¿Por qué el golpe en Cádiz no podía fallar?

Cádiz: El Golpe Militar que No Podía Fallar

07/10/2025

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En el convulso escenario de la España de 1936, tras la irrefutable victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero, una sombra de descontento se cernía sobre la derecha. Incapaz de aceptar los resultados democráticos que no le eran favorables, y dispuesta a imponerse sobre la mayoría por la fuerza de las armas, el camino hacia el golpe militar se hizo inevitable. Cádiz, una ciudad estratégicamente vital por su proximidad a África y su relevancia naval, se convirtió en un objetivo primordial para los sublevados, un enclave que, por su importancia, no podía permitirse el lujo de fallar.

¿Por qué el golpe en Cádiz no podía fallar?
Por eso, por su importancia, el golpe en Cádiz no podía fallar. Los militares consideraban, tras algunos contactos previos, que la aportación de Falange y del Requeté a la sublevación era “ tan insignificante como extraña “. Pues efectivamente, como en otras provincias cercanas, la colaboración civil era irrelevante.
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El Telón de Fondo: Una Derecha Desencantada

La victoria del Frente Popular en 31 de los 41 municipios gaditanos en febrero de 1936 fue un golpe para una derecha que, tal como se leía en el Diario de Jerez, ya pensaba en “otra cosa” que no fueran las elecciones. Para ellos, el sistema democrático solo era válido si los resultados les favorecían. Ante la imposibilidad de revertir el curso político por las urnas, la violencia se erigió como la única vía para “imponer a los mejores”, según la consigna de Falange. Durante los cinco meses de gobierno del Frente Popular, se dedicaron a acumular agravios, magnificando sucesos como incendios y asaltos a edificios religiosos. Sin embargo, lo que realmente aterrorizaba a las élites conservadoras era el avance legislativo de la República, especialmente la tan temida reforma agraria, que amenazaba sus intereses económicos y sociales.

La Trama Golpista en Cádiz: Piezas Clave

La conspiración militar en Cádiz no fue fruto del azar, sino de una planificación metódica. Curiosamente, las propias autoridades republicanas, sin saberlo, facilitaron los movimientos de los sublevados. El traslado de generales clave como José López-Pinto Berizo, de Cartagena a Cádiz como Comandante Militar, y José Varela Iglesias, confinado en Cádiz tras una operación antirrepublicana, fue una bendición para los golpistas. López-Pinto, recién llegado, se conectó de inmediato con el comandante José Cuesta Monereo en Sevilla, el cerebro detrás de Queipo de Llano. La trama se extendió con la implicación de figuras como el comandante Manuel Baturone Colombo, el capitán Juan María Muro Marcos y el coronel Pedro Jevenois Labernade, todos en contacto con Varela y López-Pinto. Su objetivo era claro: “dar fin a la vergüenza que representaba el Frente Popular” a través de la fuerza de las armas, bajo el mando de figuras como Franco o Queipo de Llano.

Una parte fundamental de este plan fue la constante y visible presencia de fuerzas militares en la ciudad desde febrero hasta julio de 1936. Camiones con ametralladoras recorrían las calles día tras día, y una sección de artillería se mantenía lista para cualquier eventualidad. Las quejas del gobernador civil, Mariano Zapico Menéndez-Valdés, ante semejante despliegue, eran sistemáticamente justificadas por el supuesto “desorden existente” en la ciudad, un pretexto para la preparación del golpe.

La Importancia Estratégica de Cádiz

A finales de junio, el general Queipo de Llano visitó Cádiz para ultimar los detalles del plan. La provincia estaba destinada a jugar un papel crucial: ser la base de aprovisionamiento y el punto de desembarco para las tropas africanas, trasladadas tanto por mar como por aire. Esta función estratégica era lo que hacía de Cádiz un objetivo irrenunciable. El éxito del golpe en la ciudad era sinónimo del éxito en el traslado de las fuerzas más aguerridas del bando sublevado, el Ejército de África, que se convertiría en la punta de lanza de la represión. La colaboración civil, ya fuera de Falange o del Requeté, fue considerada “tan insignificante como extraña” por los militares, lo que subraya que la sublevación dependía casi exclusivamente de la fuerza militar y, sobre todo, de las tropas coloniales.

