26/09/2017
Las alergias, una respuesta exagerada de nuestro sistema inmunitario a sustancias inofensivas, han acompañado a la humanidad durante siglos. Detrás de síntomas como el picor, los estornudos o la congestión se encuentra un mediador químico fundamental: la histamina. Esta molécula, liberada por los mastocitos y basófilos en una reacción alérgica aguda, posee una amplia actividad biológica mediada a través de sus receptores de superficie celular, clasificados principalmente en H1, H2 y H3. Comprender su mecanismo fue el primer paso para desarrollar fármacos capaces de contrarrestar sus efectos, marcando el inicio de una era de alivio para quienes padecían estas afecciones. Pero, ¿cuál fue el pionero que abrió este camino?
- La Histamina: Un Componente Clave en las Alergias
- La Estructura Química de los Antihistamínicos: Bloqueando la Reacción
- Los Antihistamínicos Clásicos: La Primera Generación
- Antihistamínicos de Segunda Generación: La Búsqueda de la Selectividad
- Antihistamínicos H2: Más Allá de las Alergias
- Preguntas Frecuentes
- Comparativa de Antihistamínicos por Generación
- Conclusión: La Evolución del Alivio
La Histamina: Un Componente Clave en las Alergias
La histamina es el principal componente farmacológico asociado con la reacción alérgica aguda, que depende de la inmunoglobulina E (IgE) y el alérgeno desencadenante. Cuando un alérgeno entra en contacto con el cuerpo de una persona sensible, se une a la IgE presente en la superficie de los mastocitos y basófilos. Esta unión desencadena una cascada de eventos que culmina con la liberación de mediadores químicos, siendo la histamina uno de los más prominentes. Una vez liberada, la histamina actúa sobre receptores específicos en diversas células y tejidos, provocando los síntomas característicos de las alergias, como la vasodilatación, el aumento de la permeabilidad vascular, la contracción del músculo liso bronquial y la estimulación de terminaciones nerviosas sensoriales que causan picor.

La Estructura Química de los Antihistamínicos: Bloqueando la Reacción
Los antihistamínicos son, por definición, antagonistas farmacológicos de la histamina. Poseen una relación estructural con la histamina que les permite unirse a sus receptores y bloquear su acción. La clave de su diseño reside en un nitrógeno terciario en su grupo etilamina, con dos sustituciones (R1, R23). La presencia de múltiples anillos aromáticos y heterocíclicos en su estructura los hace lipofílicos, una característica que, si bien les permite penetrar en ciertos tejidos, también explica sus efectos a nivel del sistema nervioso central (SNC).
Los Antihistamínicos Clásicos: La Primera Generación
El camino hacia el alivio de las alergias comenzó a pavimentarse alrededor de 1940 con el descubrimiento del primer antihistamínico: la pirilamina. Este compuesto, perteneciente a la familia de las etilenodiaminas, marcó un hito en la farmacología. Poco después, se descubrió la difenhidramina (una etanolamina), que rápidamente ganó popularidad y se convirtió en un fármaco de amplio uso en la medicina. De hecho, la difenhidramina es actualmente considerada la droga patrón de los antihistamínicos clásicos de primera generación.
Estos antihistamínicos de primera generación no solo bloqueaban los receptores H1 de la histamina, sino que también interactuaban con otros receptores, como los de acetilcolina, dopamina y serotonina. Esta falta de selectividad, junto con su capacidad para cruzar fácilmente la barrera hematoencefálica, les confería efectos adicionales. Por ejemplo, la mepiramina (una piperazina) y la prometazina (una fenotiazina), gracias a sus efectos anticolinérgicos, se utilizaron como estimulantes y para trastornos vestibulares. La difenhidramina y la hidroxizina (otra piperazina) destacaron por su acción sedante y ansiolítica, encontrando aplicación como ansiolíticos leves, especialmente en psiquiatría, donde el prurito y la ansiedad a menudo coexisten. Es importante señalar que los pacientes sensibles a la hidroxizina pueden presentar reacción cruzada con la etilendiamina.
