09/08/2022
El fútbol argentino lamentó la partida de una de sus figuras más emblemáticas y respetadas: Carlos Timoteo Griguol. Fallecido a los 84 años, su legado trasciende los títulos y las estadísticas, erigiéndose como un modelo de profesionalismo, tanto en su etapa de jugador como en su prolífica carrera como entrenador. Con una tonada cordobesa inalterable que se convirtió en su sello, Griguol fue un hombre intenso y estudioso, que en casi 65 años ligado al fútbol grande, se ganó el respeto y la admiración de hinchas y jugadores por igual. Su figura, marcada por el trabajo incansable, la docencia y la visión de proyecto, dejó una huella eterna en instituciones como Atlanta, Rosario Central, Ferro Carril Oeste y Gimnasia.

Nacido en Las Palmas, Córdoba, el 4 de septiembre de 1936, Carlos Timoteo Griguol comenzó su idilio con el balón en 1948, en la 6ª división de su club natal. Con apenas 15 años, ya deslumbraba en la primera del club, logrando el campeonato cordobés de 1955. Su talento no pasó desapercibido, atrayendo la mirada de los grandes clubes de Buenos Aires.
- Los Primeros Pasos: Jugador de Raza y Caudillo Bohemio
- El Nacimiento de un Maestro: Sus Inicios como Entrenador
- La Era de Oro en Ferro: Trabajo, Ciencia y Revolución
- El Desafío River Plate: Un Grande entre Gigantes
- El Corazón Tripero: La Huella en Gimnasia
- Un Legado Inmortal: Más Allá de los Títulos
- Tabla Comparativa: Carlos Timoteo Griguol en Cifras
- Preguntas Frecuentes sobre Carlos Timoteo Griguol
Los Primeros Pasos: Jugador de Raza y Caudillo Bohemio
En 1957, el joven Timoteo dio el gran salto a la capital, fichando por Atlanta a cambio de $120.000, un monto considerable para la época, llegando junto a su primo Mario. Su debut, el 5 de mayo de 1957 ante Ferro en Villa Crespo, marcó el inicio de una carrera prometedora. En aquel partido, Atlanta venció 1 a 0 con gol de Luis Bravo. Griguol rápidamente se consolidó como un centro medio excepcional, un número 5 de gran dinámica y un cabezazo imponente, convirtiéndose en el caudillo del equipo bohemio que se consagraría campeón de la Copa Suecia en 1958. Aquellos años lo vieron convivir en la pensión de la calle Heredia con futuras leyendas como Luis Artime y Hugo Gatti, tiempos en los que los cracks del interior compartían vivencias y forjaban un carácter. Fue entonces cuando Griguol sentó una máxima que luego inculcaría a cientos de futbolistas bajo su mando: primero la casa y luego el coche, una clara señal de su priorización de los valores y la estabilidad.
Un punto de inflexión en su formación como futbolista y futuro entrenador llegó en 1960, con la asunción de Osvaldo Zubeldía en la dirección técnica de Atlanta, acompañado por el profesor Adolfo Mogilevsky. Zubeldía le transmitió a Griguol una filosofía que lo acompañaría el resto de su vida: la obligación de no dar ventajas y trabajar adecuadamente los partidos. Este fue el inicio del célebre ‘Atlanta de los claveles’, un equipo con un libreto sorprendente que implementaba tácticas innovadoras como córners a pierna cambiada al primer palo, el wing ventilador y el off-side como sistema. En 1961, este Atlanta terminó cuarto en el campeonato, con una notable marca de 49 goles a favor y 34 en contra, demostrando que la disciplina y la táctica podían ir de la mano con el buen juego.
A comienzos de 1966, Griguol fue transferido a Rosario Central, donde jugó durante tres años, disputando 138 partidos hasta su retiro en 1969, a los 33 años. En total, como futbolista, jugó 374 partidos oficiales, convirtió 29 goles y se consagró campeón sudamericano en 1959. Su paso por Central como jugador fue la antesala de lo que sería su brillante carrera como entrenador.
