07/08/2013
En la sociedad, a menudo, nos acercamos a los agentes de policía con cierto recelo, olvidando que son, ante todo, hombres y mujeres de carne y hueso, cuya principal pretensión es ayudar y servir a los ciudadanos honrados. Es fundamental acercarse a ellos sin ningún miedo, confiando en su profesionalidad y en su saber hacer. No obstante, es igualmente importante recordar el respeto que merecen como personas y como Agentes de la Autoridad (Judicial o Administrativa), a quienes representan por mandato constitucional y de cuyas instituciones emanan todos sus actos.

La función policial, en su esencia, es tan antigua como la propia civilización organizada. A lo largo de la historia de la humanidad, las sociedades han reconocido la necesidad de establecer mecanismos para mantener el orden, proteger a sus miembros y hacer cumplir las normas. La palabra 'Policía' misma, con sus raíces en el latín 'politia' y el griego 'politeia', nos remite a la idea de la vida en sociedad, ligada intrínsecamente a la organización de la 'polis' o ciudad. La aparición del crimen, el inexorable efecto de la ambición por la propiedad individual, siempre presente en todos los modelos de sociedad, hizo que la constitución de una fuerza policial fuera una consecuencia necesaria.
- La Policía a través de la Historia de la Humanidad
- El Nacimiento de la Policía Moderna Española: La Real Cédula de 1824
- Evolución y Distinciones: De Cuerpos Militarizados a Civiles
- Hacia la Estructura Actual: Dirección General y Formación
- La Policía Gubernativa en el Siglo XX
- La Transición Democrática y la Policía Actual
- ¿Qué hace hoy la Policía Nacional?
- Preguntas Frecuentes
La Policía a través de la Historia de la Humanidad
Desde tiempos inmemoriales, diversas civilizaciones organizaron fuerzas, más o menos perfeccionadas, encargadas de velar por el cumplimiento de las normas que posibilitan la vida civilizada. Ya en el antiguo Egipto, existían leyes escritas y una rudimentaria organización administrativa para prevenir crímenes y castigar a los infractores. Los Jefes de Policía, bajo la autoridad del monarca, ejercían funciones investigativas, de instrucción y ejecución de la justicia. Se conocían castigos severos, y existían especializaciones como la Policía Fluvial para evitar fugas por el Nilo, departamentos del Ejército que actuaban como Policía Fronteriza y Guardia Civil, e incluso una Policía de Abastecimientos. Es notable que ya en esta remota época se utilizaban boletines escritos en papiro con descripciones de criminales y relatos de crímenes.
En la Jerusalén anterior a la dominación romana, se distinguían una Policía Criminal, una Sanitaria y otra Correccional, esta última dedicada a la moralidad ciudadana. China, durante la dinastía de los Schang (1450-1050 a. J.C.), contaba con una Policía de Orden Público en cada distrito, con funciones similares al espionaje interno. Un funcionario policial controlaba cada calle de las grandes ciudades, vigilando a sospechosos e informando a los jueces, quienes podían interrogar a los habitantes y mantenían un censo.
El Imperio Inca también disponía de una densa red de Informadores, Inspectores y Superintendentes que controlaban minuciosamente cada acto de los ciudadanos, especialmente los de la Administración Pública. La existencia de una Policía secreta se documenta en las antiguas civilizaciones de Grecia y Roma, en los califatos musulmanes y en monarquías premodernas, así como en repúblicas contemporáneas.
En la antigua Grecia, el 'Custodio de la Ley' evolucionó hacia una guardia policial encargada inicialmente de proteger al gobernante y el tesoro de la ciudad, asumiendo luego labores de investigación, detención, guarda de presos y ejecución de sentencias. Posteriormente, surgió una Policía Económica para el control de precios, todas dependientes del gobernador civil. La Policía ateniense alcanzó tal desarrollo que exportó su sistema a gran parte de la región egea.
Roma también tuvo autoridad policial desde sus inicios, con figuras como los 'aediles', 'triumvirii capitulares', 'praefectus' y 'vigiles'. En tiempos de Augusto, aparecieron los 'curatores Urbis' para distritos urbanos y los 'stiatonarii' (policía militar) fuera de la ciudad. Contaban con departamentos especiales para combatir la delincuencia violenta, vigilar la prostitución, perseguir la falsificación de moneda y cuidar la higiene pública, con la obligación de predecir incidentes y reprimir sediciones.
Con la caída del Imperio Romano, la Edad Media supuso un considerable retroceso para las instituciones organizadoras de la sociedad, y la Policía no fue una excepción. A menudo, se confundía con los ejércitos de los señores feudales, vinculándose al poder casi omnímodo del Señor, cuyo propósito era mantener el orden y la seguridad de sus súbditos. El 'Alguacil Jefe' cumplía esta misión, aunque frecuentemente de forma abusiva, dando lugar al concepto de 'Estado policial'. Sin embargo, en esta época también surgieron contratos privados de seguridad entre villas y ciudades, y a partir del año 615, con el edicto de Clotario II, se reanudaron los intentos organizados de luchar contra el crimen.
