18/08/2020
Humberto Maturana, un pilar del pensamiento científico y filosófico chileno, no solo dejó un legado de profundas reflexiones sobre la vida y la humanidad, sino que su trayectoria profesional experimentó una transformación pivotal que redefinió no solo su propio campo de estudio, sino la manera en que múltiples disciplinas comprenden la existencia. Su incansable búsqueda de respuestas a preguntas fundamentales sobre lo humano y el lenguaje lo llevó a un punto de inflexión que resonaría mucho más allá de los laboratorios de biología, impactando la sociología, la cibernética e incluso el desarrollo personal. Explorar este cambio no es solo entender una evolución académica, sino desentrañar las raíces de un pensamiento que hoy más que nunca nos invita a la reflexión sobre nuestra propia naturaleza y nuestra interacción con el entorno.
Los Primeros Pasos de un Visionario
Nacido en Santiago el 14 de septiembre de 1928, Humberto Maturana mostró desde joven una inclinación por el conocimiento. Sus primeros pasos académicos lo llevaron al Liceo Manuel de Salas, para luego ingresar, en 1950, a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Su curiosidad lo llevó a especializarse en anatomía y neurofisiología, culminando su formación con un Doctorado en Biología en la prestigiosa Universidad de Harvard, Estados Unidos, en 1958. Este período formativo sentó las bases de su riguroso pensamiento científico.
De regreso a Chile en 1960, se integró a la Universidad de Chile como ayudante de la cátedra de Biología de la Escuela de Medicina, ascendiendo a profesor titular en 1965. En las aulas, Maturana era una figura magnética. Jorge Mpodozis, académico de la misma universidad, recordaba con asombro: “Era imposible no encantarse con el profesor Maturana. Nadie podía quedar indiferente a sus clases. Los de mi generación tuvieron un privilegio increíble. La lucidez y la seriedad de su pensamiento era una cuestión muy desafiante. Invitaba a pensar, al entendimiento”. Su compromiso con la enseñanza y la investigación ya era evidente, pero su carrera estaba a punto de tomar un giro que lo catapultaría a la fama mundial.
El Giro Revolucionario: La Autopoiesis y 'De Máquinas y Seres Vivos'
El momento decisivo en la carrera de Humberto Maturana se produjo en la década de los años 70. Fue entonces cuando, en una colaboración intelectual trascendental con el científico nacional Francisco Varela, publicó el libro De Máquinas y Seres Vivos. Esta obra no solo marcaría un hito en sus trayectorias, sino que introdujo un concepto que revolucionaría la comprensión de la vida: la autopoiesis.
En este trabajo, Maturana y Varela postularon que los sistemas biológicos, es decir, los seres vivos, son unidades autónomas que se producen y mantienen a sí mismas. La autopoiesis, del griego 'auto' (sí mismo) y 'poiesis' (creación), describe un sistema capaz de reproducir y mantener su propia organización. Maturana lo explicaba de manera concisa: “Lo que pasa con los seres vivos refiere a que todas las moléculas que los componen se producen allí. Entran y salen moléculas, formando un remolino de producciones moleculares. De esta manera, las moléculas que se van produciendo anticipan la producción de las mismas clases de moléculas, constituyendo una unidad discreta. Y es a eso a lo que he llamado autopoiesis”.
Esta teoría rompía con visiones mecanicistas o teleológicas de la vida, al proponer que el único producto del operar de un ser vivo es la producción de sí mismo. No hay separación entre productor y producto; el ser y el hacer de una unidad autopoiética son inseparables. Esta definición, aparentemente sencilla, implicaba un cambio radical en cómo se concebía la autonomía de los sistemas vivientes, y abriría las puertas a una comprensión más profunda de la cognición y la interacción.
Más Allá de la Biología: El Impacto de la Autopoiesis
La teoría de la autopoiesis no se quedó confinada al ámbito de la biología. Su profundidad y su capacidad para describir la organización de los sistemas complejos hicieron que sus postulados influyeran rápidamente en disciplinas tan diversas como la cibernética, la sociología y el estudio del lenguaje. De repente, Maturana ya no era solo un biólogo brillante, sino que comenzaba a ser reconocido como uno de los humanistas más importantes de su tiempo.