El Nacimiento de un Maestro: Sus Inicios como Entrenador
El retiro como jugador no significó el alejamiento del fútbol para Carlos Timoteo Griguol; por el contrario, fue el inicio de una nueva y aún más impactante etapa. Comenzó su carrera de entrenador en las divisiones inferiores de Rosario Central, un semillero de talentos que él mismo ayudaría a potenciar. Tras un breve interinato en 1971 con el plantel profesional, volvió a las inferiores, esperando pacientemente su oportunidad. Esta llegó en mayo de 1973, luego de la salida de Ángel Zof. Era su primera experiencia como entrenador oficial, y lo hizo en un Central renovado, sin varios campeones de 1971 como Landucci, Quiroga, Gramajo o Carrascosa. Con pocos refuerzos y apostando fuertemente por jugadores del club, Griguol obró un milagro: consagró a Rosario Central campeón del Nacional 1973.
Aquel equipo llevaba el sello inconfundible del entrenador: mucha intensidad, una presión asfixiante en la mitad de la cancha y una rápida transición al ataque. Con cariño, la hinchada bautizó a ese plantel como ‘Los Picapiedras’, un equipo aguerrido y efectivo que formaba con nombres como Carlos Biasutto; Billy González, José Aurelio Pascuttini, Daniel Killer y Juan Antonio Burgos; Carlos Aimar, Eduardo Solari y Aldo Pedro Poy; Ramón Bóveda, Pío Cabral y el Oreja Giribet. La visión de Griguol también fue clave en la transformación de Mario Alberto Kempes. Llegó a Central en 1974 como centrodelantero de área, pero fue Timoteo quien lo recostó sobre la izquierda del ataque, un acierto que convirtió a Kempes en un delantero completo, generador de juego y artífice de letales contragolpes.
Entre 1975 y 1977, Griguol tuvo una experiencia en México, dirigiendo a Tecos de Guadalajara. Su regreso al país fue para volver a Rosario Central, donde entre 1977 y 1978 armó otro equipo de transición, supliendo la partida de figuras con la promoción de juveniles. En 1977, hizo debutar a un defensor que haría historia: Edgardo Bauza. En sus tres ciclos en Central, dirigió al club en 253 oportunidades, siendo el segundo entrenador con más partidos en la historia del ‘Canalla’, solo superado por Ángel Tulio Zof.
Mar del Plata, con sus playas y su ambiente futbolero veraniego, fue siempre un lugar especial para Griguol. Cada verano, era un clásico encontrarlo en el Balneario 12, disfrutando de largas jornadas de mate al sol, charlas de fútbol y entrevistas. En el verano de 1979, aceptó un ambicioso proyecto: dirigir a Kimberley de Mar del Plata. Logró que ‘Los Verdes’ obtuvieran la plaza fija de la ciudad en el Nacional, y dejó un punto muy alto con la recordada victoria 2 a 1 sobre River en el Estadio Mundialista. De esa etapa, Griguol ya tenía en la mira a dos jugadores marplatenses: Eduardo Bacigalup y Roberto Mario Carlos Gómez, quienes luego serían parte de su exitoso ciclo en Ferro.
La Era de Oro en Ferro: Trabajo, Ciencia y Revolución
El año 1980 marcó el punto más alto en la carrera de Carlos Timoteo Griguol. Ferro Carril Oeste, tras la salida de Carmelo Faraone, buscaba un nuevo rumbo. Fue León Najnudel, figura clave del básquet argentino, quien recomendó a Santiago Leyden la contratación de ese cordobés estudioso que implementaba en el fútbol lógicas del básquetbol: fue el primer entrenador en trabajar cortinas de básquetbol en el fútbol. Así comenzó un ciclo histórico, único por su duración y por la huella que dejó en el club de Caballito.
Griguol debutó en Ferro el domingo 10 de febrero de 1980, en la primera fecha del Metropolitano, con un empate 2 a 2 ante Tigre. El comienzo fue complicado, y tras 10 fechas, el equipo no terminaba de engranar. La continuidad de Griguol estaba en juego. Sin embargo, el jueves 3 de abril de 1980, Ferro recibió a Racing, dirigido por Juan Carlos Lorenzo. Con Racing ganando 4 a 1 en el segundo tiempo, lo que vino después se acercó a un milagro: Ferro remontó y ganó 5 a 4. Esa noche épica fue el catalizador que necesitaba el equipo para creer en la propuesta del ‘Maestro’.
