¿Por qué me he emocionado en acompañar a mi coachee en su mandala?

El Mandala en Coaching: Un Viaje a tu Futuro Ideal

31/08/2020

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En el dinámico universo del coaching, la búsqueda de herramientas que impulsen la visualización y la proyección personal es constante. Entre ellas, el Mandala emerge como un recurso extraordinariamente potente, capaz de guiar al coachee hacia la construcción de su futuro ideal. Esta técnica milenaria, más allá de su belleza estética, se convierte en un mapa de ruta para el desarrollo personal, permitiendo explorar anhelos y metas de una forma profunda y emocionalmente resonante. Acompáñanos a desentrañar por qué esta herramienta no solo fascina, sino que también transforma vidas, desde la perspectiva del coach y del propio coachee.

¿Por qué me he emocionado en acompañar a mi coachee en su mandala?
Confieso que como coach me he emocionado en acompañar a mi coachee en su Mandala, más que con otras herramientas. Es un proyecto en el que se acompaña al coachee desde 0, hasta crear un plan de acción (y un seguimiento) y esto lo hace tan especial. Es como acompañar en escribir un guión de la que será la película del resto de la vida del coachee.

El Mandala como Herramienta Transformadora en el Coaching

Desde la perspectiva del coach, el Mandala se revela como una herramienta excepcional, especialmente valiosa para aquellas personas a quienes les resulta más desafiante soñar y pensar más allá de su realidad inmediata. Implica un esfuerzo consciente de “alejamiento” del presente y del pasado, invitando a la mente a explorar horizontes nuevos y posibilidades ilimitadas. Es crucial, al introducir esta herramienta, establecer un marco temporal claro para la proyección. No es lo mismo visualizar a 3 años que a 10, y es fundamental permitir que el coachee defina qué constituye para él un medio o largo plazo, y cuál es su horizonte ideal de vida. Este espacio de libertad en la definición del tiempo y los sueños es vital para el éxito de la sesión.

La clave para presentar esta herramienta reside en el momento oportuno. Nunca debe proponerse antes de haber generado un sólido rapport y un contexto de confianza con el coachee. Si se introduce demasiado pronto, el coachee podría no estar preparado, quizás aún anclado a su realidad presente o a objetivos preestablecidos. La herramienta, por su naturaleza holística, puede parecer abrumadora si no se explica con la suficiente claridad. Por ello, es imperativo detallar los objetivos del Mandala y los pasos a seguir, asegurando que el coachee se sienta acompañado y comprenda plenamente el proceso. En muchos casos, el acompañamiento físico en la sala, si el coachee lo requiere, refuerza esa sensación de seguridad y apoyo.

Es importante tener presente que el Mandala es un proyecto global que involucra múltiples facetas de la vida del coachee. Esto significa que puede trascender los objetivos inicialmente establecidos para la sesión, abriendo nuevas vías de exploración y autoconocimiento. Aunque es una herramienta inicialmente muy visual, el coach debe ir más allá de la representación gráfica. Es fundamental hacer preguntas relacionadas con los aspectos auditivos y kinestésicos para profundizar en la experiencia. Investigar y respetar el VAK (Visual, Auditivo, Kinestésico) del coachee es siempre recomendable. Hay detalles que el coachee resaltará por sí mismo, mientras que otros pueden emerger a raíz de las preguntas del coach. Prestar atención a los detalles descritos y cómo son acompañados por el lenguaje corporal y emocional del coachee es crucial para una comprensión completa.

Como todas las herramientas de coaching, el Mandala puede funcionar de maravilla para algunas personas y menos para otras. Las razones pueden ser diversas: un momento inoportuno, un esquema mental particular o simplemente que la persona nunca se lo ha planteado. Si bien es posible que no se consigan los objetivos inicialmente propuestos, esto no le resta valor. Por el contrario, proporciona información inestimable que puede orientar al coach hacia el uso de otras herramientas más efectivas para la situación. En cualquier caso, el Mandala siempre abre opciones y expande la perspectiva del coachee.

Esta herramienta requiere tiempo, y es probable que algunos elementos deban ser profundizados en sesiones posteriores. Es pura emoción; genera sorpresa y permite compartir las emociones y la visión del coachee de una manera única. Confieso que, como coach, me he emocionado profundamente al acompañar a un coachee en la creación de su Mandala, más que con otras herramientas. Es un proyecto en el que se acompaña al coachee desde cero hasta la creación de un plan de acción (y su seguimiento), lo que lo hace tan especial. Es como coescribir el guion de la que será la película del resto de la vida del coachee. No es necesario que el coach entienda cada detalle; lo importante es que el coachee se emocione con ellos y que tengan un sentido profundo para él.

