También hacía comentarios sobre la ropa interior de las jugadoras en el vestuario.
- Comentarios racistas: Ana recuerda comentarios racistas sobre una jugadora de Nigeria, atacando su cultura, personalidad y forma de ser.
- Menosprecio profesional y personal: Llorente se mofaba de la dislexia de Ana, riéndose cuando ella se equivocaba al hablar o al medir distancias en los entrenamientos, a pesar de que ella le había explicado su condición. Constantemente, ponía en duda su nivel como entrenadora, a pesar de que Ana poseía la misma titulación y un currículum académico sólido.
- Gritos y humillaciones públicas: Ana recuerda un incidente en el que Llorente le gritó desmedidamente delante de las jugadoras por un error menor con los petos, dejándolas “pálidas”.
Estas actitudes no solo afectaban a las jugadoras, sino que también se extendieron a Ana, quien empezó a sentir el peso de un ambiente de trabajo insostenible.
El Impacto Profundo: La Vida de Ana Cambia
Trabajar con Miguel Llorente transformó la vida de Ana González de una manera devastadora. Lo que al principio pensó que era simplemente la presión del trabajo, se convirtió en una invasión constante de su vida personal y un deterioro progresivo de su salud mental y física. Ana describe dos fases en esta experiencia: una inicial, donde se callaba todo, pensando que era parte de la dureza del trabajo, y una segunda, donde se dio cuenta de que la situación no era normal y decidió confrontar a Llorente.
La ansiedad se apoderó de su día a día. Dejó de ir al gimnasio, de quedar con amigos, su vida se redujo a “casa y trabajo”. La familia quedó en un segundo plano. Llorente le infundía miedo constantemente, incluso durante la pandemia, con comentarios sobre el riesgo de contagio y la necesidad de estar “atenta del móvil” las 24 horas. La exigencia de disponibilidad era tal que Ana no podía permitirse tener el móvil sin batería, y si lo hacía, la invadía una profunda ansiedad. Llegó al punto de llevar su portátil, tablet y móvil a una cafetería por si Llorente necesitaba algo. “Perdí todo”, confiesa Ana, refiriéndose a su vida personal y sus aficiones.
La presión era tan abrumadora que Ana llegó a pensar que el problema era suyo. Buscó ayuda psicológica, con la creencia de que “la culpa es mía, si yo no estoy cómoda, algo malo estaré haciendo yo”. Se autoexigía hasta el extremo, pidiendo disculpas a Llorente por enviar un vídeo a medianoche, solo para ser reprendida al día siguiente por no respetar el tiempo de él. La contradicción era constante: él exigía disponibilidad total, pero criticaba si ella trabajaba fuera de horario. Este patrón de control y manipulación la llevó a una espiral de agotamiento, durmiendo pocas horas y comiendo a toda prisa.

La intimidad de Ana y de las jugadoras era constantemente vulnerada. Llorente controlaba sus redes sociales, sus salidas y encuentros, incluso sus comidas familiares, siempre bajo la excusa de evitar contagios o garantizar la disponibilidad para el club. La sensación de no tener vida propia, de ser una becaria que debía “adorar” a su superior, se apianaba sobre ella. “Por un momento, dejé de ser persona”, relata Ana, describiendo cómo dejó de pensar en sí misma para centrarse en esa relación tóxica. La pasión que sentía por el fútbol, “el trabajo de mi vida”, se vio empañada por esta experiencia, llevándola a cuestionar si quería seguir en un deporte que trataba tan mal a sus profesionales.
Un Ambiente Tenso: Las Jugadoras También Sufrieron
El comportamiento de Llorente no solo afectó a Ana, sino que se extendió por todo el equipo, creando un ambiente de tensión constante. Las jugadoras, a partir de enero o febrero, empezaron a llorar habitualmente después de los partidos. A pesar de tener un perfil de jugadoras excelente y competitivo, la falta de un entorno de apoyo afectaba su rendimiento y su bienestar.