A partir de entonces, no hubo espacio para milagros fortuitos, sino para el trabajo a conciencia y la dedicación. El laboratorio de Pontevedra, donde Ferro realizaba sus entrenamientos, comenzó a mostrar sus frutos en 1981. Se forjó un equipo formidable, con un crack descubierto por el ojo clínico de Griguol: Alberto José Márcico, quien no había hecho inferiores y con solo un par de partidos en reserva se convirtió en la cuota necesaria de talento. Aquel equipo memorable formaba con José Carlos Barisio; Roberto Gómez, Héctor Cúper, Juan Domingo Rocchia y Oscar Garré; Carlos Arregui, Cacho Saccardi y Adolfino Cañete; Claudio Crocco, Julio César Jiménez y Miguel Juárez.
Ferro se caracterizó por su solidez defensiva, la mecanización de movimientos y la presencia de talento individual. En 1981, estableció un récord aún imbatido: no recibió goles entre las fechas 21 y 31 del campeonato, sumando un total de 1075 minutos con la valla invicta. La gloria llegó en 1982, cuando Ferro se consagró campeón invicto del Nacional. En esos días, se instaló una polémica recurrente: ¿Griguol era un técnico defensivo? La verdad es que Griguol adscribió a la escuela del trabajo y el proyecto, priorizando la honestidad y la dedicación sobre el gusto estético o el resultado. Sus equipos siempre jugaron de acuerdo a sus posibilidades, y siempre se supo a qué jugaban.
Otro pilar fundamental de su propuesta fue el trabajo físico riguroso, una impronta que el profesor Mogilevsky había sembrado en él. Las pretemporadas durísimas en Villa Giardino, Córdoba, son parte de la leyenda de Griguol. Sus preparadores físicos, como Luis María Bonini, Enrique Polola y Javier Valdecantos, fueron vitales para que aquellos equipos superaran a sus rivales en el aspecto físico. Timoteo fue permeable a todas las innovaciones tecnológicas: fue uno de los primeros entrenadores en mirar videos y Ferro fue el primer equipo en realizar mediciones antropométricas y fisiológicas a sus jugadores, un verdadero pionero en la antropología del éxito.
Sin embargo, el ‘Boom Ferro’ no fue bien recibido por todos. Un sector de la prensa, y parte del público, se sintieron molestos por la mecanización de aquel equipo, tildándolo de ‘anti-fútbol’. La polémica fue feroz, llegando a un punto insólito el 1 de agosto de 1982, en la tercera fecha del campeonato, cuando Ferro visitó a Huracán en el Ducó. Con el partido 0 a 0, Juan Domingo Rocchia y Carlos Arregui se pasaron la pelota unas 15 veces consecutivas en defensa, generando silbidos del público. El árbitro Juan Carlos Demaro consideró que ese ‘toqueteo’ era una defraudación al público y cobró tiro libre a favor de Huracán, echando leña a la hoguera del ‘Ferro anti-fútbol’ que algunos periodistas querían cocinar a fuego lento. Es curioso que se tildara a este equipo de aburrido, cuando contaba con jugadores de muy buen pie y talento, como Alberto Márcico, Adolfino Cañete, Oscar Román Acosta o Julio César Jiménez.

Ferro volvió a ser campeón del Nacional en 1984 y subcampeón del Metropolitano de ese mismo año. Si la mecanización y el trabajo de aquel equipo molestaban, mucho más lo hizo el hecho de que un ‘equipo chico’ mantuviera una supremacía que duró un lustro. Aquel Ferro se formó y forjó con una mayoría de jugadores surgidos del club, porque Griguol siempre priorizó la economía de las instituciones donde dirigió. Además, no siempre jugó igual; modificó sistemas defensivos y de ataque, siempre adaptándose a los jugadores con los que contaba. Su pragmatismo era parte de su genialidad.