El 18 de Julio en Cádiz: La Noche del Levantamiento

La noche del 17 de julio, la noticia del levantamiento de la guarnición de África, junto con parte de la Marina, que se dirigía a Algeciras y Cádiz con fuerzas de Regulares y del Tercio a bordo del “Churruca” y un correo, desató los acontecimientos. Desde Madrid, la República ordenó preparar la Batería para frenar la operación y detener al general Varela. Sin embargo, en Cádiz, tanto el gobernador civil, Mariano Zapico, como los milicianos, aún confiaban en la fidelidad de las autoridades militares. La realidad, empero, era otra.

A las 3 de la madrugada del 18 de julio, una llamada desde Tetuán confirmó al general López-Pinto que los sublevados controlaban la situación. Una hora después, la Base Naval de San Fernando ya estaba en estado de alarma. A las 6:30, ametralladoras y artilleros eran enviados a la Comandancia Militar por orden del teniente coronel Jevenois Labernade. Ante las alarmantes noticias de Radio Ceuta, el gobernador Zapico ordenó a Radio Cádiz que interfiriera la emisión, un intento desesperado por controlar la narrativa.

A las 9 de la mañana del sábado 18, los implicados se reunieron en el Cuartel de Artillería. A las 11, el general López-Pinto les dijo que debían esperar órdenes de Sevilla. Mientras tanto, Zapico, preocupado por los movimientos incontrolados, hizo un llamamiento por radio en defensa de la República, congregando a cientos de personas en el Gobierno Civil y el Ayuntamiento. La Casa del Pueblo declaró la huelga general. La guardia municipal fue desarmada, y sus armas entregadas a los miembros de la Casa del Pueblo, quienes levantaron barricadas en las cercanías. A la 1:30, los sublevados ordenaron a los oficiales ir al Cuartel, pero muchos fueron detenidos por milicianos alarmados. Poco después, Varela, liberado por orden de Queipo y López-Pinto, tomó el mando, ordenando la salida de fuerzas de Infantería y Artillería para ocupar los puntos clave de la ciudad. El bando de guerra se leyó a las 4 de la tarde entre silbidos y abucheos de la población gaditana, mientras la ciudad esperaba la llegada de la temida tropa de choque: moros y legionarios.

La Resistencia Republicana y su Trágico Fin

Las fuerzas sublevadas ocuparon el Ayuntamiento, Correos y Telégrafos, este último defendido por republicanos que permitieron al gobernador mantener la comunicación y pedir auxilio a pueblos cercanos. Sin embargo, los grupos de ayuda fueron contenidos por las ametralladoras de Puerta Tierra y La Cortadura. La última llamada de socorro desde la radio fue de los concejales Antonio Martínez Jurado y Servando López de Soria a primera hora de la tarde, antes de que la emisora fuera ocupada. Esa noche, la ciudad quedó a oscuras, y mientras los sublevados esperaban el “Churruca”, masas de ciudadanos saquearon e incendiaron partes de la ciudad. A las 3 de la madrugada, el Gobierno republicano cesó a los jefes de la Base Naval de San Fernando, nombrando a Tomás Azcárate García de Lomas y Virgilio Pérez Pérez.

Finalmente, entre las 6 y 6:30 de la mañana del 19 de julio, el “Churruca” y el “Ciudad de Algeciras” avistaron la costa, trayendo consigo un tabor de regulares y un escuadrón a pie. Ante la abrumadora superioridad, el gobernador Zapico se rindió al capitán Juan María Muro. Zapico, junto con el Presidente de la Diputación Francisco Cossi Ochoa, el teniente coronel de Carabineros Leoncio Jaso Paz, el capitán de Corbeta Tomás Azcárate García de Lomas, el secretario del gobernador Antonio Macalio Carisomo, el oficial de Telégrafos Luis Parrilla Asensio y el Jefe de Policía Adolfo de la Calle, fueron detenidos. Los militares fueron llevados al Castillo de Santa Catalina, y los civiles a la Prisión Provincial, para ser luego trasladados al barco-prisión “Miraflores”, un lugar tristemente célebre por su papel en la represión.

