What is the coaching habit by Michael Bungay Stanier?

El Arte de Coachear: Desarrollando el Hábito

24/08/2017

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En el complejo entramado de las relaciones humanas, la comunicación se erige como el pilar fundamental de nuestro éxito y evolución. Sin embargo, ¿cuántas veces nos hemos sentido incomprendidos, atrapados en discusiones estériles donde las palabras parecen chocar en lugar de conectar? ¿O hemos impartido instrucciones claras a nuestros equipos, solo para ver cómo los resultados esperados se desvanecían? La paradoja radica en que, a pesar de nuestra innata capacidad comunicativa, a menudo nos vemos limitados por comportamientos arraigados, lógicas engañosas o impulsos primitivos que sabotean nuestra interacción efectiva. Es aquí donde el coaching emerge como una disciplina transformadora, una forma de ser y de actuar que nos permite trascender estas barreras y fomentar un entorno de crecimiento, comprensión y logro mutuo.

¿Cómo desarrollar el hábito del coaching?
Cree el hábito del coaching. No es suficiente establecer metas y decirle a la gente que haga lo mejor. Ayude a que esto suceda. Esté disponible, deles tiempo, consejos y apoyo a sus subordinados. Consígales el mejor entrenamiento posible. Deles las herramientas para que alcancen las metas. Admita que sus prejuicios son autodestructivos.

Desarrollar el hábito del coaching no es una tarea menor, pero sus recompensas son inmensurables. Implica un cambio de paradigma en cómo nos relacionamos con los demás, basado en principios sólidos que trascienden el contexto, la persona o la situación. Se trata de una habilidad que se nutre de la intención, la práctica y una profunda convicción en el potencial ajeno. A continuación, exploraremos dos pilares esenciales que te permitirán integrar el coaching en tu día a día, transformando tus interacciones y elevando los resultados.

Índice de Contenido

Principio 1: Cultivar Expectativas de Excelencia

El primer paso para convertirse en un coach efectivo es adoptar una mentalidad inquebrantable de excelencia. Esto significa esperar lo mejor de las personas, no como un ideal inalcanzable, sino como un estándar negociable que impulsa el crecimiento. La excelencia no es un lujo; es una necesidad para el desarrollo individual y colectivo. Cuando alguien intenta persuadirte de conformarte con la mediocridad, es tu deber, como aspirante a coach, persuadirlos de lo contrario. Al ceder ante demandas de bajo rendimiento, ambos se sumergen en un ciclo de estancamiento, donde la mediocridad se establece como la nueva norma.

Existen frases y pensamientos que son verdaderos venenos para la búsqueda de la excelencia, y es crucial identificarlos para erradicarlos de nuestro vocabulario y de nuestra mente:

  • “Así está bien; aunque no es lo mejor, es lo más que podemos lograr.”
  • “¿Para qué tratar si no habrá diferencia alguna?”
  • “¿Qué más puede esperarse de este tipo de gente?”

Estas expresiones, aunque a veces disfrazadas de sentido común o realismo, son en realidad barreras autoimpuestas que impiden el progreso. Conocer estos patrones es una cosa; actuar en consecuencia para desafiarlos es otra muy distinta. Muchas personas no esperan la excelencia de sí mismas o de los demás porque creen que no la merecen, o que simplemente no es accesible para ellos. Esta creencia se convierte en una profecía autocumplida: al no esperarla, no la buscan, y por lo tanto, sus resultados son inferiores. No es mala suerte; es una negación consciente de la oportunidad de generar un impacto significativo.

Es cierto que todos hemos tenido experiencias con personas deshonestas, mentirosas o conformistas. Sin embargo, generalizar estas experiencias y creer que la gente que busca la calidad y se autoimpone estándares altos es la excepción y no la regla, es condenarse a perpetuar la frustración. Nuestros prejuicios son los mayores obstáculos para esperar lo mejor de los demás. Si anticipamos mediocridad, eso es precisamente lo que obtendremos. Pero si, genuinamente, esperamos lo mejor de cada individuo, nos sorprenderemos al ver con qué frecuencia las personas se elevan para alcanzar esos estándares. Como el filósofo alemán Goethe afirmó: “Trata a la gente como si fueran lo que deberían ser y estarás ayudándolos a convertirse en aquello que son capaces de ser.”

