¿Qué significa dejar de entrenar fuerza durante un tiempo?

Desentrenamiento: ¿Qué le pasa a tu fuerza y músculo?

18/06/2017

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Si estás leyendo este artículo, es muy probable que el entrenamiento sea una parte importante de tu vida. Sin embargo, todos nosotros, en algún momento, tenemos que tomarnos un tiempo libre del entrenamiento. Esto puede deberse a una descarga programada para optimizar el rendimiento, una descarga no programada por imprevistos, unas merecidas vacaciones o, lamentablemente, la necesidad de detener el entrenamiento de una parte específica del cuerpo debido a una lesión. En cualquiera de estos escenarios, surgen preguntas cruciales: ¿Qué ocurre cuando dejamos de entrenar durante una temporada? ¿Cuánto tiempo se tarda en perder la fuerza y la masa muscular que tanto nos ha costado construir? Y lo que es más importante, ¿qué podemos hacer para reducir al mínimo esas pérdidas? Este artículo se propone responder a todas estas interrogantes, brindándote una guía completa para entender y manejar los periodos de inactividad.

¿Qué significa dejar de entrenar fuerza durante un tiempo?
Para los segundos, para los que piensan en hacer una descarga de entrenamiento o tienen planeado dejar de entrenar fuerza durante un tiempo pero no por fuerza mayor como una lesión, entonces esto no significa dejar de entrenar, sino reducir la carga de entrenamiento y, por lo menos, mantener lo conseguido.

Índice de Contenido

Entrenamiento, Desentrenamiento, Re-entrenamiento y Mantenimiento: Conceptos Clave

Para abordar el objetivo central de nuestro artículo, es fundamental comprender una serie de cuatro conceptos interrelacionados, pero distintos, que describen las fases de nuestro progreso físico. Es un hecho que, gracias a un entrenamiento constante y bien estructurado, progresivamente ganamos fuerza y tamaño muscular. Este aumento en el tamaño muscular se conoce científicamente como hipertrofia muscular. Es el resultado de la adaptación de nuestras fibras musculares a los estímulos de carga.

Por el contrario, durante un periodo de desentrenamiento o inactividad, es habitual experimentar una disminución tanto en la fuerza como en el tamaño muscular. Nuestro objetivo principal, sin embargo, debe ser siempre el de mitigar estas pérdidas. Esta reducción en el tamaño muscular se denomina atrofia muscular y es el proceso inverso a la hipertrofia. Se produce cuando los estímulos mecánicos que mantienen el músculo activo disminuyen o desaparecen.

En caso de volver a entrenar después de un periodo de inactividad, hablamos de re-entrenamiento. Este es un periodo fascinante, ya que nuestro cuerpo posee una 'memoria muscular' que nos permite recuperar gran parte de la fuerza y el tamaño muscular que perdimos durante el desentrenamiento de manera más eficiente que si partiéramos de cero. Finalmente, en un periodo de mantenimiento, el objetivo no es ganar, sino conservar la fuerza o el tamaño muscular ya adquiridos, lo cual a menudo requiere un volumen de entrenamiento significativamente menor.

Ahora que hemos sentado las bases conceptuales, estamos listos para profundizar en lo que realmente sucede cuando dejamos de entrenar.

El Impacto de la Inactividad en tu Masa Muscular

Durante los periodos de desentrenamiento, la pérdida de tamaño muscular puede ser sorprendentemente rápida. Esta disminución no solo afecta la estética, sino que conlleva una serie de consecuencias funcionales negativas, incluyendo una reducción de la fuerza, del gasto metabólico, de la sensibilidad a la insulina y un aumento en la acumulación de grasa corporal. Se ha observado que la pérdida de masa muscular y funcionalidad se acentúa de manera notable en las primeras dos semanas de inactividad.

De hecho, incluso con tan solo 36 horas de inactividad, podría comenzar a disminuir el tejido muscular, llegando a apreciarse pérdidas significativas tras solo cinco días de inmovilización. Este proceso, conocido como atrofia muscular, se define como la disminución del tamaño y, en algunos casos, del número de fibras musculares. La literatura científica sugiere que el músculo inactivo puede atrofiarse a un ritmo de 0.5% al día, aunque esta tasa puede variar considerablemente dependiendo de factores como el sexo, el nivel de entrenamiento previo, el grupo muscular afectado y la edad del individuo.