Posteriormente, el Ayuntamiento, Correos y Telégrafos, la Casa del Pueblo y la sede de la C.N.T. fueron ocupadas y destrozadas por los regulares. La búsqueda y detención de dirigentes quedó en manos de la Guardia Civil y Falange. Los barrios más rebeldes, Santa María y La Viña, fueron barridos sin contemplaciones. La huelga general fue sofocada con la ocupación de la ciudad por regulares y paramilitares. Falangistas, como Manuel Mora-Figueroa, se dedicaron a guiar a los regulares por los barrios de Cádiz, y más tarde, robaron barcos para traer 200 legionarios de Ceuta, demostrando la brutalidad y la eficiencia de la ocupación. La desbandada de los líderes republicanos fue general, siendo la mayoría detenidos o forzados a la fuga.

La 'Justicia' de los Sublevados: Sumarísimos y Asesinatos

Una vez consumado el golpe, se inició la fase más brutal de la represión: la “justicia” militar. El sumarísimo 82/36 se abrió contra Mariano Zapico, Leoncio Jaso, Antonio Yáñez-Barnuevo, Luis Parrilla Asensio, Tomás Azcárate, Francisco Cossi y Antonio Macalio, acusados de rebelión militar. Las declaraciones de los militares golpistas, como Varela, Chacón y Baturone, intentaron justificar la agresión al Gobierno Civil. Sin embargo, las declaraciones de los acusados republicanos desmontaron la farsa. Zapico, Jaso, Azcárate, Yáñez, Cossi, Macalio y Parrilla negaron el delito de rebelión, defendiendo su lealtad a la legalidad republicana y señalando la ilegalidad del golpe. Azcárate, en particular, afirmó que “todo militar virtuoso y cumplidor de su deber se hubiera opuesto a él”.

El 6 de agosto de 1936, Zapico, Jaso, Yáñez y Parrilla, junto con el médico y diputado socialista Rafael Calvo Cuadrado y el obrero Julián Pinto, fueron condenados a muerte por rebelión militar y fusilados esa misma tarde en el Castillo de San Sebastián por una sección de Regulares. La sentencia, como siempre, fue avalada por el auditor Bohórquez y Queipo de Llano. Los certificados de defunción hablaban de “heridas producidas por ejecución”, un eufemismo para el asesinato extrajudicial.

El caso de Tomás Azcárate, Francisco Cossi y Antonio Macalio fue aún más flagrante. Su causa se separó, y aunque sus declaraciones iniciales negaban la rebelión y afirmaban la ilegalidad del golpe, su destino fue idéntico. A pesar de que su procesamiento se “paralizó” y no se les llegó a condenar formalmente, un documento posterior confirmaría que les había sido “aplicado el Bando de Guerra”, lo que significaba que también fueron asesinados. Es probable que Azcárate, Cossi, Macalio y Antonio Muñoz Dueñas (defensor del Ayuntamiento) fueran ejecutados el 16 de agosto de 1936. La “farsa” del consejo de guerra, como lo describe el texto, era evidente: la sentencia de muerte estaba prefijada, demostrando que la justicia militar era simplemente una herramienta de la represión.