La Experiencia del Coachee: Un Viaje de Autodescubrimiento

Desde la vivencia del coachee, el Mandala representa la representación gráfica de un ideal, de lo que puede parecer un sueño inalcanzable, pero que se convierte en uno auténtico y creíble. Incluso para aquellos que estamos tan anclados a la realidad presente, el Mandala hace tangible nuestra realidad ideal, sin limitaciones de recursos y donde las creencias limitantes se desvanecen en un segundo plano. ¡Es libertad absoluta, por fin! Es mi propia película, mi proyecto, tan personal, especial y único. Yo diseño el guion de mi propia vida, soy el director, el actor principal y la estrella. Y en este viaje, siempre estoy acompañada.

Es increíble cómo el coach, a través de preguntas poderosas, consigue que me fije en detalles a los que no había dado importancia en un principio, creyendo que eran meras casualidades. Y en este juego de la vida, las casualidades no existen. Al verbalizar, tomo conciencia de las cosas, y me comprometo con mi mañana y con mis objetivos. Porque el Mandala empieza ya, en el momento en que salgo de esa puerta y comienzo a vivir mi nueva vida. Hablar sirve para aclarar, y en la conversación surgen nuevas ideas. En todo momento, mi coach sigue ahí y se emociona conmigo. Y no hay nada más hermoso que compartir la energía positiva que uno siente.

Quiero más; 15 minutos no son suficientes para hablar del resto de mi vida. Y seguramente seguiré profundizando en las próximas sesiones. Y de repente, surge una frase, mi frase: “Todo fluye y nada permanece” del buen viejo Parménides. Llevaba por lo menos 20 años sin aparecer en mi vida, y en estos días me acompaña; las cosas fluyen, las personas clave aparecen y ni sé cómo. ¿Será el Mandala mi nuevo talismán?

Fundamentos del Mandala: Historia, Significado y Beneficios

Para Carl Jung, el mandala simboliza esa unión intrínseca entre lo humano y lo trascendente, un espacio donde trabajar para mejorar cada día y alcanzar la individuación. Mandala es un término sánscrito que significa “centro, círculo, anillo mágico”. La Real Academia Española lo define como un dibujo complejo, generalmente circular, que representa las fuerzas reguladoras del universo, sirviendo como apoyo en la meditación.

Existe una variedad infinita de mandalas, desde figuras sencillas hasta las más complejas con forma de loto o de rueda. Pueden ser dibujados en un folio, pintados o tejidos en tela, e incluso han constituido el plano de algunos edificios. Su uso se remonta a tiempos inmemoriales, teniendo su origen en la India, propagándose por la cultura oriental y más tarde, gracias al psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, por occidente. Su importancia se ve reflejada en la gran difusión entre diversas culturas y religiones.

Jung afirmaba que los mandalas eran la representación de la mente en su totalidad, abarcando desde el consciente hasta el inconsciente. Aún más, para el célebre psiquiatra suizo, esta figura contenía un gran poder transformador. “El Mandala es un símbolo vivo. Es la representación del anhelo de unidad y que nos ayuda en el proceso de Individuación”, sostenía Jung.

Desde una visión espiritual, los mandalas son considerados centros energéticos de equilibrio y purificación, que nos ayudan a transformar la visión que tenemos de nuestro entorno y de nosotros mismos. Cualquier persona, sin importar la edad, puede dibujar y pintar un mandala, obteniendo, según diversas investigaciones, numerosos beneficios. El simple hecho de colorear, por ejemplo, ayuda a la persona a alcanzar estados de calma y reducir el estrés. Las formas y los colores utilizados en los mandalas expresan pensamientos, emociones e intuiciones de la persona que los crea. Se dice que la elección no es casual, y el mismo color, según el estado de ánimo, puede tener significados distintos.

¿Cómo trabajar con mandalas?
Para trabajar con mandalas podemos hacerlo de formas diferentes: Observar un mandala, en un lugar tranquilo, durante tres o cinco minutos. Esta práctica es como un ejercicio de meditación, utilizando como apoyo el mandala, que nos llevará a un estado de relajación y calma interior. Colorear un mandala.

Estudios como el llevado a cabo en la Universidad Estatal de California, señalan que esta técnica es especialmente útil en arteterapia, aliviando el estrés, mejorando la atención y convirtiéndose en un recurso cada vez más habitual. Los mandalas suelen representar la conexión entre el mundo interno y la realidad externa. Dibujar e interpretar un mandala facilita, entre otras cosas, el contacto con la propia intimidad. Cada mandala guarda un significado único para la persona que lo dibuja.

Los mandalas pueden utilizarse en la meditación o como técnica de relajación, fortaleciendo el proceso creativo de la persona. Un estudio de 2005 realizado por Nancy A. Curry y Tim Kaser, por ejemplo, comprobó que la elaboración de mandalas de arena era efectiva para disminuir los niveles de ansiedad y estrés. Los mandalas son como una forma de meditación en acción. A medida que la persona lo va creando u observando, se libera de sus pensamientos y va despejando su mente. Ayudan a la concentración y la atención, así como a la consecución de una estabilidad mental y equilibrio espiritual, profundizando en el conocimiento sobre sí mismo.