La actitud de superioridad de Llorente buscaba someter al grupo, haciéndolas sentir inferiores con comentarios sutiles pero destructivos como: “Oye, no comas tanto”. Pequeños comentarios y actitudes que minaban la autoestima, haciendo que las jugadoras dudaran de su valía. Ana recuerda que dos jugadoras, Ale Serrano y la portera Ana Vallés, le comunicaron su deseo de dejar el fútbol. Además, Llorente forzaba a jugadoras lesionadas con “microroturas musculares” a jugar, como en su último partido contra el Racing, por falta de confianza en otras.
Tabla Comparativa: Patrones de Abuso y su Impacto
| Tipo de Conducta de Miguel Llorente | Efecto/Impacto en Ana González y Jugadoras |
|---|---|
| Comentarios despectivos sobre discapacidad (Eva) | Humillación, discriminación, falta de empatía. |
| Críticas sobre peso y alimentación | Intromisión en la vida personal, fomento de inseguridades, body shaming. |
| Capturas de redes sociales y comentarios inapropiados | Violación de la privacidad, acoso sexual, objetificación, ambiente tóxico. |
| Intromisión en vida personal (COVID, gimnasio, familia) | Control excesivo, miedo, ansiedad, anulación de la autonomía personal. |
| Exigencia de disponibilidad 24/7 (móvil, trabajo nocturno) | Ansiedad constante, agotamiento físico y mental, pérdida de vida personal. |
| Menosprecio profesional (dislexia, nivel de entrenador) | Ataques a la autoestima, humillación pública, desmotivación. |
| Agresiones verbales y gritos | Intimidación, creación de un ambiente de miedo y tensión. |
| Forzar a jugadoras lesionadas a jugar | Puesta en riesgo de la salud física, falta de confianza en el resto del equipo. |
| Creación de un ambiente de tensión y lloro constante | Deterioro generalizado de la salud mental del equipo, baja moral. |
El Punto de Quiebre y la Salida del Club
El cuerpo de Ana empezó a darle señales de que no podía más. Enferma, con fiebre y amigdalitis, se dio cuenta de que su salud mental y física se estaban deteriorando rápidamente. “Hasta aquí hemos llegado. Mi cuerpo me está dando señales de que pare ya”, se dijo a sí misma. Fue una decisión difícil, pero liberadora. La felicidad de haber tomado el control de su situación era inmensa, a pesar de saber lo que se le venía encima.
Su primer paso fue comunicarle a Llorente que se iba, siendo clara y directa sobre la mala relación y su actitud. Llorente le pidió que se quedara. Luego, Ana se dirigió al club. Intentó contactar con David Villasuso, el director general, pero no pudo. Finalmente, habló con Rocío Candal, la directora deportiva, a quien le contó toda la situación. Ana sabía que Candal ya estaba avisada de cómo era Llorente. En una reunión posterior, expuso al club todo lo que había vivido y el motivo de su marcha, advirtiéndoles sobre la toxicidad que tenían en el equipo.
La “investigación” del club no se inició por la reunión de Ana, sino por un correo anónimo que llegó al Canal Ético esa misma noche. Ana sintió que el club se vio “obligado a actuar”, no por su denuncia directa, sino por la presión de la denuncia anónima. Su percepción fue que el Dépor actuó para “protegerse a sí mismo y hacer como que allí no había pasado nada”. Estaba segura de que, sin esa carta, no se habrían tomado medidas.
La Resolución y el Después: Un Club que No Actuó
El resultado de la investigación, que exoneró a Miguel Llorente al no apreciar “actuación irregular ni sancionable”, no sorprendió a Ana. La resolución le llegó por un comunicado del club vía redes sociales, sin que nadie la contactara directamente. “Me reí”, confiesa Ana, al ver un comunicado que, en su opinión, decía: “No pasa nada, todo está bien, pero te llamo la atención”. Para ella, era una prueba de que, a pesar de las evidencias, el club optó por protegerse en lugar de proteger a las víctimas.
