Schoenberg y la Armonía: Más Allá de las Reglas

08/05/2017

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En el vasto universo de la música, la armonía ha sido tradicionalmente vista como un conjunto de reglas inmutables, casi divinas, que rigen la combinación de sonidos. Sin embargo, pocos pensadores se atrevieron a cuestionar esta premisa con la profundidad y lucidez de Arnold Schoenberg. Su influyente “Tratado de Armonía”, publicado por primera vez en 1911 y revisado en 1922, no es solo un manual pedagógico; es una obra filosófica que desmantela los cimientos de la armonía clásica, ofreciendo una perspectiva dinámica y evolutiva que sigue siendo relevante para compositores, intérpretes y teóricos del siglo XXI. Schoenberg nos invita a ver la armonía no como un conocimiento intemporal, sino como un estadio histórico, un reflejo de una época, y a reconocer que, como todo en la vida, está sujeta a un proceso incesante de transformación.

¿Cómo puedo practicar los acordes?
Para practicar los acordes, tu misión es colocar las posiciones y tocar cada cuerda una a una para asegurarte de que suenen bien. Si alguna suena mal, mueves el dedo hasta que suene correctamente. Con la práctica, tus dedos y mano se fortalecerán y la piel de las yemas se endurecerá.
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La Armonía: ¿Una Ley Eterna o un Concepto en Evolución?

Para Schoenberg, la idea de que la armonía clásica representaba una ley natural o eterna era una falacia. Él argumentaba que lo que se consideraba "ley" era, en realidad, una síntesis de un estilo de época, un conjunto de "gustos de época" que, aunque eficaces en su momento para la creación de obras maestras, inevitablemente evolucionarían y se agotarían. Su crítica a la estética tradicional era feroz, acusándola de intentar "asesinar al arte vivo" al querer eternizar nociones provisionales. Schoenberg, en un eco heracliteano, sostenía que lo único que es eterno es el cambio. Esta visión dialéctica de la música desafiaba la concepción estática predominante y abría el camino a nuevas formas de expresión.

El autor del prólogo al Tratado de Armonía compara la enseñanza musical con la del ebanista. Un maestro ebanista no se presenta como un "teórico", sino como un "maestro de oficio" que enseña la práctica. De manera similar, Schoenberg criticaba a los teóricos musicales que se aferraban a reglas abstractas sin una conexión profunda con la práctica creativa. Para él, el verdadero propósito de la enseñanza de la armonía no era imponer dogmas, sino proporcionar al alumno las herramientas y la habilidad ("artesanado") para crear, y, lo más importante, estimular su capacidad de "escucharse a sí mismo", de buscar y experimentar.

Esta relativización de la armonía tradicional no era un acto de destrucción gratuita, sino una invitación a una comprensión más profunda. Al considerar la tonalidad como un sistema que ya había alcanzado su ocaso, Schoenberg podía analizarla desde una perspectiva externa, desvelando sus límites y contornos de una manera que era imposible para quienes aún estaban inmersos en ella. Esta claridad en el análisis de la tonalidad sentó las bases para la necesidad de un nuevo sistema, una "nueva síntesis" que abrazara la escala cromática en su totalidad, anticipando así el dodecafonismo.

Consonancia y Disonancia: Una Nueva Perspectiva

Uno de los puntos más revolucionarios del “Tratado de Armonía” es la redefinición de la relación entre consonancia y disonancia. Schoenberg argumenta que la distinción tradicional entre ambas es puramente de grado, no esencial. Basándose en la serie de los armónicos superiores, explica que los primeros armónicos son más fácilmente perceptibles y familiares al oído (dando lugar a las consonancias), mientras que los más alejados son apenas audibles y se perciben más como timbre que como alturas individuales (dando lugar a las disonancias). Sin embargo, todos contribuyen al fenómeno total del sonido. La diferencia, por tanto, es de complejidad y distancia respecto al sonido fundamental, no de oposición.

¿Qué acordes podrían insertarse en estos ejemplos?
Naturalmente, podrían insertarse otros acordes u otras sucesiones (que sean buenas). En los ejemplos 108/, 108g, 108h, también los grados decisivos son el VII y el III. Es igualmente aquí muy recomendable la cadencia interrumpida, porque, sin crear imprecisiones, enmascara nuestro objetivo.