Aplicaciones Prácticas y Cómo Trabajar con Mandalas

Los mandalas tienen diversas aplicaciones prácticas en distintos ámbitos. En el ámbito educativo, se utilizan como recursos para mejorar la atención y la concentración de los niños, desarrollar la motricidad fina, y como medios de comunicación, expresión y superación de situaciones emocionales estresantes. Incluso, en algunos hospitales de día, se ofrece a los pacientes con cáncer la actividad de colorear mandalas como medio de relajación y concentración.

Para trabajar con mandalas, podemos hacerlo de diferentes formas:

  • Observar un mandala: En un lugar tranquilo, durante tres o cinco minutos. Esta práctica es como un ejercicio de meditación, utilizando el mandala como apoyo, lo que nos llevará a un estado de relajación y calma interior.
  • Colorear un mandala: Podemos buscar en internet o en algún libro de mandalas y elegir aquel que más nos atraiga o interese. Una vez seleccionado, podemos comenzar a colorearlo, prestando atención plena a lo que vamos haciendo.
  • Crear tu propio mandala: En este caso, primero se hace el diseño del mandala y luego se colorea. Esta práctica es la más aconsejable para el trabajo personal. Una vez dibujado y coloreado, habrá que descubrir qué está expresando a través de la observación. Aunque quizás no encuentres un significado consciente de inmediato, el mandala puede estar teniendo, de manera inconsciente, un efecto profundo en ti mismo.

Tabla Comparativa: Mandala desde la Perspectiva del Coach y el Coachee

AspectoPerspectiva del CoachPerspectiva del Coachee
RolGuía, facilitador de la visión, acompañante emocional.Protagonista, creador de su futuro, director de su propia "película".
EmociónEmoción al co-crear un plan de vida, conexión profunda con el coachee.Sensación de libertad, empoderamiento, sorpresa y autoconocimiento.
ObjetivoFacilitar la visualización, la proyección a largo plazo y la creación de un plan de acción.Definición de un ideal auténtico, superación de limitaciones y compromiso con el mañana.
DesafíoElegir el momento adecuado para introducirla, asegurar la profundidad más allá de lo visual.Desprenderse del anclaje en la realidad actual, atreverse a soñar sin límites.

Preguntas Frecuentes sobre el Mandala en Coaching

¿Qué es un mandala en el contexto del coaching?
En coaching, un mandala es una herramienta de visualización y proyección personal, a menudo una representación gráfica, que ayuda al coachee a explorar y definir su futuro ideal, sus metas y aspiraciones, trascendiendo las limitaciones del presente.

¿Cuándo es el momento adecuado para introducir el mandala en una sesión de coaching?
Es crucial introducir el mandala una vez que se ha establecido un sólido rapport y confianza con el coachee. No es recomendable proponerlo al inicio del proceso, ya que el coachee podría no estar preparado para una herramienta de tan profunda proyección.

¿Qué beneficios aporta el uso del mandala al coachee?
Para el coachee, el mandala ofrece beneficios como la clarificación de objetivos a largo plazo, la superación de creencias limitantes, el fomento de la creatividad, la liberación emocional, una profunda autoconciencia y la creación de un compromiso tangible con su visión de futuro.

¿Necesito ser un artista para trabajar con mandalas en coaching?
Absolutamente no. La técnica del mandala no requiere habilidades artísticas. El valor reside en el proceso de creación y la reflexión que genera, no en la perfección estética del dibujo. La expresión personal es lo que importa.

¿Cómo se interpretan los mandalas en coaching?
La interpretación se centra en los elementos que el coachee destaca: las formas, los colores, los símbolos que elige y cómo los relaciona con sus aspiraciones y emociones. El coach facilita esta interpretación a través de preguntas poderosas, explorando las conexiones visuales, auditivas y kinestésicas que emergen.

¿El mandala puede ayudarme si me cuesta soñar o visualizar el futuro?
Sí, de hecho, es una de sus mayores fortalezas. El mandala es particularmente efectivo para personas que encuentran dificultad en proyectarse o soñar más allá de su realidad actual. Al ser una herramienta visual y estructurada, facilita la exploración de posibilidades y la construcción de una visión clara del futuro.

Para concluir, la técnica del mandala, cada vez más presente en las terapias artísticas de atención plena, se consolida como un recurso invaluable en el coaching. Su capacidad para fusionar la introspección con la proyección, y para generar una profunda conexión emocional entre el coach y el coachee, la convierte en una vía poderosa para el autodescubrimiento y la transformación. Es un enfoque que, sin duda, siempre vale la pena considerar para aquellos que buscan diseñar y vivir su vida ideal.

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