Reacciones Adversas de los Antihistamínicos de Primera Generación
La principal desventaja de estos fármacos pioneros era su perfil de efectos secundarios, derivados de su no selectividad y su fácil penetración en el SNC. Las reacciones adversas se podían clasificar en:
- Reacciones de estimulación: Incluían aumento del apetito, disquinesia (espasmos musculares faciales, de la lengua, cuello y manos), activación de focos epileptogénicos, insomnio, nerviosismo, irritabilidad, temblor y taquicardia.
- Reacciones neuropsiquiátricas: Ansiedad, confusión, depresión y, raramente, alucinaciones y psicosis. En casos muy raros, se reportaron parestesias y parálisis.
- Reacciones depresivas: La más común y notoria era la sedación, que podía ser indeseable incluso en las dosis habituales para controlar la urticaria. Otros síntomas incluían somnolencia, fatiga, laxitud, adormecimiento, vértigo y dificultad para conducir vehículos o manejar maquinaria.
En pacientes ancianos y aquellos con disfunción hepática, el riesgo de estos efectos adversos en el SNC aumentaba debido a un retardo en la eliminación del fármaco o sus metabolitos. Además, la eficacia de la terapia prolongada con antihistamínicos de primera generación, como la clorfeniramina, tendía a disminuir con el tiempo, un fenómeno que no se observa con las generaciones posteriores. La doxepina, aunque un antidepresivo tricíclico, también posee una potente actividad antihistamínica H1 y se ha utilizado en urticaria, pero con importantes contraindicaciones e interacciones medicamentosas (inhibidores de la MAO, terfenadina, antibióticos macrólidos, antifúngicos imidazólicos).
El tratamiento de una sobredosis de antihistamínicos de primera generación se enfoca en medidas de soporte, como la evacuación del contenido estomacal, prevención de la absorción y el uso de anticonvulsivantes o hemodiálisis. No existen antídotos específicos.
Antihistamínicos de Segunda Generación: La Búsqueda de la Selectividad
La necesidad de reducir los efectos secundarios de la primera generación impulsó el desarrollo de los antihistamínicos de segunda generación. Estas moléculas son más grandes, lipofóbicas y se unen en gran porcentaje a la albúmina, lo que les dificulta cruzar la barrera hematoencefálica. Esto se traduce en una menor incidencia de sedación y otros efectos en el SNC. Varían considerablemente en su perfil farmacocinético y farmacodinámico, difiriendo en la fuerza, tiempo y duración de su efecto. Su ligazón al receptor H1 es no competitiva, lo que significa que la histamina es incapaz de desplazar la droga del receptor una vez unida.
Generalmente, su concentración pico en suero es baja (microgramos o nanogramos), y aunque la mayoría de las drogas pierden su actividad al metabolizarse, algunos antihistamínicos de segunda generación pueden formar metabolitos activos. Su excreción se realiza por vía renal (cetirizina, ketotifeno) o fecal (terfenadina, astemizol). A diferencia de sus predecesores, muchos de estos fármacos carecen de actividad antiserotoninérgica, lo que reduce la estimulación del apetito y el aumento de peso.
Aunque estudios han mostrado un deterioro menor en la habilidad para conducir vehículos con dosis terapéuticas de nueva generación en comparación con la primera, los efectos son mucho menores, excepto con dosis que superan dos o tres veces las recomendadas. Son los agentes de elección en el tratamiento de la urticaria crónica idiopática y se usan profilácticamente a largo plazo, sin que se haya reportado resistencia con su uso prolongado.
Terfenadina (Piperidina)
Introducida en 1980, la terfenadina fue el primer antihistamínico no sedante aprobado por la FDA en 1985. Se absorbe rápidamente por vía oral y es metabolizada por el sistema citocromo P450 CYP3A4 del hígado a un metabolito ácido activo (fexofenadina o terfenadina carboxilato) y a un metabolito inactivo. Rápidamente ganó popularidad por su ausencia de sedación, psicomotor y efectos cognitivos en dosis terapéuticas, y por no potenciar el efecto depresivo del alcohol o el diacepam.