La Edad Moderna vio la institución de cuerpos de seguridad ciudadana con una organización más estable, con especialización y jerarquía interna similar a la militar. Aunque en Francia se instituyó la 'marechaussée' como Policía Pública a mediados del siglo XVI, compitió con guardias personales del rey. La 'marechaussée', precursora de la 'Gendarmerie Nationale', tenía jurisdicción nacional y se centraba en el ámbito rural. La idea de una Policía criminal moderna, tal como la conocemos hoy, no se consolidó en la sociedad occidental hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX.
En Inglaterra, persistió la tradición de brigadas policiales independientes, a menudo formadas por ciudadanos, hasta 1790. La separación administrativa entre la City of London y la región metropolitana, con sus propias policías, aún subsiste. Entre los primeros precedentes de cuerpos organizados se encuentran el servicio secreto de Joseph Fouché para Napoleón y el sistema de espionaje de Metternich en Austria. Los primeros modelos verdaderamente modernos, con potestad judicial y ejecutiva (detención, juicio y castigo), fueron la Policía General del Reino en España (1824) y la Ojranka en la Rusia zarista (1825). En 1829, el Parlamento británico centralizó las tropas policiales, dando origen a Scotland Yard.
España, al igual que otros países europeos, presenta una doble tradición policial: una derivada de milicias personales (guardias reales, Inquisición, Guardia Civil) y otra de la tendencia vecinal a organizarse para salvaguardar el orden público (somatenes, milicias). La institución de policías regulares en España fue relativamente tardía. Hasta mediados del siglo XVIII, las labores policiales estaban divididas entre guardias señoriales y gremiales, el ejército y la Inquisición, que actuaba como un cuerpo de Policía judicial con una densa red de confidentes. En 1812, se separaron las competencias judiciales y policiales, pasando estas últimas a depender de los Ministerios de la Gobernación y de la Guerra.

El Nacimiento de la Policía Moderna Española: La Real Cédula de 1824
El siglo XVIII, con la Edad de la Razón y la consolidación de los Gobiernos Constitucionales, encuadró la profesión de Policía en el nuevo principio del Estado de Derecho, donde toda limitación de la actividad y libertad individual debía estar motivada por el interés superior de la Colectividad Nacional. La Policía estatal moderna, independiente del ejército o de las redes de vigilancia de la Inquisición, nació en España en 1824. El rey Fernando VII, mediante la Real Cédula de 13 de enero de 1824, creó la "Policía General del Reino" con una Superintendencia General de Policía, respondiendo a la necesidad de dotar a las ciudades españolas de una innovadora infraestructura pública de seguridad.
Esta Real Cédula sentó las bases de la Policía española actual, con un reglamento orgánico que definía su estructura, atribuciones y financiación. Su máximo órgano era la Superintendencia General de la Policía, dirigida por un Juez, el Superintendente General, adscrito al Ministerio de Gracia y Justicia. Aunque la Superintendencia fue suprimida en 1835 y reemplazada por Comisarios de Seguridad Pública en las provincias, su legado persiste. Madrid, como capital y con gran densidad poblacional, recibió un apartado especial en la Cédula, dotándose de comisarías de distrito o "cuarteles", que han evolucionado hasta las actuales comisarías. Las demás demarcaciones provinciales se dividieron en Subdelegaciones, consideradas el antecedente de las actuales Comisarías Provinciales y Locales.
La Cédula de 1824 ya configuraba la doble función de la Policía moderna: por una parte, velar por el libre ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, persiguiendo a quienes los vulnerasen y poniéndolos a disposición judicial en un plazo máximo de ocho días. La otra función era la prestación de un servicio público de seguridad, "garantizando el bien y la seguridad pública", coincidiendo con la preocupación actual de las Administraciones Públicas españolas por ofrecer un servicio público de seguridad que garantice la paz pública, la calidad de vida y el bienestar general.
Sin embargo, la labor de esta fuerza policial en el convulso siglo XIX español a menudo se confundió con la desempeñada por la Guardia Civil, fundada en 1844, que se encargaba preferentemente de la vigilancia en el ámbito rural.
Evolución y Distinciones: De Cuerpos Militarizados a Civiles
Un nuevo impulso para la Policía llegó en 1833, un día antes de la muerte de Fernando VII, con una Real Cédula que otorgaba nuevas atribuciones a la Policía del Reino, en respuesta a desórdenes públicos. A partir de este momento, comenzaron a desarrollarse dos modelos policiales: uno militarizado y otro civil, aunque este último avanzaría lentamente. En 1840, el General Espartero abolió la Policía por motivos económicos, pero casi cuatro años después, en 1844, se restableció con la denominación de Cuerpo de Protección y Seguridad, dependiente del Ministerio de Gobernación y del Jefe Político en cada provincia. Se crearon los Cuerpos de Comisarios, Celadores y Agentes, a quienes popularmente se les llamó "salvaguardias", nombre que fue oficializado en 1848.