Un dato interesante es que el reposo total en cama o la inmovilización de las articulaciones inferiores (piernas) generalmente conllevan una mayor pérdida de masa muscular en comparación con las extremidades superiores (brazos). Esto se debe a que las fibras musculares requieren un estímulo mecánico constante para continuar llevando a cabo la síntesis de proteínas musculares a una velocidad adecuada. La inmovilización de una extremidad provoca reducciones inmediatas y muy sustanciales en la tasa de síntesis de proteínas musculares, que es el proceso de construcción de nuevo tejido. Sin embargo, las tasas de descomposición de proteínas musculares no se ven afectadas de manera similar. En consecuencia, el efecto neto es que la descomposición de la proteína muscular excede su síntesis durante los periodos de desentrenamiento e inactividad, lo que conduce a pérdidas rápidas en las proteínas constituyentes de la fibra muscular.

Cuando detenemos el entrenamiento de fuerza, ya sea en una parte concreta del cuerpo –por ejemplo, dejamos de entrenar uno de los brazos por una lesión– o a nivel general en todos los grupos musculares, dejamos de reclutar nuestras unidades motoras de alto umbral, que son las responsables de activar las fibras musculares más grandes y fuertes, a menos que tengamos una ocupación muy física. Sin embargo, continuamos reclutando unidades motoras de umbral bajo y medio como resultado de nuestras actividades diarias normales. Esto significa que solo las fibras controladas por unidades motoras de alto umbral experimentan una pérdida en la carga mecánica habitual y, por lo tanto, solo estas fibras reducen su tamaño. Como resultado, notamos una reducción significativa, pero no dramática, en el tamaño total del músculo.

Por el contrario, si además detenemos todo tipo de actividad física y hacemos reposo total en la cama –una situación que también aplica a quienes se van de vacaciones y no se levantan de la tumbona–, dejamos de reclutar incluso las unidades motoras de bajo y medio umbral. En consecuencia, experimentamos una pérdida en el tamaño de las fibras musculares que están controladas por unidades motoras de umbral bajo, medio y alto. Esto sí causa una reducción muy dramática en el tamaño total del músculo que probablemente afectará nuestra capacidad para realizar funciones básicas de la vida diaria una vez que volvamos a la actividad. Se ha demostrado que las pérdidas en fuerza, potencia y resistencia, variables que indican directamente la funcionalidad muscular, pueden situarse entre un 10% y un 40%, dependiendo de las variables individuales (sexo, nivel de entrenamiento previo, grupo muscular, edad y tiempo de inactividad). En resumen, si dejamos de movernos y hacer actividad física, experimentamos una pérdida generalizada del tamaño de las fibras musculares. Esto causa una reducción muy dramática en el tamaño total del músculo que probablemente afectará nuestra capacidad para realizar funciones de la vida diaria una vez que comencemos a hacerlas nuevamente. Si quieres descansar, adelante, recupera, pero no dejes de moverte.

Estrategias para Minimizar la Pérdida de Masa Muscular por Inactividad

La buena noticia es que, aunque la pérdida de masa muscular y fuerza es una consecuencia natural de la inactividad, existen estrategias efectivas para mitigarla. Adoptar un enfoque proactivo puede marcar una gran diferencia en la velocidad y el grado de recuperación posterior.

La Dosis Mínima Efectiva de Entrenamiento para Mantener tus Ganancias

Uno de los miedos más habituales al tener que dejar de entrenar es la pérdida de las ganancias obtenidas en tamaño muscular y fuerza. Es una preocupación que también surge al plantearse una descarga de entrenamiento, llevando a muchos a rechazar la idea de reducir el ritmo. Sin embargo, en el caso de las descargas, esta preocupación suele ser infundada.

Para aquellos que no pueden entrenar absolutamente nada debido a una lesión, las principales recomendaciones son dos: (1) moverse lo que sea posible dentro de los límites de la lesión, y (2) centrarse en una nutrición de rehabilitación adecuada para mitigar las pérdidas de masa muscular. Cualquier movimiento, por mínimo que sea, ayuda a enviar una señal a los músculos para que no se atrofien por completo.

Para quienes planean una descarga de entrenamiento o tienen que reducir la frecuencia y volumen por un tiempo, pero no por una lesión mayor, la situación es menos dramática. Esto no significa dejar de entrenar por completo, sino reducir la carga para mantener lo conseguido. Durante un periodo de mantenimiento, no necesitamos generar un balance neto positivo de proteínas para construir nuevo músculo, sino equilibrar la síntesis y la degradación proteica. Esto significa que no necesitamos el mismo volumen de entrenamiento que en una fase de ganancia. Las fibras musculares de bajo umbral se mantendrán activas con las actividades diarias, y solo necesitamos estimular las de alto umbral lo suficiente para evitar su atrofia.