Sin embargo, la terfenadina se asoció con interacciones adversas potencialmente fatales, incluyendo prolongación del intervalo QTc y arritmias ventriculares. Estos efectos se debieron a la acumulación de la droga, secundaria a insuficiencia hepática, interacciones con otras drogas (como macrólidos y antifúngicos imidazólicos que inhiben el CYP3A4) o sobredosis. Estas preocupaciones llevaron a su eventual retirada del mercado en muchos países.
Fexofenadina (Piperidina)
La fexofenadina es el metabolito activo de la terfenadina y fue aprobada por la FDA como una alternativa segura, al carecer de las complicaciones cardiológicas adversas del compuesto primigenio. Demostró igual eficacia en rinitis estacional y no produce anormalidades en el ECG, excepto en sobredosis extremas. Su perfil de seguridad cardiovascular la convirtió en una opción preferida.
Astemizol (Piperidina)
El astemizol se caracteriza por un inicio y duración de acción únicos. Su absorción podría verse afectada por los alimentos. Es extensamente metabolizado con un significativo metabolismo de primer paso. Se liga a proteínas plasmáticas en un 97%, y la disfunción hepática incrementa sus niveles, aumentando el riesgo de arritmias cardíacas. Su actividad inhibitoria persiste por más de 18 a 20 días después de la administración, lo que se explica por su lenta liberación de los lisosomas hepáticos y su unión casi irreversible a los receptores H1 tisulares. No debe usarse durante el embarazo debido a la persistencia de sus metabolitos. No es adecuado para tratamientos intermitentes o síntomas alérgicos agudos debido a su lento inicio de acción (hasta cuatro semanas para alcanzar la actividad terapéutica máxima). Se ha asociado con incremento del apetito y aumento de peso, y tiene un perfil de interacción a drogas similar a la terfenadina, con riesgos de cardiotoxicidad (prolongación QTc y arritmias ventriculares).

Loratadina (Piperidina)
Relacionada estructuralmente con la azatadina, la loratadina es un antagonista selectivo de los receptores H1 periféricos, diez veces menos potente en receptores centrales. Se caracteriza por un rápido inicio y sostenida actividad antihistamínica. Se absorbe rápidamente y se metaboliza extensamente a nivel hepático por las isoenzimas CYP3A4 y CYP2D6 a descarboetoxiloratadina (su metabolito activo, la desloratadina). Su vida media en suero se prolonga en ancianos y sus niveles pueden aumentar con el uso concomitante de antibióticos macrólidos o antifúngicos imidazólicos. En pacientes con insuficiencia hepática severa, su metabolismo disminuye, requiriendo dosis menores. La loratadina no causa el tipo de arritmia descrito con la terfenadina y el astemizol, lo que la hace una opción segura desde el punto de vista cardíaco. Es efectiva para la urticaria crónica y el prurito por dermatitis atópica. Es categoría B por la FDA en el embarazo.
Ebastina (Piperidina)
Derivado piperidínico con absorción y un inicio de acción rápidos. Es metabolizada extensamente a carebastina, un ácido carboxílico activo. Su metabolismo ocurre por la misma isoenzima hepática CYP450 que la terfenadina, y su eliminación es lenta. Las interacciones medicamentosas con ketoconazol y antibióticos macrólidos, que causan riesgo cardiovascular con terfenadina, pueden ser similares con ebastina. Se ha observado que produce una prolongación del intervalo QTc similar al astemizol y menor que la terfenadina en algunos estudios, aunque otros no han encontrado efectos significativos en el SNC y sistema cardiovascular a dosis terapéuticas elevadas. La ebastina también disminuye la liberación de GM-CSF (factor estimulante de colonias de granulocitos y macrófagos). Los efectos adversos incluyen boca seca, somnolencia, dolor de cabeza y dolor abdominal, aunque dosis de 10 o 20 mg no suelen afectar la capacidad de conducir.