Como señaló Jorge Mpodozis, “Hay que escucharlo. Hay que leer lo que escribe. Su humanismo proviene de la biología”. Esta afirmación encapsula la esencia del cambio en la percepción de su trabajo: sus ideas biológicas ofrecían un marco para entender aspectos fundamentales de la existencia humana y social.
El decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, Raúl Morales, subrayó el impacto transformador de la autopoiesis: “Al plantearse cómo se organiza un ser vivo, se empieza a plantear cómo se organiza toda estructura que tiene interacción con su entorno. De ahí empiezan a surgir modelos computacionales de estructuras vivientes en el espacio cibernético, digital”. Este salto conceptual permitió que la teoría se extendiera al campo de la informática y, crucialmente, a las ciencias sociales. “Fue una teoría de organización que fue paradigmática en cuanto a poder emplearse el modelo en otros ámbitos del conocimiento humano”, añadió Morales.
A partir de su teoría sobre la organización de los seres vivos, Maturana también desarrolló un pensamiento innovador sobre la organización social. Estableció una idea que desafiaba los parámetros históricos, dando prioridad a la noción de comunidad y colaboración sobre la competitividad. “En esa perspectiva, empieza a plantear la importancia de una sociedad que abandona los conceptos de la competitividad para llevarlo al campo de la colaboración. Eso es lo fundamental que lega para el país”, enfatizó el decano Raúl Morales. Este cambio de enfoque, desde la biología celular a la estructura social, consolidó su rol como un pensador de vasto alcance y profunda influencia humanista.
La Biología del Conocer: Un Nuevo Paradigma para Entender lo Humano
La autopoiesis fue la piedra angular sobre la que Humberto Maturana, junto a Francisco Varela, construyó la Biología del Conocer, una perspectiva que desafía el paradigma cartesiano y nos invita a una comprensión radicalmente nueva del aprendizaje humano y del coaching profesional. Esta teoría postula que no vemos el mundo como es, sino que lo traemos a la mano a través de nuestra propia estructura biológica y nuestra interacción.
A continuación, exploramos los conceptos centrales de este fascinante paradigma:
Tabla Comparativa: Paradigmas del Conocimiento
| Aspecto | Paradigma Tradicional (Representacional) | Biología del Conocer (Maturana y Varela) |
|---|---|---|
| Naturaleza de la Realidad | Objetiva, externa, independiente del observador. | Dependiente del observador, construida en la praxis del vivir. El multiverso de experiencias. |
| Naturaleza del Conocimiento | Representación fiel y pasiva de una realidad externa. | Acto que refleja lo que nos es posible ver, comprender o hacer según nuestra estructura. “Todo conocer es hacer y todo hacer es conocer”. |
| Proceso de Percepción | Reflejo directo del mundo externo. | Gatillada por el medio, pero determinada por nuestra propia estructura. Experiencias no correlacionadas con propiedades externas. |
| Naturaleza del Aprendizaje | Adquisición y acumulación de información externa. | Cambio estructural congruente con el medio, posibilitado por la plasticidad del sistema nervioso. |
| Rol del Lenguaje | Herramienta para describir una realidad preexistente. | Acto de distinción que trae un mundo a la mano. Un fluir de coordinaciones conductuales consensuales. |
El Observador Estructuralmente Determinado
Un concepto fundamental en la Biología del Conocer es que somos observadores estructuralmente determinados. Esto significa que nuestras experiencias no son representaciones directas de la realidad externa, sino el resultado de lo que el mundo externo gatilla en nosotros, dadas nuestras propias posibilidades estructurales. El ejemplo del disco gris rodeado de verde, que se percibe con una tonalidad más clara y rosácea a pesar de tener la misma longitud de onda, ilustra cómo nuestra experiencia es distinta a la “realidad objetiva”. Maturana y Varela nos invitan a reconocer nuestra activa participación en el conocimiento, afirmando que “el color no es una propiedad de las cosas, es inseparable de cómo estamos constituidos para verlo”.
Esta idea se condensa en el aforismo: “Todo conocer es hacer y todo hacer es conocer”. Esto implica que nuestro conocimiento no es una mera copia del mundo, sino una acción que trae un mundo a la mano. Por ejemplo, los seres humanos no podemos experimentar directamente el ultrasonido, a diferencia de los roedores. Esto significa que traemos un mundo a la mano diferente, y con ello, un espacio de posibles acciones también diferente.