El Desafío River Plate: Un Grande entre Gigantes
En junio de 1987, Carlos Griguol tuvo la oportunidad de dirigir a un gigante: River Plate. Convocado por Hugo Santilli para poner fin al ciclo de Héctor Veira, Griguol debió lidiar con un plantel exitoso y talentoso, pero también díscolo. Los jugadores, acostumbrados a otro trato, no se sintieron cómodos con el marco de horarios estrictos, disciplina y mecanización del juego que proponía Timoteo. Un punto de inflexión fue la Copa Libertadores 1987, donde River quedó eliminado tras caer 2 a 1 ante Independiente en Avellaneda. Aquella noche quedó en el recuerdo por el gol imposible que erró Juan Gilberto Funes con el arco vacío. En el vestuario, el puntano arrojó al piso una taza de té. Con infinita paciencia, Griguol recogió cada fragmento rojo, se los puso en la mano a Funes y le dijo: «La próxima vez, enójese en la cancha».
Cuando los jugadores comenzaron a compenetrarse con la idea del cuerpo técnico, ya era tarde. River fue eliminado por Racing en una semifinal increíble de la primera edición de la Supercopa, en la noche en que Ubaldo Fillol atajó todo y Néstor Fabbri convirtió uno de los goles más gritados en la historia del club de Avellaneda. Fue el punto final para Timoteo en Núñez.
El Corazón Tripero: La Huella en Gimnasia
Tras su paso por River, Griguol volvió a Ferro, donde poco quedaba del equipo exitoso que había cincelado a partir de 1980. Con nuevos jugadores como Roberto Ayala, Germán Burgos, Jorge Cordon, Mario Pobersnik y Facundo Sava, logró un cuarto puesto en el Apertura 1992. El 12 de junio de 1994, Ferro perdió 2 a 1 ante Newell’s en Caballito, marcando su último partido antes del parate mundialista y el adiós definitivo a Ferro Carril Oeste después de 14 años. Se sentó en el banco de suplentes verde en 568 partidos, con 214 victorias, 222 empates y 132 derrotas. Dejó atrás dos campeonatos, tres subcampeonatos, un trabajo intachable y una docena de grandes jugadores forjados como patrimonio del club.
Con 58 años, muchos no creyeron que Griguol tuviera más recorrido en el fútbol. Pero surgió un nuevo ciclo, intenso y pasional. En octubre de 1994, Gimnasia y Esgrima La Plata despidió a Roberto Perfumo y, preocupado por la tabla de promedios, la dirigencia buscó a Timoteo. Debutó el 29 de octubre de 1994, con una victoria 2-0 ante Platense. En 1995, sorprendió con un equipo utilitario, pero no exento de talento. Con los hermanos Barros Schelotto como banderas, junto al Yagui Fernández y los goles de Federico Lagorio, Gimnasia llegó a la última fecha del Clausura como líder del torneo, aunque la historia es conocida y el título se les escapó en la última jornada.
Un año más tarde, Timoteo armó otro equipo ganador, sumando el talento de Alberto Márcico y el cordobés Albornoz. El 5 de mayo de 1996, Gimnasia logró un histórico 6-0 a Boca en la Bombonera, y en esa misma temporada también le convirtió media docena de goles a Racing Club. Nuevamente, perdió el campeonato en la última fecha, cuando Gimnasia no pudo derrotar a Estudiantes en el clásico platense. Aquel Griguol de Gimnasia fue un hombre querido y admirado, y nadie osó tildarlo de ‘anti-fútbol’ o aburrido. Fue dueño de miles de anécdotas que reflejan su particular estilo de docencia y su compromiso con la formación integral de los futbolistas. Exigía que terminaran sus estudios obligatorios o comenzaran otros, y en los vuelos debían leer libros y luego hacer un resumen de los mismos. Timoteo se apropió de Estancia Chica, el predio de Gimnasia: no solo regaba y cortaba el pasto, sino que con lo recaudado por una publicidad en su gorra, compraba las semillas. Hizo debutar a figuras como Mariano Messera, Andrés Guglieminpietro, Gustavo Dueña y el Pampa Sosa, entre otros, e incluso realizó una multitudinaria convocatoria de jugadores libres.