En 1852, nuevas reformas introdujeron los nombres de "Vigilancia" para los no uniformados y "Seguridad" para los uniformados. Ese mismo año, por primera vez, aparecieron los Inspectores, responsables de la seguridad en sus distritos. A pesar de disoluciones y reestructuraciones (1854, 1856), el proceso culminó en 1858 con la creación del Cuerpo de Vigilancia Pública. En 1863, este Cuerpo sufrió reformas administrativas que le llevaron a absorber cometidos municipales. En 1868, se le cambió el nombre a Cuerpo de Orden Público, militarizando y uniformando a sus integrantes, si bien, tras el atentado al General Prim, muchos fueron liberados de vestir el uniforme para dedicarse a tareas de Policía judicial.
Un acontecimiento destacado de la brillante actuación policial ocurrió el 18 de julio de 1871, cuando una intervención vertiginosa de la Policía frustró el intento de regicidio contra los reyes Amadeo de Saboya y Doña María Victoria en la calle Arenal de Madrid. En 1877, se determinó que la Policía Judicial y Gubernativa de Madrid comprendería dos servicios: Vigilancia y Seguridad, ambos dependientes del Ministerio de la Gobernación, extendiéndose este modelo a toda España en 1887.
Hacia la Estructura Actual: Dirección General y Formación
El hecho más representativo en la historia de la Policía se materializó en 1886 con la creación de la Dirección General de Seguridad por Real Decreto del Ministerio de la Gobernación. Esta promulgación marcó el nacimiento de la actual Dirección General de la Policía, aunque su vida fue breve y fue suprimida en 1888 por ineficacia, volviendo los Gobernadores Civiles a ser los Jefes de la Policía. No obstante, durante su efímera existencia, se aprobó el primer reglamento de los Cuerpos de Seguridad y Vigilancia.
En 1905, un Real Decreto reorganizó la Policía Gubernativa, buscando dignificar el Cuerpo de Vigilancia y liberarlo de la exclusiva dependencia de los Gobernadores Civiles, centralizando los nombramientos en el Ministerio de la Gobernación. El Cuerpo de Vigilancia se dividió en tres ramas: Seguridad, Vigilancia y Servicios Especiales. Además, se creó una Academia en el Gobierno Civil de Madrid, cuya misión era la formación de agentes, y que en 1906 se transformó en una Escuela Teórico-Práctica. Poco después, en 1906, se diseñó la Escuela de Policía de Barcelona a semejanza de la de Madrid. Un paso fundamental en el bienestar social del cuerpo fue la creación del Colegio de Huérfanos de la Policía en 1921.
La Policía Gubernativa en el Siglo XX
A principios del siglo XX, la estructura policial se reorganizó para hacer frente a los violentos movimientos anarquistas y los disturbios que caracterizaban la vida social y política del país, dividiendo la Policía gubernamental en Policía de seguridad, de vigilancia y de servicios especiales. En 1930, se aprobó provisionalmente el Reglamento Orgánico de la Policía Gubernativa, que, a pesar de su provisionalidad, estuvo vigente durante la República y el régimen dictatorial de Francisco Franco.
Este Real Decreto configuró la Policía Gubernativa bajo el mando directo del Director General de Seguridad, compuesta por dos cuerpos: el Cuerpo de Vigilancia y el Cuerpo de Seguridad, ambos con carácter civil. Sin embargo, en la práctica, solo el Cuerpo de Vigilancia era realmente civil, mientras que el de Seguridad se regía por normas militares, con sus componentes sujetos al Código de Justicia Militar. En 1931, el Cuerpo de Seguridad se reorganizó, adscribiéndosele la sección de Guardias de Asalto y Vigilantes de Caminos, manteniendo su carácter militar. El Cuerpo de Vigilancia pasó a denominarse de Vigilancia e Investigación, persistiendo con su carácter civil.

Un trágico suceso que ilustra el tenso ambiente de la época fue el asesinato del Teniente de la Guardia de Asalto José Castillo en 1936, instructor de milicias socialistas, a manos de falangistas. Esta represalia provocó el asesinato del diputado derechista José Calvo Sotelo, ambos acontecimientos citados como preludios de la Guerra Civil española.