Cetirizina (Piperazina)
La cetirizina es el metabolito ácido carboxílico de la hidroxizina y posee tres características importantes: gran especificidad por los receptores H1, bajo nivel de metabolismo y existencia de actividad celular involucrada en la patogénesis de la alergia no dependiente de H1. Su selectividad por los receptores H1 es notable, con menos afinidad por receptores de serotonina, dopamina y alfa-adrenérgicos. Generalmente, no es sedante en dosis terapéuticas, aunque la incidencia de sedación es dosis dependiente. No potencia el efecto depresivo del alcohol o el diacepam. Además de su efecto antihistamínico, la cetirizina puede modular la expresión de moléculas de adhesión intercelular (ICAM-1) y leucocitarias (LFA-1), inhibiendo la migración de células inflamatorias al sitio de la inflamación alérgica, lo que le confiere un efecto antiinflamatorio. Es eficaz en urticaria y en desórdenes no tipo 1 donde el prurito es el síntoma principal, como la dermatitis atópica.
Epinastina
Se absorbe rápidamente del tracto gastrointestinal y circula inalterada en el plasma, difunde rápidamente a los tejidos periféricos y no atraviesa la barrera hematoencefálica. La epinastina inhibe la liberación de histamina y leucotrienos a nivel del mastocito, y en estudios in vitro, inhibe la migración de eosinófilos en la fase tardía de una reacción alérgica inducida.
Ketotifeno
Aunque a veces se le clasifica aparte, su actividad bloqueadora H1 está demostrada. Es un benzocicloheptatiofeno con efecto antihistamínico y antialérgico, usado como profiláctico no broncodilatador en asma. Es completamente absorbido por vía oral. Sus indicaciones terapéuticas incluyen prevención del asma bronquial y tratamiento de alergias multisistémicas, rinitis alérgica y reacciones alérgicas en piel, incluyendo urticaria. Puede causar sedación, boca seca o vértigo suave al inicio del tratamiento, que suelen desaparecer con el uso continuo. Ocasionalmente, se han reportado síntomas de estimulación del SNC y aumento de peso. Puede potenciar los efectos depresores del SNC, antihistamínicos y alcohol. En urticaria, reduce la liberación de histamina y la picazón, pero es menos efectivo contra el eritema y la roncha. Se ha sugerido que muchos de sus efectos beneficiosos en enfermedades alérgicas se deben a su actividad anti-PAF.
Antihistamínicos H2: Más Allá de las Alergias
Los antihistamínicos H2, como la cimetidina, ranitidina, famotidina y nizatidina, son conocidos principalmente por su capacidad para reducir la secreción ácida gástrica, siendo su indicación principal la prevención y el control de la úlcera gastroduodenal. Sin embargo, en dermatología, la cimetidina se ha utilizado tradicionalmente en el tratamiento de las mastocitosis, especialmente en casos con sintomatología gastrointestinal, para prevenir los efectos de la degranulación mastocitaria.
La adición de antihistamínicos H2 a pacientes tratados con antihistamínicos H1 ha demostrado un valor terapéutico notable en la urticaria crónica. Sin embargo, su uso no está tan extendido en estas patologías como el de los H1, y cuando se emplean, suelen ser en combinación con otros fármacos. Por sus propiedades estimuladoras de la inmunidad celular, la cimetidina también se ha utilizado con éxito en el tratamiento de algunas infecciones por el virus del papiloma humano.
Preguntas Frecuentes
¿Qué diferencia hay entre un antialérgico y un antihistamínico?
El término "antialérgico" es un concepto más amplio que se refiere a cualquier medicamento que reduce o previene los síntomas de una reacción alérgica. Esto incluye una variedad de fármacos con diferentes mecanismos de acción, como los corticosteroides, los descongestionantes, los estabilizadores de mastocitos y los inmunomoduladores. Un "antihistamínico", por otro lado, es un tipo específico de antialérgico que actúa bloqueando la acción de la histamina, el mediador principal en muchas reacciones alérgicas. Por lo tanto, todos los antihistamínicos son antialérgicos, pero no todos los antialérgicos son antihistamínicos.