El Lenguaje como Acto de Distinción
La Biología del Conocer nos revela que somos observadores que hacemos distinciones en el lenguaje. Nuestros actos cognitivos están intrínsecamente ligados a nuestra capacidad de distinguir. El caso del jefe de la tribu en Togo, incapaz de reconocer su propio retrato fotográfico hasta que se le comparó con su reflejo en el agua, ilustra la “ceguera cognitiva”: “No vemos lo que no vemos”. Los retratos fotográficos simplemente no formaban parte del mundo que él traía a la mano en su vivir.
Para Maturana y Varela, vemos con nuestros ojos y también “vemos con nuestras distinciones”. Toda descripción trae un mundo a la mano y es un hacer de alguien particular en un momento particular. “Todo lo dicho es dicho por alguien”. Así, un mecánico puede distinguir un problema en el electro-ventilador de un auto, mientras que un automovilista sin conocimientos solo verá “plástico y metal”. Sus mundos a la mano y sus posibilidades de acción son radicalmente diferentes.
El Observador Histórico
Nuestra estructura en un momento dado es producto de una herencia genética y de una deriva histórica, una transformación continua y congruente con los cambios del medio, incluyendo otros seres. El célebre caso de las niñas lobo de la India, halladas en 1920, demuestra que, aunque genéticamente humanas, nunca llegaron a acoplarse plenamente al contexto humano. Su estructura, modelada por su crianza lobuna, les impedía comportarse como seres humanos “normales”. La vida se sostiene mientras se mantiene la autopoiesis, y esta requiere un acoplamiento estructural congruente con el medio.
El aprendizaje, desde esta perspectiva, es precisamente este cambio estructural, posibilitado por la plasticidad de nuestro sistema nervioso. Nuestras redes neuronales se reconstituyen con la experiencia, alterando nuestro cuerpo. Esta deriva histórica, si bien nos permite traer un mundo a la mano, también genera cegueras cognitivas. Cada tradición de distinciones implica la ausencia de otras, haciendo que la interacción con personas de distintas tradiciones sea una poderosa experiencia de aprendizaje, capaz de iluminar nuevos mundos.
La multiplicidad de experiencias en la praxis del vivir es lo que Maturana denomina el “multiverso”. En esta interacción, principalmente a través del lenguaje, conferimos sentido a nuestras experiencias y abrimos nuevas posibilidades de acción. Aprender, entonces, es abrirse a nuevas formas de observar y cultivar habilidades para la acción efectiva.
Emociones y Dominios de Acción
Las emociones, para Maturana, no son meros estados internos, sino disposiciones corporales que determinan o especifican dominios de acciones. Lo experimentamos cotidianamente al juzgar que no es el momento adecuado para una conversación porque alguien “está furioso” y “no te va a escuchar”. La emoción define qué acciones son posibles o imposibles para nosotros en un momento dado, influyendo directamente en nuestro “traer un mundo a la mano”.
Redes de Conversaciones
Maturana describe la comunicación entre seres vivos como “coordinación conductual consensual”. El ejemplo de la gata que maúlla por leche ilustra esta coordinación. Sin embargo, lo que nos hace humanos, según él, es la capacidad de coordinar la coordinación conductual consensual, a lo que denomina lenguajear. El lenguaje, como fenómeno biológico, es un fluir de interacciones recurrentes que constituyen un sistema de coordinaciones conductuales consensuales de coordinaciones conductuales consensuales.
Lo humano, para Maturana, surge en la historia evolutiva de la vida con el advenimiento del lenguaje, en un dominio de convivencia y aceptación mutua. El “entrelazamiento del lenguajear con la emocionalidad” es lo que constituye la conversación entre los seres humanos. Nuestras conversaciones nos permiten acoplarnos estructuralmente a nuestro medio, construyendo dominios consensuales. Cualquier cambio en un dominio de quehaceres humanos implicará un cambio en las conversaciones que lo constituyen, un cambio en el lenguajear y el emocionar. Una cultura, en esta visión, es una red cerrada de conversaciones, donde el cambio cultural es un cambio de conversaciones sostenido por un cambio en el emocionar de sus miembros.