En 1999, partió a España para dirigir al Betis de Sevilla, pero no se acomodó a un equipo de estrellas y regresó a Gimnasia. En 2002, pasó por Unión de Santa Fe, y regresó, una vez más, a Gimnasia, donde se retiró en 2004, a los 68 años.
Un Legado Inmortal: Más Allá de los Títulos
Según las estadísticas del siempre preciso Oscar Barnade, Carlos Timoteo Griguol dirigió 1148 partidos entre 1971 y 2004, tan solo cinco menos que su admirado Victorio Spinetto, el entrenador con más partidos en nuestro fútbol. Si se suman partidos internacionales y copas locales, Griguol dirigió 1184 partidos, lo que lo convierte en el entrenador argentino con más partidos sentado en el banco de suplentes. Un récord que habla de su longevidad y su pasión inquebrantable por el fútbol.
Carlos Timoteo Griguol fue hijo de Don Carlos y doña Mafalda Chiatti. Conoció a Betty, su compañera de toda la vida, en la sede de Atlanta. Fue padre de Carla, Tamara, Karina y Mariana. Las dos últimas se casaron con dos futbolistas formados por su padre en Ferro: Víctor Marchesini y Gustavo Perrone, un testimonio del impacto de su figura incluso en la vida personal de sus dirigidos.
El Campus de Estancia Chica, en Gimnasia, lleva su nombre en honor a su dedicación. En octubre de 2016, cientos de hinchas de Ferro concurrieron a la inauguración de la estatua de Timoteo, un reconocimiento tangible de la profunda huella que dejó en el club. Desde la mañana del 6 de mayo de 2021, Carlos Timoteo Griguol es leyenda y legado, un faro de trabajo, disciplina y amor por el fútbol que seguirá inspirando a futuras generaciones.
Tabla Comparativa: Carlos Timoteo Griguol en Cifras
| Rol | Clubes Principales | Periodo | Partidos Dirigidos/Jugados | Logros Destacados |
|---|---|---|---|---|
| Jugador | Atlanta, Rosario Central | 1957-1969 | 374 partidos jugados | Copa Suecia 1958 (Atlanta), Campeón Sudamericano 1959 |
| Entrenador | Rosario Central, Ferro, River Plate, Gimnasia LP, Kimberley, Tecos, Unión, Betis | 1971-2004 | 1184 partidos dirigidos | Nacional 1973 (Central), Nacional 1982 (Ferro), Nacional 1984 (Ferro), Subcampeonatos múltiples |
Preguntas Frecuentes sobre Carlos Timoteo Griguol
¿Cuál fue la filosofía de trabajo de Carlos Timoteo Griguol?
La filosofía de Griguol se basaba en el trabajo incansable, la disciplina férrea, la mecanización de movimientos y la priorización del proyecto a largo plazo sobre el resultado inmediato. Inculcó valores como la honestidad, la dedicación y la importancia de no dar ventajas. Siempre buscó el desarrollo integral del futbolista, tanto en lo deportivo como en lo personal y educativo.
¿Por qué se le asoció con el término 'anti-fútbol' en su etapa en Ferro?
Durante su exitoso ciclo en Ferro Carril Oeste, algunos sectores de la prensa y del público tildaron a su equipo de 'anti-fútbol' debido a su estilo de juego altamente mecanizado, su solidez defensiva y su pragmatismo. Aunque Ferro era un equipo con talento y buen pie, la obsesión de Griguol por el orden táctico y la minimización de errores llevó a que se lo percibiera como un estilo poco vistoso, a pesar de los resultados y los récords obtenidos.
¿Cuáles fueron los clubes más importantes en la carrera de Griguol como entrenador?
Carlos Timoteo Griguol dejó una huella profunda en varios clubes. Sus ciclos más destacados fueron en Rosario Central, donde fue campeón del Nacional 1973; en Ferro Carril Oeste, donde ganó los Nacionales de 1982 y 1984, forjando una era dorada; y en Gimnasia y Esgrima La Plata, donde armó equipos competitivos y estuvo cerca de lograr el campeonato, dejando un legado humano y de formación de jugadores inolvidable.
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