Esta idea es crucial porque implica que, a medida que la capacidad del oído para analizar armónicos más lejanos evoluciona, lo que antes se consideraba una disonancia se integra gradualmente en el ámbito de los medios expresivos musicales. Para Schoenberg, las etiquetas "consonancia" y "disonancia" son erróneas porque sugieren una antítesis que no existe en la naturaleza del sonido. La historia de la música, con la progresiva aceptación de intervalos y acordes antes considerados "duros" o "malsonantes", es una prueba de esta evolución.

Comparación: Visión Tradicional vs. Visión Schoenbergiana

CaracterísticaVisión TradicionalVisión de Schoenberg
Naturaleza de C/DAntítesis fundamental: consonantes son estables, disonantes requieren resolución.Diferencia de grado, no esencial. Ambas son parte del mismo fenómeno acústico.
Base acústicaBasada en relaciones matemáticas simples y armónicos cercanos.Toda la serie de armónicos superiores, incluyendo los más alejados.
EvoluciónReglas fijas, expansión limitada del uso de disonancias.El oído se familiariza gradualmente con armónicos más lejanos, expandiendo el concepto de "sonido artístico".
PercepciónClaridad auditiva, sensación de reposo o tensión.Los armónicos lejanos se perciben como timbre; la impresión es completa aunque no se analice la altura individual.

El Ocaso de la Tonalidad y el Amanecer de lo Nuevo

El Tratado de Armonía no solo analiza la tonalidad, sino que presagia su inevitable fin como sistema dominante. Schoenberg observa cómo el aumento de acordes de seis o más sonidos y la proliferación de "acordes errantes" (como la séptima disminuida, que no se define por una única tonalidad sino por el contexto) evidencian las limitaciones del sistema tonal para absorber toda la riqueza sonora que los compositores empezaban a explorar. Estos elementos, cada vez más presentes en la música de su tiempo, demandaban una nueva base teórica capaz de incluirlos sistemáticamente.

La solución que Schoenberg previó fue el dodecafonismo, un sistema basado en los doce sonidos de la escala cromática, ordenados en una "serie" específica para cada obra. Aunque el término "atonal" se popularizó para describir esta música, Schoenberg lo rechazaba por razones semánticas, prefiriendo "politonal" o "pantonal". Para él, la música siempre tiene una relación tonal, aunque sea una relación expandida o en constante fluctuación. La serie dodecafónica, al desplegarse horizontalmente, también exaltaba lo melódico, anticipando una "nueva época del estilo polifónico" donde las formaciones acórdicas serían un resultado de la conducción de las voces, no de la superposición de terceras.

Otra idea visionaria que Schoenberg introduce es la "melodía de timbres" (Klangfarbenmelodie). Esta noción va más allá de la instrumentación como mero revestimiento de las alturas. Para Schoenberg, la altura es una dimensión del timbre mismo, lo que implica que el timbre no es un adorno, sino un elemento constructivo fundamental. Esto revolucionó la forma en que los compositores concebían el organismo sonoro, donde el timbre se adhiere a la creación desde su concepción, a veces incluso volviendo la altura un elemento secundario. Esta atención predominante al sonido en sí mismo, como una concepción acústica totalizadora, es la base de gran parte de la creación musical contemporánea.

La Pedagogía de la Armonía Según Schoenberg: Más Allá de las Reglas

La filosofía pedagógica de Schoenberg, tal como se desprende de su prólogo, es tan radical como sus ideas armónicas. Se opone a la figura del profesor infalible que solo transmite "lo que sabe". En cambio, aboga por un maestro que "tiene el valor de equivocarse", que busca incansablemente y que, al reconocer sus propios errores, estimula a sus alumnos a pensar y a cuestionar. Su método se basa en la "búsqueda" y el "movimiento", en lugar de la imposición de reglas rígidas.

¿Cuál es el sistema acordado por las partes?
El sistema acordado por las partes puede ser el que ellos quieran, incluido el sistema mencionado a continuación.

