06/11/2020
La vida militar, a menudo idealizada por su disciplina, compañerismo y servicio a la nación, esconde una realidad mucho más compleja y, en ocasiones, dolorosa para algunos de sus miembros. Detrás de los uniformes y el rigor castrense, existen historias de lucha, resiliencia y, lamentablemente, de abandono forzado. La pregunta de por qué las militares deciden, o se ven obligadas, a dejar las fuerzas armadas esconde un entramado de desafíos que van desde la dificultad para denunciar abusos hasta las graves secuelas psicológicas que estos conllevan.

El Velo del Silencio: La Travesía de la Comandante Cantera
El caso de Zaida Cantera, una figura que pasó de ser capitán a comandante, se ha convertido en un símbolo de la lucha contra el acoso y el abuso de autoridad dentro de las Fuerzas Armadas españolas. Su experiencia puso de manifiesto las intrincadas y, a menudo, perversas barreras que la ley militar imponía a quienes intentaban denunciar a un superior. La paradoja era cruel: la denuncia debía pasar primero por el propio superior que era objeto de la acusación, un filtro que, en la práctica, se convertía en un muro infranqueable.
La tenacidad de Cantera, sin embargo, logró romper este muro. El 8 de marzo de 2012, el Tribunal Militar Central dictó una sentencia histórica, condenando al entonces coronel Lezcano-Mújica a dos años y diez meses de prisión por un delito de “abuso de autoridad” con “trato degradante”. Es crucial señalar que, en aquel momento, el acoso sexual como tal ni siquiera estaba tipificado en el Código Penal Militar. Esta condena fue un hito, pero solo el inicio de una larga batalla personal para Zaida.
El epílogo de su caso llegó el 28 de mayo, cuando se confirmó su baja definitiva del Ejército de Tierra. Tras haber sido víctima de acoso sexual y laboral, no solo por parte de Lezcano-Mújica, sino también por otras experiencias posteriores, su salida del ejército le otorga una pensión máxima de 2500 euros brutos. La historia de la comandante Cantera no es simplemente la de una victoria legal, sino la de una mujer que, tras enfrentar un sistema adverso, se vio empujada a abandonar una carrera y una vocación.
La Paradoja de la Denuncia Interna
El sistema militar, con su rígida jerarquía y su cultura de disciplina y obediencia, crea un ambiente donde la denuncia de un superior se percibe como una traición o una debilidad. Esta percepción, sumada a los cauces formales de denuncia, que históricamente canalizaban las quejas a través de la propia cadena de mando del acusado, generaba una situación de indefensión casi absoluta para la víctima. La denuncia se convertía en un acto de heroísmo que, a menudo, terminaba en la autocondenación del denunciante.
Un Problema Endémico: Más Allá de un Caso Aislado
Lamentablemente, el caso de la comandante Cantera no es una anomalía, sino la punta de un iceberg mucho más grande. El abogado Antonio Suárez-Valdés, quien representó a Zaida, ha revelado una cifra alarmante: su bufete recibe cada año más de 200 denuncias de casos similares. De estas, la mitad son desestimadas por “falta de carácter delictivo de los hechos”, y de la mitad restante, solo un escaso 10% logra avanzar y llegar a los tribunales.
¿Qué ocurre con el resto? Suárez-Valdés apunta a un factor crucial: el “miedo insuperable” que paraliza a las víctimas. Este miedo se alimenta de la amenaza constante de represalias, que pueden manifestarse como coerción, acoso laboral (como sufrió la comandante Cantera) o, para las militares de rangos inferiores, el temor a no ver renovado su contrato. “Si el mando le pone una calificación negativa, o se pone de acuerdo con otros dos o tres de su camarilla para informar negativamente, esa soldado a los pocos meses no tiene trabajo”, explicó el abogado. Se perpetúa así una cruel paradoja: la víctima, en lugar de ser protegida, es culpabilizada y debe afrontar consecuencias devastadoras, sumando el acoso laboral a la ya traumática experiencia de la violencia sexual, con graves secuelas para su salud psicológica.
Consecuencias Psicológicas y el Abandono
Las secuelas psicológicas del acoso y la violencia sexual son profundas y duraderas. Trastornos de estrés postraumático, ansiedad, depresión y otras afecciones mentales son comunes entre las víctimas. Estas condiciones no solo afectan su bienestar personal, sino también su capacidad para continuar con sus funciones militares. La oficina del “Defensor del Soldado” ya en 2002 tenía constancia de al menos 20 casos parecidos en tres años, muchos de los cuales no se formalizaron por temor. Entre aquellas pocas que se atrevieron, sus superiores a menudo ocultaban los hechos, impedían el proceso judicial o ejercían acoso laboral. La consecuencia más frecuente era el abandono del ejército, muchas veces justificado por el no superar las pruebas psicotécnicas, que, irónicamente, reflejaban las propias secuelas del abuso sufrido.