Consideremos el caso de un trabajador que, con gran esfuerzo, ha completado la secundaria, siendo el primero de su familia en lograrlo y en trabajar en una oficina. Cuando este hombre se acerca a su supervisor con un problema, en lugar de guiarlo para que proponga una solución, el jefe se la da directamente. El jefe, aunque bien intencionado y consciente del esfuerzo del empleado, no lo critica, pero al resolverle el problema, envía un mensaje oculto: “no espero que cambies ni que mejores la calidad de tu labor”. Este tipo de prejuicio es el más dañino, ya que establece expectativas bajas de forma sutil, limitando el crecimiento.

Cómo Cambiar Nuestra Actitud para Fomentar la Excelencia:

Transformar nuestra actitud hacia la excelencia es más sencillo de lo que parece, siguiendo estas reglas claras:

  • Deje de vivir en el pasado: El pasado es una fuente de aprendizaje, no una prisión. Lo bueno o lo malo, ya es historia. Enfóquese en lo que puede construir a partir de hoy.
  • Comprométase con sus metas personales de desarrollo: Establezca metas que le impulsen a ser la mejor versión de sí mismo. Sin metas claras, uno se estanca o reacciona pasivamente a su entorno. Para que estas metas se materialicen, deben ser específicas, visualizables, compartidas y escritas. No basta con decir “voy a vivir en una casa mejor”. Especifique: “Voy a comprar una casa de X habitaciones en el barrio Y, con jardín y áreas sociales, a más tardar en Z años”. Visualícese allí, sienta, escuche, vea. Luego, comparta su meta; la validación externa y el apoyo pueden abrir nuevas oportunidades. Y lo más importante: escríbala y cree un “mapa” con los pasos concretos. Por ejemplo: “META: Comprar casa. MAPA: 1. Visitar el desarrollo X mañana a las 15:30. 2. Llamar al banco para planes de crédito pasado mañana a las 9:00.”
  • No acepte excusas sin soluciones: Cuando un subordinado presente una excusa por no haber alcanzado un objetivo, no lo escuche a menos que venga acompañada de una propuesta o un plan correctivo. A las personas se les contrata para obtener resultados, no para justificar fallos. Cuando busquen soluciones, resista la tentación de dárselas de inmediato; primero, escuche las soluciones que ellos proponen. No los haga creer que su rol es escuchar mientras usted piensa y habla.
  • Establezca metas que impulsen el crecimiento: Las metas deben motivar, no desmoralizar. La filosofía japonesa del Kaizen, o mejora continua, es un excelente ejemplo: por muy productivo que seas hoy, siempre puedes ser más productivo mañana. Enfatice esta idea de mejora constante y premie las ideas de sus subalternos sobre cómo hacer mejor las cosas.
  • Cree el hábito del coaching: No es suficiente con establecer metas y pedirle a la gente que se esfuerce. Debe facilitar que esto suceda. Esté disponible, dedique tiempo, ofrezca consejos y apoyo. Proporcione el mejor entrenamiento posible y las herramientas necesarias para que alcancen sus metas.
  • Admita que sus prejuicios son autodestructivos: Si usted acepta resultados por debajo del estándar porque está convencido de “limitaciones culturales” o de cualquier otro prejuicio, terminará dañándose a sí mismo y a su equipo. Reconocer estos sesgos es el primer paso para superarlos.

Principio 2: El Poder de la Escucha Activa y la Anticipación

El segundo pilar fundamental del coaching es la habilidad de escuchar activamente antes de hablar y de pensar profundamente antes de actuar. Para influir eficazmente en las personas, primero debemos entender qué quieren y por qué lo quieren. Es crucial anticipar las consecuencias de nuestras acciones y ponernos en los zapatos de nuestro interlocutor para prever sus reacciones. Si logramos comprender las creencias de la otra persona, podremos adaptar nuestro mensaje para que resuene con ellas, lo que aumentará drásticamente la probabilidad de que reaccionen y actúen como se espera. Sin una escucha genuina y una acción racional, la comunicación de nuestras ideas será ineficaz.