Dominios Explicativos
Dentro de los dominios consensuales generados en conversaciones, surge lo racional. Lo racional es el operar en el lenguaje mediante coherencias operacionales que respetan la lógica del razonar. Las explicaciones son siempre reformulaciones de nuestras experiencias, de nuestra praxis del vivir. Aunque a menudo confundimos experiencia y explicación, la validez de una explicación depende de la aceptación del que escucha.
Maturana distingue dos caminos explicativos: la “Objetividad” (con mayúscula), que asume la existencia de un mundo independiente del observador (el Universo), y la “(objetividad)” (entre paréntesis), donde la realidad es dependiente del observador, y distintos observadores traen distintos mundos a la mano (el multiverso). La elección entre uno u otro camino se fundamenta en la preferencia emocional por las premisas de cada dominio. Las explicaciones científicas, desde esta mirada, no se validan por su “veracidad” en un mundo objetivo, sino por su criterio de validación: descripción del fenómeno, proposición de un mecanismo, deducción de fenómenos adicionales, y experimentación de estos.
Maturana y el Coaching Ontológico: Una Relación Compleja
El legado de Maturana, si bien vasto y profundamente influyente, no estuvo exento de controversias, especialmente en lo que respecta a su relación con el coaching ontológico. Aunque el propio Maturana expresó su deseo de “separar aguas” con esta práctica, sus conceptos y su biografía, incluida su estrecha colaboración con Fernando Flores, tuvieron un papel crucial en el origen y auge del coaching ontológico.
La polémica con Rafael Echeverría, otro pilar del coaching, sobre el uso o abuso de la teoría maturaniana, puso de manifiesto la compleja influencia de sus ideas. Si bien un científico tiene derecho a cuestionar el uso de sus conceptos en prácticas que no aprueba, desligar completamente a Maturana del coaching ontológico parece apresurado si se revisa la historia de sus ideas y sus alianzas intelectuales.
El vínculo entre Maturana y el campo de la gestión organizacional se gestó en 1971, con el inicio de su colaboración con Fernando Flores, entonces jefe técnico de CORFO y cerebro del proyecto Cybersyn. Aunque el golpe de Estado de 1973 interrumpió la colaboración directa, el encuentro promovió una relación que los llevó a trabajar juntos durante gran parte de los años 80 y principios de los 90. Maturana visitó a Flores en prisión, enseñándole sus teorías en profundidad, y continuó su colaboración cuando Flores se exilió en Berkeley.
En el ambiente intelectual de San Francisco, Flores concibió, a partir de su trabajo doctoral, una herramienta novedosa para administrar organizaciones y empresas. Flores otorgó un papel preponderante a las ideas de Maturana sobre el observador, el lenguaje y la capacidad de coordinar acciones. Así surgieron los talleres de “Conversación para la acción”, una forma de gestión basada en el control y la coordinación de la comunicación interna.
Maturana participó activamente en esta iniciativa, viajando a Estados Unidos para impartir talleres con Flores. Estos talleres, que ganaron popularidad primero en California y luego en Chile, atrajeron a figuras como Julio Olalla y Rafael Echeverría, quienes posteriormente fundarían sus propias consultoras de coaching. Para una generación desencantada por la derrota de la Unidad Popular y el socialismo, estos talleres ofrecían una nueva vía. Lejos de los sueños emancipatorios de los años 60, las ideas transmitidas, incluidas las de Maturana, ponían el acento en la autonomía y la determinación personal, no para criticar la realidad, sino para adaptarse a ella.
Aunque Maturana no fue el artífice de esta “pacificación de las preguntas” o la “privatización” de aspectos radicales de su pensamiento hacia la gestión empresarial y el desarrollo personal, su participación fue significativa. La introducción de la biología del conocimiento en estos seminarios no fue forzada, sino que, en la base misma del pensamiento de Maturana, siempre ha existido la posibilidad de un “funcionalismo acrítico con la realidad externa, más cercano a la autorregulación del mercado que a un proyecto de emancipación colectiva”. Es más, su propia Escuela Matríztica, fundada en el año 2000, también dirige cursos y seminarios a los mismos coaches, demostrando la complejidad de esta relación.