¿Cuáles son los antihistamínicos de tercera generación?
Los antihistamínicos de tercera generación son metabolitos activos y/o enantiómeros de los de segunda generación. Su desarrollo busca mejorar aún más el perfil de seguridad y eficacia, minimizando los efectos secundarios. Los principales ejemplos son:
- Levocetirizina: Metabolito de la cetirizina.
- Fexofenadina: Metabolito de la terfenadina.
- Desloratadina: Metabolito de la loratadina.
- Tecastemizol: (En estudio, metabolito del astemizol).
Estos fármacos mantienen la alta selectividad por los receptores H1 y la capacidad de no atravesar, o hacerlo muy escasamente, la barrera hematoencefálica, lo que se traduce en una menor o nula sedación y un mejor perfil de seguridad cardiovascular.
¿Cuál es el antihistamínico más potente?
Según los estudios, la desloratadina es considerada más potente que otros antihistamínicos de segunda generación como la mizolastina, cetirizina, ebastina, loratadina y fexofenadina. Esta mayor potencia implica que se necesita una dosis inferior de desloratadina para controlar eficazmente los síntomas alérgicos.
¿Cuáles son los antihistamínicos más usados?
Entre los antihistamínicos de segunda y tercera generación, que son los de uso más extendido debido a su mejor perfil de seguridad y menor sedación, se encuentran:
- Cetirizina
- Loratadina
- Ebastina
- Desloratadina
- Fexofenadina
- Bilastina
Estos son los que comúnmente se prescriben para el tratamiento de la rinitis alérgica, urticaria y otras condiciones alérgicas.
Comparativa de Antihistamínicos por Generación
| Característica | Primera Generación (Clásicos) | Segunda Generación | Tercera Generación |
|---|---|---|---|
| Ejemplos | Pirilamina, Difenhidramina, Clorfeniramina, Prometazina, Hidroxizina | Terfenadina (retirada), Astemizol (retirada), Loratadina, Ebastina, Cetirizina, Ketotifeno, Epinastina | Fexofenadina, Desloratadina, Levocetirizina |
| Sedación | Alta y común | Baja o nula a dosis terapéuticas, puede haber con dosis altas | Nula o mínima |
| Penetración BBB | Alta (cruzan fácilmente) | Baja (dificultad para cruzar) | Muy baja o nula (no cruzan o cruzan mínimamente) |
| Selectividad H1 | Baja (actúan sobre otros receptores: colinérgicos, dopaminérgicos, serotoninérgicos) | Alta (mayor afinidad por H1) | Muy alta (altamente selectivos por H1 periféricos) |
| Riesgo Cardíaco | Generalmente bajo, pero pueden causar taquicardia por efectos anticolinérgicos | Algunos (Terfenadina, Astemizol) alto riesgo de arritmias; otros (Loratadina, Cetirizina) bajo riesgo | Muy bajo o nulo |
| Interacciones Medicamentosas | Numerosas (ej. potenciación de depresores del SNC) | Menos, pero importantes para algunos (ej. con inhibidores CYP3A4 para Terfenadina/Astemizol/Ebastina) | Mínimas |
Conclusión: La Evolución del Alivio
Desde el descubrimiento de la pirilamina como el primer antihistamínico hasta el desarrollo de las sofisticadas moléculas de tercera generación, la ciencia ha avanzado significativamente en el tratamiento de las alergias. La histamina, ese mediador químico clave en las reacciones alérgicas, ha sido el objetivo principal de estos fármacos. Hemos pasado de compuestos con amplios efectos secundarios, principalmente la sedación y las interacciones en el SNC, a medicamentos altamente selectivos y seguros que permiten a los pacientes llevar una vida normal sin los molestos síntomas de las alergias. Esta evolución no solo ha mejorado la eficacia del tratamiento, sino que también ha elevado considerablemente la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo, ofreciendo un alivio sostenido y con menos complicaciones.
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