Tras la Guerra Civil (1936-1939), la Policía española experimentó una nueva remodelación bajo la dictadura del General Franco. Sus funciones se dividieron en 1952 entre el Cuerpo General de Policía (anterior de Vigilancia e Investigación) y el Cuerpo de Policía Armada y de Tráfico (anterior de Guardias de Asalto y Vigilantes de Caminos). La Guardia Civil, aunque sin renovaciones de importancia, asumió un gran protagonismo durante la dictadura.
La Transición Democrática y la Policía Actual
La larga e ininterrumpida historia de servicio público de la Policía española continuó su evolución durante la Transición democrática tras la muerte de Francisco Franco. El Gobierno de la U.C.D., presidido por Adolfo Suárez, y con Rodolfo Martín Villa como Ministro de la Gobernación (Interior), elaboró la aperturista Ley de Policía 55/78 de 4 de diciembre. Esta ley dibujó la nueva distribución y funciones de los Cuerpos de Seguridad del Estado, basándose en criterios de territorialidad y especialización, manteniendo la dualidad de dos cuerpos de Policía.
El Cuerpo General de Policía cambió su nombre a principios de los años ochenta por el de Cuerpo Superior de Policía, y el Cuerpo de Policía Armada pasó a denominarse Cuerpo de Policía Nacional, manteniendo sus estructuras y organización de carácter castrense. Los Cuerpos de Seguridad del Estado quedaron integrados por esta doble división (civil-militar) de la Policía y la Guardia Civil (esta última, con una doble naturaleza policial-militar en una sola corporación). Mientras la Policía realizaba su labor de salvaguarda del orden público en las ciudades y poblaciones urbanas, la Guardia Civil siguió su tradición de velar por el orden en las zonas rurales y en las pequeñas poblaciones.
¿Qué hace hoy la Policía Nacional?
La Policía Nacional, tal como la conocemos hoy, es el resultado de siglos de evolución y adaptación a las necesidades de la sociedad. Sus funciones esenciales, aunque modernizadas y especializadas, siguen enraizadas en los principios fundacionales de cuerpos policiales a lo largo de la historia. Fundamentalmente, la Policía Nacional vela por el libre ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, persiguiendo a quienes los vulneran y poniéndolos a disposición de la Justicia. Esta es una de las misiones que ya recogía la Real Cédula de 1824, y que sigue siendo un pilar fundamental de su labor.
Además, la Policía Nacional garantiza la prestación del servicio público de seguridad, esencial para la paz pública, la calidad de vida y el bienestar general de la ciudadanía. Su trabajo implica mantener el orden público, investigar delitos, proteger a las víctimas, y, en definitiva, asegurar un entorno seguro para todos los habitantes. Los agentes de policía actúan como la "longa manus" de la justicia, siendo los ejecutores materiales de las leyes y garantes de la seguridad ciudadana. Su profesionalidad y dedicación son baluartes importantes de la sociedad española, adaptándose continuamente a los desafíos contemporáneos para seguir siendo un referente internacional en la protección y el servicio a la comunidad.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue el primer antecesor de la Policía Nacional?
El primer antecesor de la Policía Nacional surge en 1824, con la creación, bajo el reinado de Fernando VII, de la Policía General del Reino mediante la Real Cédula de 13 de enero.
Anteriormente, durante el llamado Trienio Constitucional (1820-1823), se había elaborado un proyecto de cuerpo policial "destinado a la seguridad de las personas y bienes y la conservación del orden público", pero se frustró. La Real Cédula de 1824 es considerada la fecha fundacional de la Policía Española en clave de modernidad y estableció una doble clasificación del personal policial: profesionales (como el Superintendente General, el Secretario, el Tesorero, los Comisarios de Cuartel, y los Celadores de Barrio y de Puertas) y semiprofesionales (los Alcaldes de Barrio).
¿Cuándo se celebra el bicentenario de la Policía Nacional?
El bicentenario de la Policía Nacional se celebra el 13 de enero de 2024, conmemorando los 200 años desde que el rey Fernando VII creó la Policía General del Reino en 1824. Este decreto fijó dos de las funciones esenciales que el cuerpo mantiene actualmente: velar por el libre ejercicio de los derechos ciudadanos y perseguir a quienes los vulneran, poniéndolos en manos de la Justicia; y la prestación del servicio público de seguridad para garantizar el bien y la seguridad pública.
A lo largo de estos 200 años, la Policía ha experimentado grandes cambios y mejoras. Hitos importantes incluyen la creación de los cuerpos de "Investigación y Vigilancia" y "de Seguridad y Asalto" en 1932, y con la Transición, la Ley de 4 de diciembre de 1978 que estableció el Cuerpo Superior de Policía y el Cuerpo de Policía Nacional. También en 1978 se convocaron por primera vez plazas de acceso para mujeres, con las primeras 53 mujeres accediendo en 1984. Finalmente, en 1986, entró en vigor la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que dio lugar a la configuración actual de la Policía Nacional española, definiendo el modelo policial vigente hasta la fecha.
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