El Legado Perdurable de Humberto Maturana
La muerte de Humberto Maturana en abril de 2021 dejó un vacío, pero su legado como Premio Nacional de Ciencias 1994 y pensador fundamental sigue resonando con fuerza. El rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, lo describió como “un amigo, un maestro, un motivo de orgullo tanto para la Universidad como para el país entero. Quizás sea uno de los intelectuales más influyentes en el mundo”. Vivaldi destacó su “tremendo sentido humano” y sus lecciones sobre “vivir en sociedad, de lo que es respetar a las otras personas”, lecciones aún más valiosas en momentos de crisis social y sanitaria.
La ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, reconoció que su partida golpea “al mundo de la ciencia, pero también al humanismo y a la cultura”. El pensamiento de Maturana, enraizado en la biología pero expandido hacia la filosofía y las ciencias sociales, nos invita a entender que nuestra realidad no es fija, sino que la construimos en la interacción, el lenguaje y la emoción. Su énfasis en la colaboración y la co-creación de realidades es un faro para construir una sociedad más consciente y armoniosa. Su obra nos recuerda que, en última instancia, “nos realizamos en un mutuo acoplamiento lingüístico, no porque el lenguaje nos permita decir quienes somos, sino porque somos en el lenguaje, en un continuo ser en los mundos lingüísticos y semánticos que traemos a la mano con otros”. Humberto Maturana nos legó una forma de vernos a nosotros mismos como seres inmersos en una danza de co-creación, un legado que sigue inspirando nuevas formas de entender y habitar el mundo.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es la autopoiesis y por qué es importante?
La autopoiesis es un concepto desarrollado por Humberto Maturana y Francisco Varela que define a los seres vivos como sistemas que se producen y mantienen a sí mismos. Son unidades autónomas y circulares en su organización, donde el ser y el hacer son inseparables. Es importante porque revolucionó la biología al ofrecer una definición intrínseca de la vida, y trascendió a otras disciplinas al explicar la organización de sistemas complejos, desde una célula hasta una sociedad.
¿Cómo cambió la carrera de Maturana en los años 70?
El cambio fundamental en la carrera de Maturana se dio en los años 70 con la publicación, junto a Francisco Varela, del libro De Máquinas y Seres Vivos. Este libro introdujo el concepto de autopoiesis, que lo llevó a ser reconocido no solo como biólogo, sino también como un filósofo y humanista de gran influencia, extendiendo su pensamiento a campos como la sociología, la cibernética y el estudio del lenguaje.
¿Qué es la Biología del Conocer?
La Biología del Conocer es una perspectiva desarrollada por Maturana y Varela que postula que el conocimiento es un fenómeno biológico intrínseco al observador. Sostiene que no percibimos una realidad externa objetiva, sino que nuestra cognición está determinada por nuestra estructura biológica y nuestra historia de interacciones. “Todo conocer es hacer y todo hacer es conocer”, lo que implica que cada acto de conocimiento trae un mundo a la mano, diferente para cada observador.
¿Cuál es la relación entre Maturana y el coaching ontológico?
La relación es compleja y ha sido objeto de controversia. Aunque Maturana buscó distanciarse del coaching ontológico, sus ideas fundamentales sobre el observador, el lenguaje y la coordinación de acciones fueron elementos clave en la creación y desarrollo de esta práctica, especialmente a través de su colaboración con Fernando Flores y otros pioneros del coaching. A pesar de su posterior desaprobación, su marco conceptual sentó las bases para el énfasis en la gestión de conversaciones y el desarrollo personal dentro de esta disciplina.
¿Qué significa “Todo conocer es hacer y todo hacer es conocer”?
Esta frase central de la Biología del Conocer significa que el conocimiento no es una representación pasiva de la realidad, sino un acto activo que moldea lo que podemos percibir y hacer. Implica que al conocer, creamos o traemos a la existencia un mundo particular, y que nuestras acciones (nuestro “hacer”) son inseparables de nuestra capacidad de conocer y de cómo entendemos nuestro entorno. No hay una separación entre la cognición y la acción.
¿Qué es el “multiverso” según Maturana?
El “multiverso” es el concepto de Maturana para describir la multiplicidad de realidades que existen, cada una traída a la mano por un observador diferente. Dado que cada ser vivo está estructuralmente determinado y sus experiencias son el resultado de su propia estructura y su historia de acoplamiento, no existe una única realidad objetiva y universal para todos, sino un “multiverso” de experiencias y mundos que coexisten y se construyen en la interacción.
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