Schoenberg distingue claramente entre el artesanado (el oficio, el dominio de las técnicas y el material musical) y la creación artística. Mientras que el artesanado puede y debe ser enseñado con rigor, la verdadera creación es un acto de invención, de ir "contra mucho de lo que se le ha enseñado". La tarea del profesor, en este nivel superior, es ayudar al artista a "escucharse a sí mismo". Los ejercicios que propone en su tratado no tienen pretensión artística; son problemas concretos para desarrollar una habilidad que permita al alumno crear algo "de probada eficacia", sin garantizar que sea "nuevo, interesante o bello".

Esta perspectiva desafía la comodidad y la superficialidad. Schoenberg creía que la "formación" musical no debía ser un mero compendio de conocimientos superficiales, sino una "preparación" o "instrucción" que sacuda al alumno, lo obligue a meditar y a buscar por sí mismo. Para él, la actividad mental y artística se proyecta tanto hacia el pasado (rehaciéndolo) como hacia el futuro (abriendo caminos). El error, en este proceso de búsqueda, es parte de la "veracidad" y no debe amedrentar, pues en el futuro reside una "soberana perfección aún oculta".

Preguntas Frecuentes sobre la Armonía y Schoenberg

¿Qué es la armonía para Schoenberg?

Para Schoenberg, la armonía es la "simultaneidad sonora". Es un concepto amplio que abarca todas las combinaciones de sonidos que ocurren al mismo tiempo, sin limitarse a las reglas tonales tradicionales. Él la ve como un fenómeno en constante evolución, no como un sistema estático o un conjunto de leyes inmutables.

¿Cómo ve Schoenberg la relación entre consonancia y disonancia?

Schoenberg sostiene que la diferencia entre consonancia y disonancia es de grado, no esencial. Ambas son parte del mismo espectro sonoro, derivado de la serie de armónicos superiores. Las consonancias son los armónicos más cercanos y perceptibles, mientras que las disonancias son los armónicos más lejanos y complejos, que el oído con el tiempo aprende a asimilar y percibir de nuevas maneras (incluso como timbre).

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¿Por qué Schoenberg rechazaba el término "atonal"?

Schoenberg consideraba el término "atonal" inapropiado porque implicaba una ausencia total de relación tonal, lo cual para él no era posible en la música. Prefería términos como "politonal" o "pantonal" para describir la expansión de las posibilidades tonales más allá del sistema mayor-menor, sugiriendo que la música siempre mantiene algún tipo de organización o relación interna, aunque no sea la tradicional.

¿Cuál es la importancia del "Tratado de Armonía" hoy en día?

El “Tratado de Armonía” es fundamental porque no solo codifica la armonía tradicional en su ocaso, sino que también anticipa y justifica la necesidad de nuevos lenguajes musicales, como el dodecafonismo. Su enfoque filosófico sobre la evolución del arte, la pedagogía y la naturaleza del sonido lo convierte en una obra esencial para comprender la transición de la música del siglo XIX al XX y su desarrollo posterior.

¿Cómo se aplica la filosofía de Schoenberg a la práctica musical?

La filosofía de Schoenberg anima a los músicos a ir más allá de la mera aplicación de reglas. Implica una constante búsqueda y experimentación, un profundo entendimiento del material sonoro y una disposición a desafiar las convenciones. Para los compositores, significa explorar todas las posibilidades de la "simultaneidad sonora"; para los intérpretes y oyentes, implica una mente abierta a la evolución del lenguaje musical y una apreciación del sonido en todas sus dimensiones.

Conclusión

El “Tratado de Armonía” de Arnold Schoenberg es mucho más que un libro de texto; es una profunda meditación sobre la naturaleza del arte, la evolución del sonido y el rol del artista y el pedagogo. Al relativizar la armonía tradicional y redefinir conceptos fundamentales como la consonancia y la disonancia, Schoenberg no solo dio forma a un nuevo lenguaje musical, el dodecafonismo, sino que también nos legó una forma de pensar sobre la música: una forma dinámica, inquisitiva y abierta al futuro. Su legado nos recuerda que el arte es un proceso en constante movimiento, una búsqueda incesante que se niega a ser encorsetada por dogmas o verdades inmutables, y que la verdadera belleza reside en el coraje de explorar lo desconocido y en la capacidad de escuchar la voz interior que impulsa la creación.

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