Es común que las personas crean ser buenos comunicadores simplemente porque hablan bien o porque son elocuentes. La mayoría de nosotros tendemos a pensar que lo que tenemos que decir es más importante que lo que tenemos que escuchar. Creemos que la claridad y la concisión son suficientes para una comunicación perfecta. Pero entonces, ¿por qué la frase “no me entienden” es tan recurrente? La respuesta es simple: un buen comunicador sabe escuchar. Serás capaz de transmitir tu mensaje porque primero permitirás que el mensaje de la otra persona te llegue. Sabrás qué decir porque has escuchado lo suficiente para entender cómo influir en ellos. Además, cuando escuchas, la otra persona se siente valorada, lo que mejora su percepción de sí misma, de ti y de los mensajes que recibirá posteriormente.

Aunque intentemos escuchar correctamente, si nuestro objetivo es influir, a menudo caemos en patrones de pensamiento erróneos. Estos patrones nos llevan a formular preguntas centradas en nosotros mismos:

  • ¿Qué puedo hacer para que esta persona haga esto?
  • ¿Cuál es el argumento más persuasivo que puedo darle?
  • ¿Cuál es la mejor forma de expresar verbalmente mi requerimiento?
  • ¿Debería probar mi discurso con alguien más?
  • ¿Ayudarán las amenazas?

El problema con estas preguntas es que están enfocadas en lo que nosotros queremos decir, y esto, inevitablemente, conduce al fracaso. ¿Qué tal si la próxima vez probamos las siguientes preguntas, orientadas hacia la otra persona?

  • ¿Por qué la persona se está resistiendo a hacer lo que le pido?
  • ¿Qué está pasando en la vida de la persona en este momento y qué causa su resistencia?
  • ¿Cuáles son las ambiciones, metas, pasiones y miedos de la persona?
  • ¿Qué argumentos está utilizando la persona en contra de mi requerimiento?

Este segundo conjunto de preguntas se basa en lo que la otra persona necesita escuchar para convencerse. Empiezas a cambiar a los demás en el momento en que ves el problema a través de sus ojos y los escuchas a través de sus oídos. La empatía es la clave.

Pasos para Mejorar tu Habilidad de Escuchar:

Escuchar no es solo una habilidad, es una actitud. El verdadero secreto para convertirse en un mejor oyente es desearlo y luego practicarlo. Sigue estos pasos para afinar tu escucha:

  1. Enfócate en la otra persona: Mírala directamente a los ojos. Observa sus expresiones faciales y su lenguaje corporal. Adopta una postura que demuestre que estás prestando atención.
  2. Bloquea los pensamientos de contradicción: Resiste la tentación de formular mentalmente tu respuesta o de contradecir lo que te están diciendo. La mente procesa información mucho más rápido de lo que se habla, por lo que es fácil divagar. Mantente presente.
  3. Haz preguntas y busca entender: Intenta asegurarte de que comprendes lo que te dicen. Explora si hay algún mensaje oculto, si lo expresado es literal o si hay un significado más profundo.
  4. Repite y negocia el entendimiento: Para confirmar que has comprendido, repítele a la persona lo que crees haber entendido y clarifica cualquier malentendido o mala interpretación. Frases como: “¿Usted dice que…?” o “Le he entendido que… ¿es esto correcto?” son muy útiles.
  5. Finalmente, responde a lo que escuchaste: Una vez que hayas procesado y confirmado el mensaje, describe los acuerdos alcanzados y cualquier otra reacción relevante a lo dicho.

Manejando el Enojo y la Frustración:

Es inevitable que en las interacciones surjan el enojo y la frustración. Si bien no puedes controlar lo que otros dicen o hacen, sí puedes controlar tu forma de responder. Cuando sientas que estás a punto de perder el control, respira profundamente y recuerda estos puntos:

  • Una respuesta violenta no solo no persuade, sino que predispone negativamente a quien te escucha.
  • Si la otra persona permanece calmada mientras tú te enojas, lo más probable es que su actitud mental te derrote.
  • Intenta comprender la razón detrás del comportamiento que te disgusta. La comprensión analítica a menudo disipa el enojo.
  • Habla sobre tu enojo: Reconocer y expresar tus sentimientos de forma constructiva puede ayudarte a calmarte y a redirigir la conversación hacia un tono más racional.
  • Si sabes que no puedes controlarte, retírate temporalmente para calmarte. Tu cerebro racional te advierte cuando estás a punto de perder el control; presta atención a esa señal.
  • Si hay alguien que te saca de tus casillas de forma irresoluble y parece deleitarse en ello, considera comunicarte con esa persona a través de terceros, al menos temporalmente.