Ana cree firmemente que Miguel Llorente “desconocía los valores del club”. El Dépor es una institución grande por su afición, su historia y su impacto en la gente, no por cómo algunos de sus directivos lo gestionan. Para Ana, la pasión que siente la gente por el club, la misma que a ella le hace llorar, estaba siendo “jodida” y “perjudicada” por este tipo de situaciones.

Los días posteriores a su salida fueron un reflejo del calvario vivido. El miedo, la ansiedad y la angustia la encerraron en casa durante dos meses. Su día a día eran ataques de ansiedad, dormir, levantarse y ver la televisión. Tenía las persianas bajadas por miedo a ser vista, no podía coger el coche ni ir al supermercado sola. Temía que Llorente la buscara para recriminarle haberle “jodido la vida”. Se sentía una “niña” que “había tenido una oportunidad” y que no había sido creída, una sensación de abandono total.
Tras aquella reunión, Ana recibió varias llamadas de David Villasuso, pero no para ofrecerle apoyo, sino para recriminarle el “motín de las jugadoras” y preguntarle si ella había provocado la carta anónima. La última llamada fue para testificar en la ciudad deportiva, pero Ana se negó rotundamente. “Yo no quería ir donde él estaba, yo era la víctima y él, mi agresor”, sentenció. Desde entonces, Ana no ha vuelto a recibir ninguna llamada ni comunicación del club. Su historia es un recordatorio doloroso de que la valentía de una persona puede chocar con la inacción de una institución, pero también de que el silencio se rompe para dar voz a las experiencias que necesitan ser escuchadas y para exigir un cambio real en el deporte.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Quién es Ana González y cuál fue su rol en el Dépor Abanca?
Ana González es una exfutbolista y entrenadora española que, durante la temporada 2021/2022, fue la segunda entrenadora del Dépor Abanca, el equipo femenino del Deportivo de La Coruña. Tenía 26 años cuando ocurrieron los hechos y actualmente tiene 28.
¿Qué denunció Ana González sobre Miguel Llorente?
Ana González denunció un patrón de acoso y abuso de poder por parte de Miguel Llorente, entonces primer entrenador del Dépor Abanca. Entre las conductas denunciadas se incluyen comentarios despectivos sobre discapacidades, críticas sobre el peso de las jugadoras, invasión de la intimidad a través de capturas de redes sociales con comentarios sexistas y racistas, humillaciones públicas, control excesivo de su vida personal (exigencia de disponibilidad 24/7) y menosprecio profesional.
¿Cómo reaccionó el Deportivo de La Coruña a las denuncias?
El Deportivo de La Coruña inició una investigación tras la llegada de un correo anónimo al Canal Ético del club, aunque Ana González ya había comunicado su situación previamente. Sin embargo, la investigación concluyó que no se apreció “actuación irregular ni sancionable” por parte de Miguel Llorente, quien fue restituido en su cargo. Ana sintió que el club se protegió a sí mismo y que no actuó con la debida gravedad.
¿Qué consecuencias tuvo para Ana González esta experiencia?
La experiencia tuvo un impacto devastador en la salud mental y física de Ana González. Sufrió episodios de ansiedad, insomnio, pérdida de su vida personal y social, y se vio obligada a dejar el fútbol y buscar ayuda psicológica. Tras su salida del club, vivió dos meses de encierro en casa debido al miedo y la angustia, sintiéndose no creída y abandonada por la institución.
¿Por qué decidió Ana González hablar públicamente ahora?
Ana González decidió romper su silencio ahora, con 28 años, porque ha logrado reunir la fuerza necesaria para contar su versión de los hechos. Siente que es su momento de hablar y que es importante que la gente conozca ambas versiones de la historia, especialmente después de que Miguel Llorente fuera exonerado por el club.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Calvario de Ana González en el Dépor Abanca puedes visitar la categoría Deportes.