Preguntas Frecuentes sobre el Golpe en Cádiz

¿Quiénes fueron las principales figuras militares del golpe en Cádiz?
Los generales José López-Pinto Berizo y José Varela Iglesias fueron figuras clave en la conspiración en Cádiz, junto con otros oficiales como Manuel Baturone Colombo, Juan María Muro Marcos y Pedro Jevenois Labernade, todos bajo la órbita del Estado Mayor de Sevilla, liderado por José Cuesta Monereo y Queipo de Llano.
¿Por qué Cádiz era tan importante para los sublevados?
Cádiz era crucial por su posición estratégica como puerto y base militar, ideal para el traslado de las tropas del Ejército de África (Regulares y Legión) a la península, lo que la convertía en un pilar fundamental para el éxito del golpe militar.
¿Cómo reaccionaron las autoridades republicanas ante el golpe?
El gobernador civil Mariano Zapico Menéndez-Valdés y otras autoridades republicanas intentaron resistir desde el Gobierno Civil, haciendo llamamientos a la defensa de la República y organizando una huelga general. Sin embargo, su resistencia fue breve y se vieron superados por la fuerza militar y la llegada de las tropas africanas.
¿Qué fue la "justicia" aplicada por los sublevados en Cádiz?
La “justicia” de los sublevados consistió en consejos de guerra sumarísimos, que eran una farsa legal. Las sentencias de muerte estaban prefijadas y la defensa de los acusados era inútil. Muchas de las ejecuciones se realizaron bajo la figura de la “aplicación del Bando de Guerra”, que era un eufemismo para el asesinato sin juicio o con un juicio viciado.
¿Cuál fue el destino final de los defensores de la República en Cádiz?
La mayoría de los defensores de la República, incluyendo al gobernador Zapico y otros militares y civiles leales, fueron detenidos, juzgados en consejos de guerra sumarísimos y ejecutados. Otros, como Azcárate, Cossi y Macalio, fueron asesinados sin una sentencia formal completa, bajo la figura de la “aplicación del Bando de Guerra”.

Tabla Comparativa: La Legalidad del Golpe Militar en Cádiz

AspectoPerspectiva RepublicanaPerspectiva Sublevada
Legitimidad del GobiernoGobierno legítimo, elegido democráticamente (Frente Popular).Gobierno ilegítimo, que había sumido a España en el caos y la “vergüenza”.
Declaración del Estado de GuerraIlegal, no decretado por el Gobierno legítimo ni por acuerdo de la Junta de Autoridades.Necesaria para restaurar el orden y “salvar a la Patria” del “desorden” republicano y “marxista”.
Actuación de los Militares LealesCumplimiento del deber y lealtad a los poderes legalmente constituidos. Oponerse a la rebelión es virtud y deber.Delito de rebelión militar y traición a la Patria, al no unirse al “Movimiento Nacional”.
Uso de la FuerzaDefensa legítima ante un alzamiento ilegal y violento.Acción necesaria para “reducir a los revoltosos” y restablecer la autoridad.

Tabla Comparativa: Actores Clave y su Rol en el Golpe

ActorRol en la RepúblicaRol en el Golpe Militar
Mariano Zapico Menéndez-ValdésGobernador Civil de Cádiz, Comandante de Artillería leal a la República.Principal objetivo y figura de la resistencia en Cádiz; ejecutado por los sublevados.
José López-Pinto BerizoComandante Militar de Cádiz (traslado "polémico").Conspirador clave, contactó con Sevilla para la trama golpista.
José Varela IglesiasCoronel confinado en Cádiz por actividad antirrepublicana.Tomó el mando de las fuerzas sublevadas en Cádiz, liderando la ocupación de la ciudad.
Felipe Acedo ColungaJurídico militar.Fiscal del Ejército de Ocupación, figura central en la represión judicial y los consejos de guerra sumarísimos.
Tomás Azcárate García de LomasCapitán de Corbeta, nombrado jefe de la Base Naval de Cádiz por el Gobierno republicano.Defensor de la legalidad republicana, ejecutado por los sublevados.
Ramón de Carranza GómezMiembro de la oligarquía local, contactado por Falange.Futuro alcalde de Cádiz tras el golpe, implicado en la represión.

Un Legado de Terror y Memoria

El relato del golpe militar en Cádiz es una ventana a la brutalidad y la eficiencia con la que los sublevados se impusieron sobre la legalidad republicana. La planificación estratégica de Cádiz como puerta de entrada para las tropas africanas, la decisiva y despiadada intervención militar, y la posterior farsa judicial, dejaron un legado de terror y un profundo dolor en la memoria de la ciudad. Las valientes autoridades civiles y militares que defendieron la democracia hasta el final, como Mariano Zapico y Tomás Azcárate, no solo fueron víctimas de la violencia de las armas, sino también de una “justicia” que no era más que una excusa para la eliminación del disidente. La historia de Cádiz en julio de 1936 es un recordatorio sombrío de cómo la violencia organizada puede aplastar la voluntad democrática, dejando a su paso un rastro de represión y silencio. Aquel golpe, por su importancia estratégica, no podía fallar, y su éxito, tristemente, fue el inicio de un largo y oscuro período para España.

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