Anticipa las Consecuencias de tus Actos:

Recuerda que cada acción que tomas hoy tendrá un efecto mañana. Cuando busques acuerdos con otros para construir el futuro, ten presente que ese futuro es la razón de tu esfuerzo actual. Proyéctate hacia ese futuro, piensa en todas las posibles respuestas a los requerimientos que hagas y, finalmente, anticipa si puedes responder a las demandas que ese futuro te ofrezca. La visión a largo plazo es crucial para un coaching efectivo.

Preguntas Frecuentes sobre el Hábito del Coaching

¿Qué es el coaching en el contexto de la comunicación interpersonal?
En este contexto, el coaching es una forma de interacción que busca potenciar el desarrollo y el rendimiento de las personas, no a través de la instrucción directa, sino mediante la formulación de preguntas, la escucha activa y el fomento de la autonomía. Se centra en ayudar a otros a encontrar sus propias soluciones y a alcanzar su máximo potencial, cultivando una mentalidad de crecimiento y responsabilidad.

¿Por qué es tan importante establecer altas expectativas en los demás?
Establecer altas expectativas, pero realistas, es fundamental porque comunica confianza en el potencial de la otra persona. Funciona como una profecía autocumplida positiva: cuando creemos que alguien puede lograr algo grande, esa persona a menudo se esfuerza más para cumplir esas expectativas. Reduce la complacencia y fomenta un ambiente de superación continua.

¿Cómo puedo superar mis propios prejuicios para aplicar mejor el coaching?
El primer paso es la autoconciencia. Reconoce que todos tenemos prejuicios y que estos pueden limitar nuestras interacciones. Luego, desafíalos activamente: cuestiona tus suposiciones sobre las capacidades de los demás, busca evidencia que contradiga tus sesgos y enfócate en el potencial individual en lugar de en estereotipos o experiencias pasadas negativas. Practica la empatía y la escucha sin juicio.

¿Cuál es la diferencia entre oír y escuchar activamente?
Oír es un proceso físico y pasivo de percibir sonidos. Escuchar activamente, en cambio, es un proceso intencional y consciente que implica prestar plena atención al mensaje del interlocutor, tanto verbal como no verbal. Incluye comprender el significado, las emociones subyacentes y la intención, y luego verificar ese entendimiento a través de preguntas y parafraseo. Es una herramienta clave para el coaching, ya que permite comprender profundamente al otro.

¿Cómo manejo la frustración o el enojo durante una conversación difícil con enfoque de coaching?
El manejo emocional es vital. Cuando sientas enojo o frustración, tómate un momento para respirar profundamente y reconocer tus emociones. Intenta entender la perspectiva de la otra persona antes de reaccionar. Puedes expresar cómo te sientes de manera constructiva (“Me siento frustrado cuando…”) en lugar de culpar. Si la emoción es demasiado intensa, es válido pedir una pausa y retomar la conversación cuando ambos estén más calmados. El objetivo es mantener un diálogo racional y productivo.

La Transformación a Través del Hábito

Adoptar el hábito del coaching es un viaje continuo de autodescubrimiento y mejora de las relaciones. No es un interruptor que se enciende de la noche a la mañana, sino una disciplina que se cultiva día a día. Al interiorizar los principios de esperar la excelencia y de la escucha activa con empatía, no solo transformarás tus interacciones laborales y personales, sino que también te convertirás en un catalizador para el crecimiento de quienes te rodean. Tu capacidad para influir positivamente aumentará, los malentendidos disminuirán y los resultados, tanto propios como ajenos, alcanzarán niveles que antes parecían inalcanzables. Empieza hoy mismo a practicar estos principios y observa cómo el hábito del coaching abre un mundo de posibilidades en tu vida y en la de los demás.

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