El caso de la soldado Dolores Ocaña en 2002, la primera en denunciar públicamente a un superior por violencia sexual, es un claro ejemplo. A pesar de las amenazas del agresor, Ocaña dio un paso al frente, pero su experiencia subraya la atmósfera de intimidación que rodea estos incidentes y cómo la opacidad del sistema militar contribuye a la impunidad.
La Opacidad de los Datos y las Cifras Ignoradas
Uno de los mayores obstáculos para abordar este problema es la ausencia de cifras oficiales y transparentes sobre los delitos de acoso y violencia sexual en el ejército español. A pesar de la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas desde 1988, no se ha establecido un sistema de registro público y fiable. Esto contrasta con la realidad de otros ejércitos occidentales, donde la magnitud del problema ha sido reconocida y, en algunos casos, cuantificada.
El “Observatorio militar por la igualdad”, creado en 2005 (inicialmente como “Observatorio de la mujer en las fuerzas armadas”), debería ser el organismo encargado de velar por la integración y el bienestar de las mujeres en las fuerzas armadas. Sin embargo, este organismo nunca ha hecho públicos datos sobre denuncias por acoso y violencia sexual. Sus informes parecen centrarse exclusivamente en estadísticas que promueven el reclutamiento, evadiendo la exposición de los problemas y dificultades reales que enfrentan las militares.
La falta de transparencia en España es preocupante, especialmente si consideramos los datos de otros países que sí han investigado el problema:
| Ejército | Año del estudio | Porcentaje de acoso sexual | Casos específicos |
|---|---|---|---|
| Bélgica | 2000 | 92.5% de militares acosadas | 36% tocamientos indeseados, 1.3% violación |
| RAF Británica | (Sin fecha específica) | 50% víctimas de algún tipo de acoso | |
| EE. UU. | (Documental) | Alta magnitud y gravedad | Denunciado en el documental 'La guerra invisible' |
Estas cifras, aunque de contextos diferentes, sugieren que el ejército español difícilmente podría ser una excepción. La magnitud del problema en el ejército estadounidense, por ejemplo, fue ampliamente denunciada en el premiado documental “La guerra invisible” de Kirby Dick, evidenciando que esta es una problemática global.
Avances Legales vs. Realidad Cotidiana
Históricamente, el Código Penal Militar español no tipificaba el acoso sexual como un delito específico. Las denuncias solo podían ser procesadas bajo figuras genéricas como “abuso de autoridad” o “trato degradante”, y solo si existía una relación de jerarquía entre el agresor y la víctima. Esto significaba que una multitud de casos de acoso entre militares de un mismo rango quedaban fuera del ámbito de la jurisdicción militar.
Afortunadamente, se han producido avances legislativos significativos. La Ley Orgánica 4/2012, aprobada el 5 de diciembre de 2014, que establece el nuevo régimen disciplinario de las Fuerzas Armadas, tipifica como faltas especialmente graves “aquellas que afecten a la libertad sexual de las personas, implicando tanto acoso sexual y por razón de sexo como profesional, y atenten contra la intimidad, la dignidad personal o en el trabajo, o supongan discriminación”. Además, el acoso sexual se ha convertido en un delito tipificado en el nuevo código penal militar, cuyo proyecto de ley fue aprobado el 5 de septiembre de 2014.
Estos cambios representan un paso adelante crucial, sentando las bases para una mayor protección legal. Sin embargo, la “igualdad formal” en el papel no siempre se traduce en una “igualdad real” en el día a día del ejército. La cultura de la obediencia, el miedo a las represalias y la falta de transparencia persisten como barreras que impiden que la ley se aplique plenamente en la práctica.

Hacia un Futuro Transparente y Seguro
La experiencia de la comandante Cantera y la persistencia de casos similares subrayan la urgencia de implementar medidas concretas. Es imperativo que el Ministerio de Defensa rompa con la opacidad y haga públicos los datos sobre el número de denuncias y casos de acoso y violencia sexual en el ejército. Solo conociendo la verdadera magnitud del problema se pueden diseñar soluciones efectivas.
Asimismo, es fundamental establecer un protocolo de actuación claro y accesible para estos casos, similar al que ya existe en la Guardia Civil, tal como han solicitado la comandante Cantera y su abogado. Este protocolo debe garantizar la protección de las víctimas, asegurar que las denuncias se tramiten de forma independiente de la cadena de mando del agresor y eliminar cualquier posibilidad de represalia o acoso laboral contra quienes se atrevan a alzar la voz. Solo así se podrá erradicar la impunidad y asegurar que el ejército sea un entorno seguro y digno para todas sus integrantes, sin que la aspiración de servir a su país se convierta en una experiencia traumática que las empuje al abandono.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
Aquí respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre el acoso y el abandono de militares en el ejército:
¿Qué es el "miedo insuperable" que mencionan las víctimas?
Es un temor profundo y paralizante a las consecuencias negativas de denunciar un abuso, como la pérdida del empleo, el acoso laboral continuo, la estigmatización dentro de la institución o el daño a la carrera profesional. Este miedo es tan intenso que supera la voluntad de la víctima de buscar justicia.
¿Ha cambiado la ley militar española para proteger a las víctimas de acoso sexual?
Sí, la Ley Orgánica 4/2012 y el nuevo Código Penal Militar (aprobado en 2014) han tipificado el acoso sexual como una falta grave y un delito específico. Esto representa un avance significativo respecto a la situación anterior, donde el acoso no estaba explícitamente reconocido.
¿Por qué es tan difícil obtener datos oficiales sobre acoso en el ejército español?
La falta de transparencia se debe a varios factores, incluyendo la cultura institucional, el temor a la reputación y, posiblemente, la ausencia de un sistema de registro público y centralizado. Organismos como el "Observatorio militar por la igualdad" no han hecho públicos estos datos, lo que contribuye a la opacidad.
¿Qué consecuencias psicológicas sufren las militares víctimas de acoso?
Las consecuencias pueden ser severas e incluyen Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), ansiedad, depresión, problemas de sueño, ataques de pánico y dificultades para mantener relaciones personales y profesionales. Estas secuelas a menudo impactan en su capacidad para continuar en el servicio.
¿Qué se puede hacer para mejorar la situación?
Es fundamental exigir al Ministerio de Defensa la publicación de datos oficiales y transparentes sobre denuncias de acoso. Además, se debe implementar un protocolo de actuación claro, independiente y protector para las víctimas, que garantice la no represalia y el acceso a la justicia de manera efectiva. La formación y sensibilización del personal militar también son clave.
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