En términos generales, para mantener la masa muscular durante periodos de descarga o de menos entrenamiento, se recomienda realizar al menos el 20% del volumen que se venía haciendo previamente (es decir, 1 de cada 5 series). Con la fuerza, la situación es aún menos dramática, y se puede mantener un porcentaje significativo de las ganancias previas incluso durante largos periodos de tiempo con un volumen de entrenamiento muy reducido. Algunas investigaciones sugieren que incluso el 10-15% de la carga total de entrenamiento previa puede ser suficiente para mantener la fuerza.

Nutrición Clave: Combatiendo la Atrofia Muscular

Una nutrición adecuada es de suma importancia en la recuperación y rehabilitación de lesiones, así como para minimizar la atrofia por inactividad. La nutrición de rehabilitación es similar a la nutrición deportiva, pero con énfasis en prevenir la atrofia muscular y otras complicaciones asociadas a la falta de movilidad.

Una de las primeras ideas que suelen surgir es reducir drásticamente la ingesta energética debido a la menor actividad. Esto es cierto, pero solo parcialmente. La restricción calórica no debe ser excesiva, ya que una deficiencia energética severa favorecerá la pérdida de masa muscular y podría incluso afectar negativamente los procesos de curación. El balance energético es crucial para asegurar que los aminoácidos se utilicen para la síntesis de proteínas musculares y no se oxiden para obtener energía. Una reducción general de la ingesta energética a menudo conduce también a una disminución de las proteínas de la dieta por debajo de lo recomendado para el mantenimiento muscular. La ingesta de energía debe ser mayor que el objetivo energético para combatir la sarcopenia, situándose entre 25 y 30 kcal/kg de peso corporal. Sin embargo, un exceso de energía no atenúa más la pérdida de masa muscular, sino que resultará en un aumento de la deposición de grasa.

En cuanto al reparto de macronutrientes, la proteína es, sin duda, el macronutriente central. Durante la inmovilización o la reducción de la estimulación muscular, se produce lo que se conoce como resistencia anabólica. Este proceso implica una disminución en la respuesta de síntesis proteica tras la ingesta de alimento. Es decir, la capacidad del cuerpo para construir tejidos a partir de los aminoácidos se reduce, lo que podría acelerar la atrofia muscular. Para optimizar la respuesta anabólica, se pueden manipular la cantidad, el tipo y el momento de consumo de proteína.

Es importante intentar cumplir con un aporte diario de 1.6 a 2.3 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal, preferiblemente repartido en varias tomas al día (entre 4 y 6 comidas). Además, las fuentes de proteínas deben ser de alta calidad, con buena digestibilidad y un aporte completo de todos los aminoácidos esenciales. Los suplementos de proteína solo deberían utilizarse cuando sea estrictamente necesario para alcanzar los requerimientos.

Respecto a los hidratos de carbono, lo ideal es reducir su aporte a un 40% o menos de la energía diaria total, centrándose en alimentos de alta densidad nutricional como verduras, hortalizas y frutas. Estos alimentos aportarán vitaminas, minerales y antioxidantes, que han demostrado ser beneficiosos en los procesos de recuperación y complementan la ingesta proteica. Las grasas deben completar el porcentaje de energía restante. Los ácidos grasos Omega-3 pueden ser beneficiosos, pero se debe evitar su abuso, especialmente durante un proceso inflamatorio si existe lesión. En cualquier caso, las grasas consumidas deben provenir de alimentos reales y no de productos procesados o suplementos.

Algunos suplementos como la creatina, la leucina o el HMB (beta-hidroxi-beta-metilbutirato) podrían ser interesantes y prometedores para mitigar la pérdida muscular. Sin embargo, no existe suficiente literatura sólida para dar recomendaciones concretas y definitivas sobre su uso en este contexto.

Finalmente, es muy recomendable ponerse en manos de profesionales (nutricionistas, fisioterapeutas, entrenadores) que nos asesoren en nuestra recuperación. Su guía optimizará el proceso, afianzará los resultados y podría incluso ayudar a acortar el tiempo para retomar la actividad habitual con seguridad.

Preguntas Frecuentes sobre el Desentrenamiento

  • ¿Cuánto tiempo se tarda en perder masa muscular y fuerza? La pérdida de masa muscular puede comenzar en tan solo 36 horas de inactividad, con pérdidas significativas visibles a partir de los 5 días y acentuándose en las primeras 2 semanas. La fuerza, aunque también disminuye, suele mantenerse mejor que la masa muscular durante periodos más largos.
  • ¿Es posible evitar por completo la pérdida de músculo durante el desentrenamiento? Es muy difícil evitarla por completo si la inactividad es total, pero se puede minimizar drásticamente. Moverse lo que se pueda y una nutrición adecuada son clave. Si la inactividad no es total, mantener una dosis mínima efectiva de entrenamiento es crucial.
  • ¿Qué debo comer para minimizar la pérdida de masa muscular? Prioriza una ingesta proteica alta (1.6-2.3 g/kg de peso al día), fuentes de proteínas de calidad, y un balance calórico ligeramente superior a tus necesidades basales pero sin excesos. Reduce los carbohidratos no esenciales y aumenta la ingesta de verduras y frutas.
  • ¿Es necesario hacer reposo total si estoy lesionado? No necesariamente. El reposo total en cama causa una atrofia muscular mucho más severa. Es mejor moverse lo que la lesión permita, incluso si es solo caminar ligeramente o hacer ejercicios de rehabilitación muy suaves. Consulta siempre a un profesional de la salud.
  • ¿Qué es la "dosis mínima efectiva" de entrenamiento? Es el volumen mínimo de entrenamiento necesario para mantener tus ganancias de fuerza y masa muscular, sin buscar aumentarlas. Para masa muscular, puede ser tan poco como el 20% del volumen habitual; para fuerza, incluso el 10-15% de la carga total.

Conclusiones y Recomendaciones Finales

Durante los periodos de desentrenamiento, perdemos tamaño muscular rápidamente, lo que a su vez lleva a una disminución de la fuerza, de la potencia muscular, del gasto metabólico, de la sensibilidad a la insulina y a un aumento de la acumulación de grasa. Es natural que, para alguien acostumbrado a entrenar, esto sea motivo de preocupación. Sin embargo, es importante recordar que podemos mitigar estas posibles pérdidas siguiendo algunas recomendaciones clave.

En primer lugar, para aquellos que no pueden entrenar nada debido a una lesión, las principales recomendaciones son: (1) moverse lo que puedan, incluso si es solo actividad ligera y no formal de entrenamiento, y (2) centrarse en una nutrición de rehabilitación específica para mitigar las pérdidas de masa muscular. Esto incluye:

  • Ingesta calórica diaria: Mantenerla entre 25 y 30 kcal/kg de peso corporal para evitar un balance energético negativo que acelere la atrofia.
  • Proteínas: Asegurar un aporte de 1.6 a 2.3 gramos por kilogramo de peso corporal, priorizando fuentes de alta calidad para optimizar la síntesis proteica.
  • Hidratos de carbono: Reducirlos al 35-40% de la ingesta calórica diaria total, priorizando alimentos de alta densidad nutricional como verduras, hortalizas y frutas.
  • Grasas: Completar el resto de las calorías, priorizando grasas saludables.
  • Posible suplementación: Considerar, bajo supervisión profesional, suplementos como creatina, leucina y/o HMB, aunque la evidencia aún es limitada.

En segundo lugar, en caso de que la preocupación por la pérdida de masa muscular y fuerza surja porque se piensa en realizar una descarga de entrenamiento o se va a dejar de entrenar fuerza durante un tiempo no motivado por una lesión grave (como unas vacaciones), entonces no hay tanto de qué preocuparse. Mantener la masa muscular y la fuerza no es tan difícil como aumentarlas. En término medio, para mantener la masa muscular durante periodos de descarga o de menos entrenamiento se recomendaría seguir haciendo al menos el 20% de lo que veníamos haciendo previamente (aproximadamente 1 de cada 5 series). Con la fuerza, el panorama es aún más alentador, ya que se puede mantener gran parte de lo conseguido previamente incluso entrenando únicamente con el 10-15% de la carga total de entrenamiento previa. Esto subraya la importancia de la 'memoria muscular' y la eficiencia del cuerpo para retener adaptaciones.

En conclusión, un periodo de desentrenamiento no tiene por qué significar el fin de tus ganancias. Con conocimiento y una planificación estratégica, tanto en el movimiento como en la nutrición, puedes minimizar las pérdidas y facilitar un retorno exitoso a tu rutina de entrenamiento.

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